Estatuas de Sperlonga, Odisea de mármol y memorias. Cabeza de Odiseo/Ulises, detalle
Cabeza de Odiseo (Gabriele Burchielli)

Estatuas de Sperlonga, una Odisea de mármol y memorias

Me crie a la sombra de Roma, relativamente cerca de las Estatuas de Sperlonga. Como muchos de nosotros me sentí nieto de Grecia más que hijo de un imperio, quizás porque los vencidos siempre parecen más nobles, sobre todo cuando han perdido con las armas y han ganado con el espíritu. De niño, después de breves lecturas, consumía largas horas en compañía de ninfas, héroes, laberintos y dioses de Hélade. Nunca fui buen luchador, más que a Hércules mi ánima se inclinaba hacia Odiseo. Según mi propio juicio con él compartía curiosidad, astucia y un amor casi carnal por la mar y las distancias: nos encantaba viajar juntos. Aquellos años de férvida imaginación dejaron huellas profundas: esta Grecia solo soñada y mi pueblo es el lugar donde pasé mi infancia. De adulto, con 28 años, por fin mi cuerpo llegó a Grecia, ahí lo esperaba mi alma: fue como volver a casa. Las noches eran interminables, los días fluían con una sustancia diferente: sentía que la flor del tiempo se había abierto vertiendo sobre la vida algo como una eterna y perfecta adolescencia. Sabía perfectamente que la Grecia que vivía existía solo hacia cierto punto: no me importaba, la violenta belleza de las emociones vale más que la verdad. Pero las dinámicas de los encuentros no tienen nada que ver con amor y pasión, o vivir sería un proceso demasiado mecánico, por suerte existen las casualidades, en este caso dos. Durante las asignaturas sobre el arte clásico que tuve en la universidad nadie me nombró las estatuas de Sperlonga; a pesar de que pasé varios veranos nadando a menos de 20 kilometros de la Villa de Tiberio fue solo cerca de los 40 años que visité Sperlonga por primera vez y me enteré de su existencia. Sé que todo esto no tiene mucho que ver con la Villa de Tiberio y Las Estatuas de Sperlonga, pero tenía que contarlo antes de comenzar a contar.

El museo Arqueológico Nacional de Sperlonga

El Museo Arqueológico Nacional de Sperlonga se apoya ligero en la falda de Cerro Ciannino, entre la sombra de los Montes Aurunci y el brillo del Mar Tirreno, justo detrás de la playa, a menos de un kilómetro de Sperlonga y a mitad de camino entre Nápoles y Roma; parece un caminante que toma una pausa y sentado en una piedra admira el paisaje a su alrededor.
El Museo es chico, lo rodea un jardín con árboles más grandes que el edificio. Giorgio Zama, el ingeniero que lo proyectó, se mantuvo fiel a la simplicidad. Las salas expositivas principales custodian las Estatuas de Sperlonga. Se trata de un espacio único formado por tres grandes “módulos” abiertos y blancos, completamente blancos, como mármol o como espuma marina, con grandes ventanales por donde irrumpe con alegría el azul vivo del Mediterráneo y del cielo. La luz del sol moja el Museo por todas partes.

El museo Arqueológico Nacional de Sperlonga no reproduce el Antro de Tiberio, pero hereda su espíritu llenándolo de luz, como si fuese su sombra luminosa: el brillo de una arquitectura serena contra la oscura pesadez de la piedra. Como la gruta, el museo deja que las Esculturas de Sperlonga revivan juntas, como la gruta, el Museo mantiene en vida el vínculo entre obra y paisaje, porque por donde el espectador mire siempre ve la Villa; el Promontorio de Circe; la Mar que parió a Ulises; el sueño del agua y de las islas…

Completan el museo una sala didáctica, el laboratorio para la restauración y algunos pasillos con mostradores para piezas de menor importancia: nada más que lo necesario.

Canto XXV: de como Odiseo regresó de la oscuridad, historia del descubrimiento de las Estatuas de Sperlonga.

Estatuas de Sperlonga, foto de las primeras excavaciones arqueólogicas de 1957. Retrae algunas de las piezas encontradas
1957 Primeras intervenciones arqueológicas (Gabriele Burchielli)

No sorprende que la historia del descubrimiento de las Estatuas de Sperlonga sea una Odisea en la Odisea…. Pues, todo acaeció en una hermosa primavera de 1975, año curioso para el mundo y para Italia: en España muere Franco, en Londres nacen los Iron Maiden y en Italia la lucha política mata en un bando, en otro, o en las instituciones. Entre tanto ruido, cerca de la capital, sepultado por los siglos, la tierra y el olvido Odiseo esperaba. Fue un hecho corriente que de repente llevó luz a la oscuridad de la cueva: los trabajos para la construcción de la Carretera Nacional 213 Flacca. La carretera repetiría el trazado de la antigua vía romana realizada por el censor Lucio Valerio Flacco, vertebrando entero el litoral del Bajo Lacio, desde Terracina hasta Formia.

Vista del Antro o Gruta de Tiberio
Antro de Tiberio (Gabriele Burchielli)

Los trabajos comenzaron en Terracina y avanzaron decididos hacia sur, siempre cerca de la mar. Después de pocos meses llegaron a Sperlonga, pasaron detrás del pueblo siguiendo casi a pie de playa y se dispusieron a trepar un promontorio que cerraba el paso a la carretera. El día era caluroso y había llegado la hora del almuerzo; los obreros se fueron a buscar sombra y a desenvolver bocatas dejando a Erno Bellante, ingeniero de caminos y director de los trabajos, solo y sin mucho que hacer. El hombre miró el reloj, se sentó debajo de un pino y se dispuso a la espera mirando el paisaje. Detrás de una estrecha banda de campos se abría una playa de arena fina encajada entre dos promontorios; a Norte el de San Magno donde se acurrucaba el pueblo de Sperlonga casi cayendo al mar, a Sur la falda verde del Monte Ciannino y la boca de una gran cueva; el Mediterráneo cantaba fuerte, restituyendo al Sol un salpicar de brillos. De repente Bellante se sintió atraído por la fresca oscuridad de la cueva. Miró el reloj, se levantó, y se fue a ella. Puso pie en la sombra como cruzando un umbral. El aroma de tierra húmeda tenía vivos acentos de algas y salitre; el sonido del mar, luego de retumbar en el vientre de la montaña, tomaba un color borroso, más redondo y frío, nocturno. En el centro de la cueva una piedra de mármol blanco, como un destello de espuma, sobresalía del suelo. Bellante se agachó; desencajó la pieza; la miró: su forma traicionaba intervención humana. Observó atentamente el suelo, no estaba sola. El día después Bellante volvió trayendo un grupo de trabajadores de la carretera y comenzó a excavar. Aquella primera excavación sacó a la luz 554 piezas de mármol de consistente tamaño y varios muros. Cansado y contento Bellante se fue a un bar, tomó un café, un chupito de anís y pidió un teléfono.

Vista general de las primeras intervenciones arqueológicas en el Antro de Tiberio, ejecutada en 1957
1957 Antro de Tiberio durante las primeras excavaciones (Gabriele Burchielli)

A los pocos días el superintendente del Patrimonio Arqueológico del Lacio Giulio Jacopi llegó con un equipo de arqueólogos. A lo largo de su trabajo Jacopi encontró otros 15.000 fragmentos de mármol dentro de un estanque circular excavado en el suelo de la cueva. Uno de los fragmentos reportaba una incisión con tres nombres: Atenodoro, Polidoro y Agesandro, los mismos artistas del Lacoonte de los Museos Vaticanos… Odiseo había vuelto a la luz, pronto la noticia del descubrimiento de las estatuas de Sperlonga sacudió el mundo de la arqueología y de los devotos de la leyenda.

Debido al estado muy fragmentado de las obras, las autoridades eligieron trasladar los recientes hallazgos a Roma en vista de su restauración. La elección también tenía origen en un hecho de mentalidad todavía común: lo mejor se va a los museos de las capitales para que el estado se luzca a través de imponentes colecciones, poco importa que las obras estén totalmente fuera de su contexto. Solo esta vez las autoridades no habían contado con la firme oposición de un pueblo criado a la sombra del promontorio de Circe, cerca de donde Enea comenzó sus andanzas italianas, un pueblo heredero de las leyendas que siente el Mediterráneo como su propia sangre y Ulises como un vecino más.

Momento de la protesta de los ciudadano de Sperlonga para el traslado a Roma de las Estatuas encontrada en la Gruta de Tiberio
1957 Un momento de la Protesta (Gabriele Burchielli)

La mañana del 27 de septiembre parte de los hallazgos fueron cargados en un camión rumbo a Roma. Hombres, mujeres y niños de Sperlonga invadieron la carretera; obligaron al conductor a parar, a bajarse y a abrir el contenedor; cogieron los hallazgos y los devolvieron a la cueva: las autoridades tuvieron que posponer el traslado al día siguiente. Al caer del sol, aquel mismo día, los Sperlongani excavaron una trinchera alrededor de la cueva y la reforzaron con grandes piedras improvisando una muralla. Acabado el trabajo alguien trajo vino y sustentos para aquellos que iban a pasar la noche ahí, luchando codo a codo con Ulises. Llegó la mañana. Llegó el camionero. El camionero avisó a las autoridades. Las autoridades llegaron, se indignaron, amenazaron y se marcharon sin haber conseguido nada. Alguien se fue para traer más vinos y más comidas a los defensores de la cueva. Estaba claro: Sperlonga no estaba dispuesta a que raptaran un vecino. Pasan los días, crece la calor de verano, la feroz oposición del pueblo no cesa, hasta que, por fin, las autoridades tienen que doblar la cabeza frente a la verdadera autoridad de cada nación: el pueblo. Se aprobó rápidamente el proyecto para la construcción de un mueso-laboratorio in situ para restaurar, estudiar y exhibir las Esculturas de Sperlonga.

Gracias a la valentía y a la determinación del Pueblo de Sperlonga, Odiseo pudo quedar a lado de la mar que lo parió, porque Odiseo no es una invención, ni un personaje, es el agua hecha palabras, es el canto de las olas y del viento, es la historia de amor y muerte del ser humano con la mar.

La Villa de Tiberio

El paisaje costero del Bajo Lacio cautiva. Las dulces líneas de playas y breves llanuras chocan con montes abruptos y salvajes, con un movimiento violento y elegante, improviso, como el cuerpo de un nadador que salta y grita, antes de hundirse en el brillo tan familiar de nuestro mar. Ya desde la antigüedad fue considerada una tierra de leyendas y misterios: Alatri fue construida por los cíclopes; en un lugar, secreto todavía, Saturno duerme encadenado, quien lo despertará obtendrá del dios la semilla de oro; por el Golfo de Gaeta se situaba la mítica ciudad de Amyclae, fundada por los colonos Dorios guiados por los Dioscuros, los mellizos que vencieron a la muerte de un extraño modo; el Promontorio del actual San Felice Circeo se pensaba que fuese la mítica Ea, la Isla de la Maga Circe… Fue este el escenario que el Emperador Tiberio eligió para construir su Villa, una elegante y perfecta escenografía que iba a hospedar una de la más exquisitas creaciones artísticas de la antigüedad: las Estatuas de Sperlonga.

El corazón de la escenografía creada por el emperador era una Gruta, (todavía hoy día los lugareños la llaman Gruta de Tiberio o Antro de Tiberio). La Gruta fue adaptada para ser un enorme ninfeo dotado de un triclinio acuático para celebrar banquetes durante el caluroso verano italiano. Las paredes del Antro fueron decoradas con conchas, incrustaciones y pasta de vidrio verde y azul que traían a la superficie de la piedra los reflejos del agua, en un intento logrado de recrear un ambiente marino y sugestivo. Dentro de este antro perfectamente labrado, Tiberio dispuso una impresionante serie de esculturas organizadas en 4 grupos, que tenían como sujeto episodios del Ciclo Troyano protagonizados por Ulises: hoy conocemos estas obras como Grupos de Sperlonga o Estatuas de Sperlonga. Tiberio concibió la gruta y las estatuas como partes de un todo coherente para crear, más allá de la belleza, un complejo y sutil mensaje político.

Vista de la Villa de Tiberio en Sperlonga desde Monte Ciannino tomada en abril 2017
Villa de Tiberio desde Monte Ciannino (Gabriele Burchielli)

Pero la suerte no sonrió ni a Tiberio ni a las estatuas. Durante uno de los banquetes parte del techo de la gruta se vino abajo; murieron algunas personas, el emperador se salva solo por la pronta intervención del prefecto del pretorio Seiano, que lo protege con su propio cuerpo. La mala suerte empuja Tiberio a vender la Villa que tuvo varios propietarios hasta sufrir el abandono. En el IV siglo un grupo de monjes ocupa el área de la Villa de Tiberio: horrorizados por una muestra tan imponente de paganismo rompen las estatuas a martillazos y la utilizan como material de relleno para el estanque que ocupaba el centro de la Gruta de Tiberio. Hoy día los restauradores intentan una cura a la violencia que redujo las estatuas a un cúmulo de escombros, unos 4.000 fragmentos como lágrimas de mármol esperan todavía ser reconstruidos…

Las estatuas de Sperlonga

Las Estatuas de Sperlonga reproducen episodios de la Guerra de Troya y de la Odisea protagonizados por Ulises. Los grupos inspirados en la guerra representan dos hechos fundamentales del sitio de Troya que, según el adivino Heleno, hijo de Príamo y Écuba y hermano de Casandra, son necesarios para que los Aqueos puedan conquistar la ciudad: el Rapto del Paladio, una estatua de madera de la diosa Atenea que protege Troya, y la recuperación del cuerpo de Aquiles y sobre todo de sus armas, que su hijo, Neoptólemo, tendrá que vestir para guiar a los Mirmidones y con las cuales Neoptólemo mataría al mismo Príamo, Rey de Troya. De la Odisea Tiberio elige la Ceguera de Polifemo (Canto IX) y el episodio de Escila (Canto XII). En la entrada del Antro, una estatua del Rapto de Ganimedes, el copero de los dioses, alude indirectamente al desencadenante de la guerra de Troya, la celosía de Era (Ganimedes era un principe troyano ancestro de Priamo y del hermoso Paris…). Una pequeña estatua de la Maga Circe y un mosaico con Venus Genetrix completan el programa iconográfico. Durante los banquetes los convidados de Tiberio se sentaban en el triclinio, que se situaba en medio del estanque que ocupaba el centro de la Gruta y desde ahí podían admirar todas las estatuas enmarcadas en una espléndida escenografía natural. La “narración” comenzaba a la izquierda con el Rapto del Paladio, o sea, por los celos de Hera…

Rapto del Paladio

Grupo del Rapto del Paladio, Estatuas de Sperlonga, conjunto.
Rapto del Paladio (Gabriele Burchielli)

Del Rapto del Paladio solo sobrevivió el Paladio mismo y la cabeza de Diomedes. El episodio no se encuentra en la Ilíada de Homero, sino en la Pequeña Ilíada de Fozio, uno de los muchos poemas inspirados en el Ciclo Troyano. Aquí Odiseo es el gran traidor… Él y Diomedes consiguen entrar en Troya y robar el Paladio; de vuelta al campo Aqueo Ulises decide matar a su amigo Diomedes y gozar él solo de la gloria derivada de esta gran hazaña. Será la misma Atenea, protectora de Odiseo, a impedirle cometer una acción inicua que le hubiese alienado el favor de los dioses.

Grupo de Escila

Esculturas de Sperlonga, Grupo Escila, detalle de un marinero devorado
Detalle, marinero devorado (Espacio Narrativo)

Fue ninfa un tiempo, y de ninfa conserva la cabeza y el busto, pero una pócima de Circe, celosa del amor que Glauco le tenía, la convirtió en un monstruo, ahora una cola de pez completa la silueta de Escila y en lugar de caderas hermosas tiene los bustos de seis perros rabiosos. La voz de Escila es un aullido agudo, terrible. Así la representan los artistas de los Grupos de Sperlonga, cogida en el momento en que agarra seis compañeros de Ulises y los devora en frente del héroe. Los cuerpos de los marineros se tienden en el inútil intento de escapar de la muerte, sus manos intentan repeler las cabezas de los perros que lo están devorando. Rígido, bloqueado por el terror, el piloto está de pie sobre el puente del barco, una mano de Escila le ha cogido la cabeza, sabe que una muerte horrible lo espera. Todos los elementos están entrelazados en un ritmo complejo y retorcido. Fuera de la escena, inmóvil, Ulises agarra sus inútiles armas y mira impotente la muerte de sus compañeros que invocan desesperadamente su nombre.

Esculturas de Sperlonga, Grupo Escila, detalle, Piloto
Piloto (Espacio Narrativo)

Un profundo sentido de encantamiento domina la escena, como si algo mágico estuviese pasando. Parece que la escena acaece a cámara lenta. El propio Odiseo contando a Alcino sus andanzas diría “Aquello fue lo más triste que he visto con mis ojos de todo cuanto he sufrido recorriendo los caminos del mar”. Fue lo más triste porque fue el único fuera de la comprensión de Ulises y del propio Homero: antes de devorar a los compañeros de Ulises Polifemo cocinó la carne, bebió leche junto a la comida y le prometió a Ulises los donativos de la hospitalidad aunque el regalo será cruel: Polifemo estaba actuando todavía dentro del marco de la civilización. Escila es el horror incomprensible que espera fuera del perfecto vivir civil de las polis griegas: en esta escena Odiseo es un hombre vencido por las terribles fuerzas del ignoto.

Esculturas de Sperlonga, Grupo de Escila, conjunto
Reconstrucción del Grupo Escila (Espacio Narrativo)

El grupo escultórico de Escila fue realizado en un único bloque de mármol de 2.50 x 2.70 metros: se le considera, a razón, como la escultura más compleja realizada en la antigüedad, ahora está reducida a 7.000 fragmentos.

El llamado Grupo Pasquino

Grupos Escultóricos de Sperlonga, Grupo Pasquino, detalle del cuerpo de Odiseo
Fragmento del Grupo Pasquino (Espacio Narrativo)

Del llamado grupo Pasquino solo tenemos 2 pares de piernas y la cabeza de Ulises. Se le llama Grupo Pasquino por seguir el mismo modelo de la famosa “estatua parlante” que se encuentra en Roma, detrás de Piazza Navona, justo al pie de un muro de Palazzo Braschi, pero los artistas esta vez nos ofrecen una inteligente variación de la tradición. Este tipo de estatua normalmente representa a Menelao que aleja el cuerpo de Patroclo del campo de batalla. Pero un curioso detalle de los fragmentos, una herida en el talón de una de las estatuas, nos revela que en este caso el muerto es el mismo Aquiles y que quien sujeta el cadáver es Ulises. Este episodio no lo narra Homero sino Ovidio (Metamorfosis XIII), y es un paso previo y decisivo a la recuperación de las armas del Pélida necesaria a la conquista de Troya. La escena ofrece un curioso y estudiado contraste “ético” al Grupo Paladio: aquí Ulises es el héroe virtuoso.

El Grupo Polifemo

Esculturas de Sperlonga, Grupo Polifemo, visión del conjunto desde la perspectiva del portador de vino
Reconstrucción del Grupo Polifemo vista desde el portador de vino (Espacio Narrativo)

Justo al fondo del Antro, en una posición inmejorable visto el contenido de la escena, estaba el grupo escultórico de Polifemo. Polifemo está tendido en una roca, duerme el cíclope, vencido por el vino. Su quietud contrasta con la tensión de Odiseo y sus tres compañeros, representados en el momento de levantar el palo de olivo para cegar al enemigo. Dos hombres sujetan el palo, otro, llamado el portador de vino, espera. Ulises, de pie, encima de una roca, mira intensamente al cíclope dormido; fuerza, concentración absoluta, pasión por la venganza, el rostro del héroe expresa la voluntad pura, la que no acepta la posibilidad del fracaso. Aquí Atenodoro, Polidoro y Agesandro nos restituyen al guerrero astuto, al gran capitán, casi como contrapunto al Odiseo inerme del grupo de Escila.

Grupo Polifemo, el portador de vino
El portador de vino (Espacio Narrativo)

La escena, enmarcada en una perspectiva y equilibrio de una elegancia extrema, no representa el dolor del monstruo ni la alegría de la victoria: es el momento exacto antes de la acción, cuando la tensión es más alta. La tensión psicológica se convierte en un elemento físico de la escena: parece que el mármol esté a punto de romperse para liberar el movimiento. El espectador está atado al final de una acción que está por comenzar y que nunca terminará, congelada para siempre en la blancura del mármol.

Grupo Polifemo, Visión de conjunto desde el fondo, izquierda
Visión de conjunto desde el fondo

Significado del programa iconográfico pensado por Tiberio

El lugar, la vida de Tiberio y las estatuas se entrelazan para componer un refinado mensaje político cargado de simbolismos y referencias culturales. Como dijimos, el Bajo Lacio ejercía una potente seducción sobre los amantes del mito. Se creía que la tierra de los Lestrigones estaba cerca de Formia, no lejos de Sperlonga, y sobre todo se identificaba al Promontorio del Circeo como la Isla Ea, residencia de la Maga Circe; en la cumbre del promontorio todavía se pueden ver restos de un templo dedicado al culto de la Maga. Circe es un personaje clave de la Odisea: será ella que instruye a Ulises para que pueda superar los peligros que lo estaban esperando y completar su regreso; más de ser amante, Circe para Ulises es una Maestra. Mitos no relatados por Homero quieren que Circe tuviese de Ulises un hijo, Telégono. El Lacio es también un lugar ligado a los mitos fundacionales de Roma, es por estas costas que acabó Enea, hijo de Venus, escapado de la destrucción de Troya, del cual descenderán Rómulo y Remo, los fundadores de Roma y su imperio.

Retrato del Emperador Tiberio en el Altes Museum
Retrato de Tiberio, Altes Museum, Berlin

Tiberio tenía culto al mito, como nos cuenta Suetonio, su pasión en parte explica la elección del lugar y de las estatuas. Pero son sus personales vicisitudes, y no solo sus gustos, que vemos reflejados en las Estatuas de Sperlonga. Tiberio es adoptado por Augusto solo después de la muerte de sus rivales, tres para ser exactos. La adopción no implicó solo que recibiera el título imperial, sino que entrara a formar parte de la Gens Julia, que se jacta de ser descendiente directa de Eneas y Venus… Pero Tiberio, esta vez por nacimiento, era también miembro de la Gens Claudia, que pretendía descender de Telégono, hijo de Ulises y fundador de Túsculum. Tanto en la sangre del emperador, como en el lugar donde Tiberio construye su Vila, se entrelazan la historia de Ulises y la de Enea, se vuelven a unir dos estirpes gloriosas que la guerra había separado: la Historia alcanza con Tiberio sentido y fin. Tal como sus ancestros, Eneas y Ulises, Tiberio es un predestinado, un hombre impuesto por la fuerza ineluctable del destino: el Hado quiso el fin de Troya a mano Aqueas, el Hado quiso que Eneas escapara de Troya para dar vida a un imperio, el Hado quiso que Tiberio, en cuya sangre Troya, Grecia y Roma se fusionan, llegara al trono imperial. El programa iconográfico de las estatuas de Sperlonga se convierte así en una celebración de la familia imperial, del destino de Roma y de su emperador, más allá de la riqueza de alusiones a la geografía del mito. Pero, como todas las grandes obras, las estatuas de Sperlonga nos ofrecen muchas otras ocasiones de reflexión… La ceguera de Polifemo como decoración de una sala de banquete alude al poder del vino y advierte sobre las consecuencias de su abuso… En fin, al fin hemos llegado, mi homenaje al héroe de mi infancia ha terminado, pero no el sueño, ni la sal, ni la Odisea y su encanto, porque el viaje de verdad comienza siempre después de la lectura, cuando se cierra el libro y de pronto es…

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Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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