Mercado en Ucrania. En primer plano el maletero de un coche de donde salen las cabezas de unos patos vivos, listos para la venta. Para la serie Mercados del Mundo. Autor Juri Nesterov, todos los derechos reservados.
Mercado en Ucrania Juri Nesterov

Mercados del mundo, un paseo en palabras e imágenes

Es tan bello el oro, tan fuerte que hace que unas dulces manos se estrechen alrededor de un cuello, o claven un cuchillo en la carne cálida de un cuerpo. El anillo, más falso que un gato, salta del mostrador al dedo de una gorda señora tan pintada que parece un cuadro de Velázquez, echo una última mirada y sigo mi paseo por los puestos en uno cualquiera de los mercados del mundo.

Un trozo de cielo aparece más allá de un horizonte de chismes y extraños bibelots? sin ningún valor más que el tiempo. Cojo un espejo y como un mago cambio la realidad: el cielo desaparece y mi pequeño doppelgänger? me mira curioso. Paso de preguntarme el secreto escondido detrás del espejo, el sueño, la ilusión, la memoria y el tiempo, lo devuelvo junto con sus ilusiones, saludo al vendedor y me voy, atraído por unos olores.

El pescador ingenioso, con paciencia y constancia, sumergió sus hábiles manos en la oscuridad del mundo submarino, saltaron al aire sus frías criaturas y brillan ahora bajo el sol del mercado. Había la misma oscuridad en el vientre de los cerdos, pero el cuchillo del carnicero fue más fuerte que la vida, como un gran sol rompió la piel y trajo luz en la carne y luego, el arte más fino, transformó la muerte en salchichas y jamones. La chica de la panadería huele a harina y canela, cada vez que se dobla su hermoso pecho roza los pasteles y empuja contra el vestido dos pezones como guindas que quieren saltar fuera; justo en frente de su reino azucarado el chico del queso la mira perdido en los pensamientos más dulces.

Suena un acordeón, un velero navega en un mar de libros, un chiquillo corre riendo y delicado el tiempo sigue su lento carrusel: hubo una casa y una familia de otro siglo sentada en el porche, vivieron hasta que la muerte y el tiempo hicieron de sus cuerpos una memoria de papel, reflejos de niebla, destellos de un suspiro, una fotografía en blanco y negro escapada del pasado para caer en las manos del mercado. Cincuenta céntimos es lo que me cuesta adquirir el derecho de propiedad sobre esta diminuta parcela de tiempo.

Un camarero fino como una hoja cuela entre los cuerpos, rápido, sin hesitación, con los brazos tendidos al cielo es un sólido faro contra la tempestad de gente. La bandeja balancea, se inclina, tiembla, pero las tazas de café llegan a su destino: unas vendedoras de cestas de mimbre. El vendedor de tejidos dice que, la astuta comadre contesta, un gran chorro de risas empapa a los presentes.

Enjambres de manos como mariposas que tocan, palpan, acarician, ojos como lluvia de gotas de cristal fino que resbalan por todas partes, voces como corrientes marinas, que corren, se arquean y chocan, inundando con su fresca espuma la piel coloreada de los puestos del mercado.

Como campesinos el día de la gran cosecha, hemos recolectado un manojo de fotos y cocinado estas pobres líneas, para que pruebes el saborcito especiado de los mercados del mundo.

Galería de imágenes «Los Mercados del Mundo»

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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