Imagen nocturna del Puente de Triana antes del amanecer, visto desde la orilla izquiera del Guadalquivir
Bajo Guadalquivir (Daniel González)

Amanecer en el Puente de Triana

Venus, como el ojo de un Genio Nocturno y estrellado me mira desde el cielo. la Noche intenta huir bajo el Puente de Triana junto a la oscuridad y al río. pálida aún, débil, la luz se asoma a los techos, tiene un rojizo embrujado, como recuerdo del fuego. pierden fuerza las estrellas y una nube, como enorme demonio blanco, se acerca desde Poniente. es un ritual establecido, ineluctable.

el ruido de los coches araña el silencio. de pronto esta bella soledad es interrumpida por la gente que anda hacia el curro. la Noche, acurrucada debajo del Puente, pierde despacio su sangre oscura, crece la claridad y desaparece la ciudad legendaria, la ciudad de sueño, de líquidos cristales, que la luz de las farolas crea hundiendo, pilares estrellados en el agua del Río: Sevilla que se mira al espejo y sonríe. arriba de los techos, en una raya de cielo ni de noche di de día, la torre de la catedral parece no existir hace mucho tiempo. hay pena en el cielo que mira, como si hubiese muerto un marinero, es por la Noche, está muriendo acurrucada debajo del Puente de Triana.

el Sol, el Sol de los que creen está llegando y la Ninfa, la Ninfa Sucia del Guadalquivir, que de noche abre los ojos en la corriente y canta, ha escondido su cabeza bajo la falda del Río, y duerme ahora, espera a que la noche vuelva a nacer. el cielo tiene un color entre el azul y el gris, velado, como los ojos de alguien ahogado en la madrugada, pálido, como la piel húmeda de un pez. el amanecer es un balanceo, un lento caerse, mezclarse líquido de colores, ayer es un fantasma que huye al tañido del reloj. ya la luz ha tomado fuerza e invade el cielo, solo una estrella queda. un primer barco cruza la corriente, todo es claro ahora, evidente, sin misterio, nada queda del encanto nocturno, solo hay el aburrido va y ven de las obligaciones, de los horarios y del curro, el circo triste de la vida humana.

llegan las aves y corren por el cielo anunciando alegres la vuelta del día. de repente, enorme y blanco, emergiendo de una nube, arriba de los techos, aparece el dios del día, el dios de luz y fuego, el Sol, el sagrado Sol, el origen de todo este mar de luz que ha sumergido el mundo, que riendo acaba, de matar a la Noche.

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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