Vista de la carretera Transfăgărășan desde Sur hacia Norte, cerca de su llegada al Lago Balea
Transfăgărășan, Gabriele Burchielli

Transfăgărășan, asfalto como carne

Altos, afilados, salvajes y puros. Los Montes Făgăraș son picos hostiles, cortados por barrancos, gargantas, valles empinados. La roca es gris de plata, el verde de los pinos es oscuro, denso, casi negro. Grandes, violentas, las nubes corren arrastradas por el viento, se acercan: el cielo parece agarrarse a la tierra por miedo. Aquí, con bombas, obstinación y sangre humana, Nicolau Ceaușescu labró la Transfăgărășan.

Miedo, sangre y locura: historia de la carretera Transfăgărășan

En la noche entre el 20 y 21 de agosto 1968, liderada por Rusia, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia. Fue el fin de la Primavera de Praga. Rumanía fue el único país del Pacto que no participó a la invasión y la condenó abiertamente. Durante aquellos años Rusia era gobernada por Leonid Brezhnev, cuyo objetivo era restaurar la supremacía de Rusia dentro del bloque comunista, por contra Ceaușescu, líder de Rumanía, quería impedirlo a toda costa y conservar la amplia margen de independencia de la cual gozaba Rumanía. De repente la invasión de Checoslovaquia empeoró la ya tensas relaciones entre los dos países, alentando el fantasma de una invasión Rusa a Rumanía desde la frontera Norte.

Vista de los Montes Făgăraș, cerca de la carretera Transfăgărășan
Montes Făgăraș (Gabriele Burchielli)

Norte y Sur de Rumanía quedan divididos por la larga y abrupta línea de los Carpathos, los Montes Făgăraș son una parte de ellos. Ceaușescu sabía que en caso de una invasión sus fuerzas quedarían fácilmente divididas: necesitaba una vía rápida y segura que pudiese conectar Transilvania, al Norte de los Făgăraș, con Valaquia, al Sur de las montañas. Las carreteras que ya existían pasaban por zonas llanas y eran fáciles de atacar y cortar: la Transfăgărășan solucionaría el problema, ofreciendo, como añadido, un mejor acceso y explotación de la madera de los montes Făgăraș y la posibilidad de crear un complejo hotelero en el lago Bâlea.

Obreros trabajando en la carretera Transfăgărășan durante el invierno, años 70

Los trabajos comenzaron el 10 de marzo de 1970 y durarían 4 años; nunca se interrumpieron a pesar de las dificultades y de los muertos. Fueron llevados a cabo principalmente por el Genio del Ejército, fueron pocos los civiles que participaron. El sector Norte fue asignado al Regimiento 52 Alba Julia, el sector sur al Regimiento de Ingeniero de combate 1 Râmnicu-Vâlcea. Buena parte del tunel Capra-Bâlea fue a cargo de la Sociedad de Construcción de la Central Hidroeléctrica. Los trabajos en el sector alrededor del Lago Vidraru recayeron directamente sobre Ministerio de Transporte, que encomendó el proyecto al IPTANA (Instituto del Diseño para el Transporte Motorizado, Naval y Aéreo, hoy una S.A. todavía activa) y su ejecución a la Empresa de Construcción de Carreteras de Bucarest. El sector Lago Vidraru – Túnel Bâlea fue asignado al Ministerio de Economía Forestal, el proyecto fue diseñado por el Instituto de Investigación y Diseño de Industria de la Madera (ICPIL) y fue ejecutado por Empresa de Construcción Forestal (ICF) de Râmnicu Vâlcea.

Para vencer 2000 metros de desnivel en un entorno tan abrupto y salvaje, se realizaron 830 puentes y viaductos, más un incalculable número de muros de contención que darían a la carretera el aspecto de una inmensa fortaleza. Se removieron más de 1 millón de toneladas de roca utilizando 6520 toneladas de dinamita. El clima permitía normales condiciones de trabajo solo 3 o 4 meses al año, luego llegaban los vientos, las lluvias, las tormentas de nieve y temperaturas que bajaban dramáticamente el 0. Según el régimen las víctimas de accidente laborales fueron 40, casi todos militares poco entrenados en el uso de explosivos, los testigos civiles hablan de centenares: “solo en la presa murieron 400 mozos”. La Transfăgărășan se inauguró en presencia de Ceaușescu el 20 de septiembre 1974; tiene una longitud total de 151 km, alcanza su maxima cota, 2024 m, cerca del Lago Bâlea, entre las dos mayores cumbres de Rumanía, Moldoveanu (2,544 m.) y Negoiu (2,535 m.). Comienza en Bascov y acaba en una glorieta de la DN1, 4 km antes de Cârțișoara. La sección construida por Ceaușescu mide 91 km. Su ombre oficial es DN7C.

Asfalto como carne, conducir sobre la Transfăgărășan

Se parece al demonio, dijo. El coche comienza a moverse. Cojo la Transfăgărășan desde Norte, en el cruce con la DN1. El terreno es llano. Se ven cultivos, pocas casas y algún cortijo. La Transfăgărășan es una carretera cualquiera. Conduzco tranquilo, el coche parece deslizar sobre el asfalto, ligero como un copo de nieve. Despacio la llanura se vuelve colina, los campos bosque. La carretera asciende sin prisas, gradualmente. Todo queda dentro de la normalidad.

Me rodea ahora un hermoso paisaje de montaña y espesos bosques de pino, me gustaría apagar el ruido del motor y seguir silencioso como un pajarillo. Paso a lado de un hotel, cerca de la Cascada del río Bâlea, no quiero pararme, quiero asfalto. Las curvas son menos amables, más cerradas, la Transfăgărășan ha ganado 1234 metros de altitud en 19 km y sigue subiendo, corta las laderas de los montes hilando una larga serie de breves túneles. Al ganar altura el espacio se abre y el vacío a mi lado crece: la carretera corre sin miedo al borde del abismo como un acróbata sobre la cuerda. Todo es ligero y a la vez tiene una alegría violenta, una gana de gritar, de acelerar, de morder la carretera. Túneles, curvas como pasos de baile, picos, espacio, movimiento y cielo, ¡y el vacío que respira en mi pecho! Es bello conducir aquí. Luego es cuestión de nada. Un kilometro, dos. No consigo recordar. La Transfăgărășan abandona las laderas y entra de golpe en una enorme vaguada, estrecha, profunda y alargada, encerrada por las paredes de las montañas, es un enorme tajo abierto en la carne de la tierra. La carretera comienza a remontar la vaguada corriendo, como deseando estrellarse.

Transfăgărășan, vista desde arriba
Transfăgărășan desde arriba
Carretera Transfăgărășan vista desde abajo
Transfăgărășan, vista desde abajo (Gabriele Burchielli)

Lejos, en frente, al final de la vaguada, una pared demasiado vertical para una carretera cierra el camino: desde aquí no debería haber salida, solo vuelta atrás. Pero el asfalto se ha despertado: agarra la tierra con fuerza, reptando como una bestia que se acerca a su presa. La carretera se tuerce de golpe, es una ruptura violenta, dolorida, como de huesos que se quebrantan. Rápida comienza a remontar la roca clavando sus uñas en la montaña. Se siente todo, el miedo, las bombas y los muertos, la tierra violada: la Transfăgărășan tiene naturaleza violenta: su espíritu penetra la mente como en extraño y luminoso deseo de muerte. Corro. No me importa de nada. Es un instante rápido como un respiro. La carretera alcanza su cumbre y apuñala al cielo. Acelero con rabia.

Freno de golpe.
El coche para.
Contragolpe.
Suelto el volante.
Es como arrancar una raíz del suelo.
Respiro.
Apago el motor.
Bajo.
Me asomo al borde de la carretera.
La Transfăgărășan me muestra toda su locura:
800 metros de caída, curvas estrechas al límite de la ruptura; las espiras de la carretera dejan sus uñaradas sobre el vientre de la tierra, desaparecen y reaparecen en las hendiduras de la roca, como un nido de serpientes retorciéndose en el valle. El asfalto parece hincharse en el esfuerzo de avanzar, tenso como si un demonio hubiese sido encadenado en su trazado, un demonio que rabia y empuja en el intento de liberarse.

Lago Vidraru visto desde la carretera Transfăgărăș
Lago Vidraru visto desde la Transfăgărăș

Vuelvo al coche. Enciendo. Primera. Segunda y tercera. Aparece el Lago Bâlea. La Transfăgărășan continúa rabiando. Se clava con fuerza en el cuerpo de la montaña. 887 metros de pasión oscura. El túnel acaba, de golpe luz. Luego comienza. Un respiro de agonía que se apaga despacio, una caída intensa, espesa, como de alas rotas, como de un cuerpo que no se opone. Las montañas se van a la deriva. La carretera pierde altura como sangre. Llega la llanura, los campos, los pueblos. La Transfăgărăș muere como una carretera cualquiera en una rotonda en la ciudad de Bascov.

Final de la carretera Transfăgărășan en Deschis, cerca de Braskov
Se acerca el final (Gabriele Burchielli)

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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