Cubierta cuento Zorro engorda
Retrato de un zorro (Edwin Landseer Henry)

El zorro engorda

Arahal (Sevilla), 1993. Contado por Juan Ramírez Álvarez, publicado por José L. A. García en Cuentos Populares Sevillanos, Tomo I

Os voy a contar un cuento que sucedió hace bastante tiempo, ¡eh! porque a mí me lo contaban cuando yo era chiquitillo. Me decía mi abuelo que eso pasó cuando era chiquitillo. Esto hará ya doscientos años, o ciento cincuenta por lo menos.
Entonces, en todos los cortijos de la sierra esa de Morón, había gallinas. Había un gallinero y… Hay mucho zorros por ahí, ¡hay tanto zorros…! Da susto por la noche escuchar el taratatau de los zorros. Porque los zorros, cuando están en celo, pegan un graznido que dice: “¡Taratatau, tau, tauuuuuuuu!” Eso impone ¡eh! Yo los he visto y los he escuchado, y eso impone.
Bueno, pues, resulta que había un gallinero, tenían un agujero en el gallinero, porque las gallinas de día fuera a comer, y de noche se metían por el agujero que tenían, como una gatera. Justamente para entrar las gallinas. Estaban acostumbradas y salian, y de noche, ¡pum!, se metían por el agujero.
Pero llegó un zorro y dijo: Yo me voy hoy a hartar de comer gallinas esta noche, y se metió por el agujero.
Se metió por el agujero y se lio a comer gallinas… ¡Venga comer gallinas! Y se comió lo menos cinco o seis gallinas, pero ¡y ahora, compadre, que no cabe el zorro a salir por el agujero de las gallinas! Y empezó, como los zorros son tan astutos, empezó a dar saltos a ver si se podía salir por arriba. ¡Que va! Con la pechá’ de carne que se había pegado no saltaba ni metro. Y la pared tenía lo menos dos metros y medios, más de dos metros tenía.
Entonces ya no le quedaba otro remedio que hacerse el muerto. Por la mañana, cuando sintió que venía ya el dueño, que venía siempre al amanecer, sintió ruido, pues se tendió en el suelo, abrió la boca, estiró las patas, sacó la lengua… ¡Justamente parecía que estaba muerto, vamos!
Llegó, dice: ¡Me cagüe la mar que parió! Fíjate lo que ha hecho el zorro ¡Se ha reventado de la pechá de gallinas que se ha pegado! ¡Eh! ¡Mira cómo está, muerto! ¡Animalito! ¡Qué pechá’ de gallinas! Ha entrado por el agujero y, como se ha hartado tanto de gallinas, no ha podido salir.
Y el hombre cogió el zorro por el rabo, y lo tiró por lo alto de la pared. Y resulta que cayo de pie. Salió corriendo y se fue.

Arahal, 1993 Juan Ramírez Álvarez

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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