Retrato de un Cura, padre James.
Un cura (Sunsplash)

Como enterrar curas

Queridos lectores de todas las edades, con o sin juicio, os ofrecemos hoy el divertidísimo cuento popular sevillano “Como enterrar curas”, precedido por una breve introducción y análisis del texto.

Análisis e introducción

En este divertido cuento popular Sevillano , nos encontramos con el conocido tópico de los tres cadáveres. Parece ser que este tipo de cuento se originó a partir de cuentos donde los simples parecen culpables a pesar de no serlo, y la constante presencia del elemento “macabro” del cadáver. Un ejemplo es el famoso chiste y fabliau medieval, que se cuenta en toda Europa y en buena parte de Asia, con versiones recogidas en África y en América, en el que un cadáver se pasa de un personaje ingenuo a otro; a cada uno se le acusa del asesinato y se le paga al bromista para que guarde silencio. De este pequeño grupo de cuentos, el más conocido en la literatura es el cuento de los tres hermanos jorobados que fueron ahogados. En este antiguo fabliau, una mujer que ha matado accidentalmente a tres hermanos jorobados emplea a un hombre ebrio para arrojar a uno de ellos al río. El hombre, engañado, piensa que es siempre el mismo cadáver que vuelve a la vida. Finalmente, ve al esposo jorobado de la mujer y lo ahoga. Este cuento parece tener su origen en la tradición literaria, de donde se ha colado en la tradición oral. En el caso de “como matar a tres curas” nos encontramos con un argumento parecido pero con variaciones muy interesantes. Primero se habla de curas, que se aprovechan de su posición para adquirir injustamente y reiteradamente la morcilla de una familia. La Iglesia nunca ha sido solo objeto de devoción; en cuanto poder, político y moral, que pretendía su diezmo y la sumisión, la iglesia fue el blanco de recriminaciones, cuando no odio, que en la literatura popular han dado vida a un sin fin de cuentos y chistes de cura. Otro punto muy interesante es que la muerte de los tres personajes no se origina por un accidente, sino como acto voluntario para restablecer una justicia moral: el hombre mata a los curas después de haber sido víctima de repetidos abusos. Después del restablecimiento de la justicia moral, sigue el intento de ocultar los cadáveres para escaparse de la ley, que hubiese condenado al asesino. En Irlanda se ha recogido «Tres ladrones y tres cadáveres» que, moralmente hablando, nos ofrece un punto de vista diferente. En España se han documentado versiones de «Como enterrar curas» en Aragón, Ciudad Real, Madrid, Murcia y Asturias. Esta versión fue recogida por José Luis Agúndez García directamente por la boca de Claudio Gallego del Río, vecino del municipio de Arahal, Sevilla, en 1991; fue publicada luego por la Fundación Machado. El texto no ha sido normalizado: encontrarán algunas extrañeces respeto a lo que la RAE opina, espero que a vosotros, como a nosotros, no les importe mucho de la RAE. Pues, os dejamos con “Como enterrar curas” esperando que el arte sevillano os seduzca tal y como hizo con nosotros.

Cómo enterrar curas, texto completo

Los curas son unas personas muy, muy inteligentes, y saben mucho; pero algunas veces tienen unos detalles que se les van. Y entraban en una casa, y era un mayete, y tenía varias morcillas y mucho pan y etcétera. Y todas las morcillas que había allí, todas se las comían los cuatro curas. Y entonces resulta, dice la mujer ya no podía aguantar más, dice:

-Niño, aquí pasa esto: aquí vienen cuatro curas y todas las morcillas se las comen; que por eso faltan. Tú me riñes a mí; pero yo no me las como, ni las regalo; sino que vienen los cura y las comen. Y amaso cuatro panes, y si cuatro, como si amasara ocho.

Dice:

-¿Si? ¡Pues déjalo!

Y se escondió. Se presentaron los cuatro curas allí, y se lio con ellos: ¡pim pam!, ¡pim pam!. Total que los mató a los cuatro. Entonces dice:

-Me cague la mar! ¿Qué hago yo ahora con cuatro curas de estos aquí, Dios mio? ¡¿Qué hago yo con cuatro curas!?

Y entonces, había uno que estaba allí por el pueblo, granujilla, un granujilla de esos, y le dice:

-¡Quiyu!, ¿quieres mil pesetas y me entierras un cura?

Dice:

-¡Coñe, ahora mismo!

Y dice:

-Ahí lo tienes -dice-, ten cuidado -se lo echó al hombro, dice-, ten cuidado, ¡te se vaya a escapar, que los curas saben más que la mar!

Dice:

-¡No hombre, a mí no me se escapa el cura!; ya voy yo para allá en busca dél. Pilló, lo echó al hombro y cogió la azada en la otra mano. Y seguía excavando hondo ¡Bueno! Lo metió y se vino.

Y agarró, le puso otro, dice:

-¿Qué?

Dice:

-Venga, dame las mil pesetas.

– ¡Qué se va a venir!

– Ése no se viene.

Dice:

-Pues mira, aquí lo tienes.

-¡Me cagüe la mar, que se ha venido éste! ¡Ven para acá que te…! Se lo echó al hombro, hizo otro agujero más hondo y lo metió.

Dice:

-¡Ea, ya me voy!

El pobrecito, ¡sudando!, y llega y dice:

-¡Venga, dame las mil pesetas; ése no se viene más ya!

Dice:

-Voy a mirar… ¡vaya a ser que se haya venido! Y miró, le puso otro, dice:

-¡Saber!

Dice:

-¡Me cagüe la mar! ¡Éste me lo voy a comer yo! -que toma, que dale. Se lo echó al hombro. Hizo otro agujero ¡bastante hondo! y lo metió, dice:

-A ver si te vienes tú. ¡Tú no te vienes más ya!

Y se vino, dice:

-Venga, dame las mil pesetas que, que ya, ya está ése… ¡Ése no se sale más!

Dice:

-Voy a mirar a ver.

Y le puso ya el último, dice:

-¿Saber?

Dice:

-¡Me cagüe la mar!

Y ya, cansadito, y casi de día, ya venía cansado el pobre, y llegó y dice:

-¡Éste no se viene!

Y llegó a un olívar, había muchas varetas; se lio, encendió una candela y lo eché en la candela. Se sentó ahi cansadito perdido. Dice:

-¡A ver, a ver si te vienes más!

Ya nada más quedaba, nada más el regordete ahí, muy bueno. Y se quedó durmiendo el pobre, así, embelesado.

Y entonces venía un cura a decir una misa. Y el pobrecito, llega el cura, le dice:

-¡Oy- hacía mucho frío, dice, uy, qué buena lumbrita! ¡Qué buena persona eres! ¡Ay, qué candelita más buena! ¡Uy, qué bien se está aquí!

-Otra vez te vas a escapar!

Pilló, jpom, pom!, y corrió tras él y lo zampó. ¡A la candela otro cura!: se lo cargó también.

Entonces vino, llegó, dice:

-Venga las mil pesetas!

Y ahí termina la historia.

Arahal, 1991, narrado por Claudio Gallego del Río, recogido y publicado por José Luis Agúndez García.

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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