Pintura naif de un león, protagonista del cuento Los animales agradecidos, obra de Morris Hirschfield, expuesta en el MOMA de Nueva York
León (Morris Hirschfield)

Los animales agradecidos

Hemos traído hoy a nuestros lectores, de la bella y cálida Andalucía, el cuento popular sevillano «Los animales agradecidos», acompañado por una breve introducción. Buena lectura.

Introducción

Este bello cuento popular sevillano, «Los animales agradecidos», propone temas muy comunes a la tradición oral de varios países, con amplia presencia en la Península Ibérica. El argumento principal es él del héroe que consigue cumplir hazañas y rescatar a la princesa, casándose luego con ella, gracias a los dones de unos animales que le han agradecido su ayuda. Sobre este tronco se insertan el Espacio Narrativo del Castillo de Irás y no volverás, y otros elementos profundamente simbólicos, que provocan en la mente y espíritu del lector, extraños movimientos de la imaginación: las transformaciones del héroe en animal, la intervención de una joven que ayuda al héroe, la lucha con la serpiente. Las anchas tierras de la imaginación abundan de seres mitad bestia mitad animal, de hombres y mujeres engendrados por animales como Juanillo; de mágicas transformaciones de dioses o humanos en animales: quizás el ser humano es la única criatura que desea ser otra cosa… Cuando pensamos en una mujer ayudando al héroe en sus hazañas, no podemos no pensar en Circe, amante y amiga del astuto Odiseo, que solo gracias a los consejos y ayuda de ella puede llevar a cabo su viaje de regreso. La lucha de la serpiente es otro tópico de la tradición (recordemonos la tradicción cristiana acerca de María), a veces toma forma de la lucha entre civilización y mundo salvaje, otras veces nos sugiere el enfrentarse del individuo con las fuerzas telúricas, que bien podría ser el instinto animal. No pretendemos en absoluto interpretar de forma cierta el significado originario de estos elementos: solo invitamos al lector a llevar sobre un plano consciente los extraños efectos que estos símbolos tan ancestrales, provocan en el espíritu del lector contemporáneo, para desfrutar del cuento como si fuese una buena borrachera del alma. Pues, es tiempo de que disfrute de «Los animales agradecidos».

Texto completo de «Los animales agradecidos»

Una vez había un bosque muy grande. Y en el bosque, resulta de que había un castillo, pues había un castillo. Y en el castillo, pues había un gigante. Y todo el que iba al castillo, pues se quedaba encantado y no volvía. Se llamaba El Castillo Irás y no Volverás. Entonces, una tarde, paseándose una princesita por la vera del bosque, resulta de que la cogió el gigante y se la llevó. Y allá no había nadie que pudiera llegar al castillo para poderla sacar, a la princesita.

Entonces, el rey publicó de que el hombre que pudiera llegar a matar al gigante, y sacara a la princesita, pues se casaba con ella. Pues fueron muchos; pero no volvía ninguno; era imposible de rescatar a la princesita. Pero un día, un muchachito dice: pues yo voy a probar a ver si llega a darse el caso de que yo sacara a la princesita y me casara con ella. Pues echó a andar por el camino adelante, en busca del bosque, y se tropezó a un pastor, y le dice:

-¿Está muy lejos el castillo de Irás y no Volverás?
-No, que está ahí cerca; pero no puedes tú ir, porque, si llegas a ir, resulta de que tú también te vas a perder, porque el que va allí no vuelve.
Dice:
-Bueno, pero yo voy a probar.
Dice:
-Pues te voy a contar las cosas que hay que hacer para poder llegar alli, si es que puedes, porque, en el momento de que tú saltes la alambrada, viene una serpiente muy grande. Con la cabeza viene cortando los árboles. Y tienes que matar a la serpiente. Y cuando la mates a la serpiente y sigas para adelante tiene que salir una liebre. Y esa liebre la tienes tú que coger corriendo. Y cuando le rajes la barriga, tiene que salir una paloma. Y entonces, tú tienes que pillar la paloma al echar el vuelo. Le sacas de la barriga un huevo, y ese huevo se lo tienes que romper en la frente al gigante, y ya matas al gigante.
-Bueno, pues voy a probar.

Y dicho y hecho. En cuanto de que saltó la alambrada, resulta de que venía la serpiente. Empezaron a luchar, a luchar con la serpiente, vencía. Y ya el mucha cho que había vencido dice:

-Si yo pillara un pan caliente, un vaso de vino y el beso de una doncella, yo la muerte te diera.

Y agarró, se fue, la serpiente se fue, y el muchacho, pues volvió; pero al otro día, pues pasó lo mismo, y el pastor, que lo vieron por casa, se lo dijo al pastor, y la hija, que el pastor tenía una hija, la hija en seguida se enteró y dice:

-Pues yo voy a ir por ellos, y se los voy llevar.

Entonces, al día siguiente, cuando estaba el muchacho peleando con la serpiente, dijo:

-Si yo pillara un pan caliente… – y le dio la muchacha un pan caliente. Él vino, le dio un beso y mató a la serpiente. Entonces ya siguió para adelante.

Ahora el muchacho siguió su camino adelante, įvenga a andar, venga a andar, venga a andar! Y ya iba cansado. Y sintió unas voces:

-¡Oiga, venga usted para acá! ¡Oiga, venga usted para acá!

Y cuando vio que el que lo llamaba era un león, dice: – ¡Ofü! Ese león me va a comer. Me va a comer a mi.

Total, que llegó y le dice el león, dice:

-Mira, aqui tenemos una hormiga, una paloma y un galgo. Y aquí este burro, que le doy a cada uno su parte y ninguno se conforma. Y lo habemos llamado para que usted nos haga las partes. Y con lo que usted haga nos vamos a conformar.

Pues resulta de que dice el muchacho:

-Bueno, pues la cabeza para la hormiga; para que tenga casa donde dormir, y comida. Y al águila, las tripa, para que vaya volando y también pueda comer. Y, al galgo, pues le damos los cuartos traseros, y lo demás para el león, que es más grande.

¡Ea! Les dejó las parte, y el muchacho siguió para adelante. Pero al rato, cuando ya iba lejos el muchacho, empieza llamarlo el león otra vez:

-¡Venga usted para acá, venga usted para acá!

Dice: -Pues estos se han comido aquello. Ahora es cuando ya no tengo yo escapatoria.

Total, que cuando volvió dice

-Mira, lo llamamos, porque resulta de que hemos sido tan brutos que no te hemos dado ni las gracia por haber hecho este trabajo.
Dice:
-Bueno, eso es igual. ¡Es lo mismo!
Dice:
-Pues aunque usted no quiera, le vamos a dar un recuerdo. Le voy a dar a usted este pelito de mi cabeza, y cuando diga: ¡Vuélvete león!, tú serás el león más fuerte de todos.
Y dice el galgo, dice:
-Pues yo te voy a dar, también, un pelito, que cuando digas: ¡Vuélveme galgo!, serás un galgo grandísimo: correrás mucho.
Y el águila dice; se cogió una plumita:
-Cuando digas: Águila, tú te volverás águila y serás un águila que vuela mucho.
Y dice el león, dice a la hormiga:
-Y tú tienes que darle algo.
– Y dice la hormiga: ¡Bueno! ¿Y yo qué te voy a dar? Si te doy una patita, me quedo coja, y si te doy un cuernecito, pues me quedo mocha; pero, en fin, te daré la puntita de un cuernecito, y cuando digas: ¡Vuélveme hormiga! Te pasarás por el agujerito de una aguja.
– ¡Ea!

Ya se fue el muchacho y probó, y verdaderamente era todo como se lo había dicho el león. Pues salió la liebre…

-Que, ¡vuélveme galgo! -pilló a la liebre.

Rajó la liebre, le salió la paloma

-¡Vuélveme águila! -y cogió a la paloma, y sacó el huevo.

Y ya siguió; pero cuando llegó al castillo, pues todo aquello era hierro; no podía entrar por ninguna parte. Y cuando ya llegó la noche, dice: ¡Vuélveme hormiga! Y se metió por el ojo de la cerradura. Luego entró en la habitación de la princesita, y resulta de que ya cogió la princesita… Llamaba al gigante; pero llegaba el gigante y no veía nada: se volvía hormiga otra vez y no veía nada. Y a la mañana siguiente, se volvió águila y se paró en lo alto de la torre. Y le dice la princesita: -Mira qué paloma más bonita hay ahí. Sube y cógela; tráetela. Yo la meto en la jaula. Subió y le trajo la paloma. Y cuando llegó la noche, volvió a sentir el frío otra vez, y no vio a la paloma, y se volvió otra vez hormiga.

Total que llama al gigante. Y cuando entró el gigante, resulta de que el huevo se lo estrelló en la cabeza. Y de esa manera, se llevó a la princesita al rey, y se casó con la princesita.

Contado por Domingo Martín Maqueda, vecino de Marchena (Sevilla). Recogido por José Luis Agúndez García en 1991. Publicado por la Fundación Machado en Cuentos Populares Sevillanos en la tradicción oral y en la literatura

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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