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Crazy noodles (Jeffrey)

¿Qué es un Cuento?

Querido Lector, aquí te espera un ensayo breve, preciso y apasionado, que se lanza sin miedo en los territorios de la narración, en búsqueda de la respuesta imposible a una pregunta tan vieja como el mundo: ¿qué es un cuento?

¿Qué es un cuento? En búsqueda de una definición

Las palabras llevan consigo su propia historia, una historia oscura, que a menudo se pierde en el eco de un sonido, pero en el caso de la palabra “cuento”, parece ser que no tenga competencia la teoría según la cual «cuento» vino de “computare” en el sentido de calcular (Baquero Goyanes y Joan Corominas). Desde la enumeración de cosas se llegó a la enumeración de hechos, o sea al relatar historias:

“Dicha evolución semántica queda ya perfectamente documentada en la obra de Pedro Alfonso, Disciplina Clericalis, donde se incluye un relato en el que, para conciliar el sueño, un rey pide a uno de sus súbditos que le cuente algún suceso ameno y entretenido. Este empieza con la historia de un aldeano que se ve obligado a pasar dos mil ovejas de una a otra orilla del río, utilizando para ello una barca donde sólo caben dos animales. Ante esta situación, el siervo aconseja al rey que se entretenga enumerándolas. Recoge, en definitiva, el conocido tópico de contar ovejas para provocar el sueño.” (María Jesús Zamora Calvo)

El nexo entre computar y cuento no tiene que extrañar: se cuentan los días entre Luna y Luna, el intervalo que hay entre siembra y cosecha, se cuentan los muertos y los nacidos, se cuenta el fluir de los años y de la vida, las edades del mundo, las etapas, los ciclos: toda la complejidad del tiempo, cuyo dos extremos en la experiencia humana son el momento de nacer y el de morir, se expresa por números. Enumerar es distinguir entre individuo (yo, uno) y colectividad (nosotros, muchos), entre los miembros de una sociedad y los extraños (igual-diferente), entre presencia (hay/tenemos/ha llegado) y la ausencia (no hay/no tenemos/ no vino), es diferenciar el uno del multíplice, es establecer la unicidad de un objeto o de un ser. Con eso quiero decir que el sentido numérico, que se desarrolla en el plan lógico con la habilidad de contar y manejar números, es parte fundamental e inseparable de los procesos cognitivos, físicos y mentales, y pertenece al ser humano a un nivel tan básico y animal como la expresión verbal no articulada, como lo son el grito y el llanto.

La conexión entre cuento y contar se refuerza si pensamos en el valor simbólico, mágico y ritual que tienen los números en muchas culturas, incluido la nuestra y la cristiana. También el re-contar, el contar de nuevo, etimología propia del Italiano, en definitiva es asegurarse de los cambios que hayan podido ocurrir o, visto del revés, de que nada ha cambiado, es afirmar el sentido de pertenencia reafirmándose, o sea que el recuento de los individuos confirma que todos estamos, que la comunidad y la tradicción sigue viva, transformando el recontar, el “raccontare”, en un acto de herencia y memoria, colectiva e individual.

Cabe destacar que durante un tiempo bien largo la palabra cuento coexistió con otras que tenían sentido igual o parecido. En especial los cuentos literarios, los que se escribían, no se llamaban cuentos, sino fábulas, fabliellas, estorias, apólogos o proverbios, solo para citar algún ejemplo, hasta que, al tiempo de los reyes católicos, el término novela migra desde Italia asentándose en España. En principio novela (del latín novélla, diminutivo de nóvus, que significaba propiamente la difusión de un hecho nuevo, recién acaecido y todavía desconocido, lo que hoy traduciríamos como noticia en el sentido del periódico) significaba, tanto en Italia como en España, algo como noticia breve o historia corta, o sea, lo que hoy día llamaríamos cuento. Fue a partir del XVIII que novela comienza a referirse a historias largas. Con esto quiero decir que, como aclara Barquero Goyanes, la existencia de los términos cuento y novela, los dos referidos a narraciones breve, se puede explicar solo postulando que por cuento se entendía el de tradición oral, y por novela una narración breve escrita.

Hoy día la palabra cuento se utiliza para referirse a tipos de narraciones extremadamente variadas en cuanto a contenido, objetivo, forma y medio, que comparten entre sí la brevedad o esencialidad. El “tamaño” es quizás el único elemento realmente en común que encontramos en el mundo sin fin de los cuentos. Porque hay cuentos que tienen un comienzo pero no un fin; cuentos que contienen cuentos que contienen cuentos; cuentos inspirados en hecho reales y cuentos fantásticos; cuentos que quieren explicar el origen del mundo y relatan hechos fantásticos para decir cosas reales; cuentos donde el protagonista es uno, muchos o ninguno; cuentos que se escriben y cuentos que no, cuentos que se quitan de todo lo superfluo y se convierten en proverbios o refranes; cuentos sin una acción ni hechos ni nada que relatar, cuentos con o sin autores, con o sin personajes, hay cuentos y cuentos, un mar inmenso de cuentos, cálido y brillante donde zambullirse. Más que ser un género literario el cuento es una forma, un modo de relatar y relatarse, como todo lo humano, difícil agarrarlo y encerrarlo en los estrechos límites de una definición. En nuestros tiempos, alegremente dramáticos, la degradación de las palabras y del arte es evidente, pero es también evidente que nunca, como ahora, las fronteras se han roto y las definiciones se han quedado como cadáveres: la historia nos pide de inventarnos un mundo nuevo, nuevo de verdades, no solo en literatura…

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Honoré Daumier, Crispin and Scapin, Musee d’Orsay (Espacio Narrativo)

Ya que nos gustan las contradicciones, ahora intentaremos poner un poco de orden intentando “clasificar” un poco los tipos de cuentos. Quiero recordarte vida mía, que la realidad del mundo y de las actividades humana difícilmente se deja poner sin resistencia en compartimentos cerrados, siempre habrá excepciones, casos dudosos, o cuentos que podrían estar bien en un lado que en el otro, o que plantearán otra vez la pregunta del principio: ¿qué es un Cuento?

Cuento oral, cuento escrito y cuento digital: las tres grandes tipologías de cuento

Cuento oral, cuento escrito y cuento digital son las tres grandes tipologías de cuento. Presentan rasgos tan diferentes que se les podría considerar como artes totalmente distintas y a la vez indisolublemente ligadas, al igual que música y danza. Hubo tradiciones orales que se convirtieron en obras maestras de la literatura universal, como las andanzas de Ulises, y obras literarias que acabaron por ser arrastradas en el cauce de la oralidad. En general, los dos mundos nunca se han separado a pesar de las diferencias sustanciales que los separan y hoy día se entremezclan con el tercer invitado a la fiesta: el cuento digital…

El cuento escrito

El cuento escrito tiene un solo autor, anónimo o conocido. Para cuanto este autor será hijo de su propio tiempo y de su cultura, su texto será expresión de él mismo; en la realización del cuento no entra nadie que no sea su propio creador: es un hecho solitario, íntimo, algo entre el autor y sí mismo. Este hecho determina que el cuento literario es individual, no solo en su realización, sino también en su fruición: el lector, en un momento y lugar arbitrario, y sin que el autor sea consciente de este hecho tan notable, abre el libro y lee el cuento a su aire. No hay ninguna conexión ni de tiempo ni de lugar entre autor y lector, ni el cuento responde a la misma necesidad. El cuento escrito se construye para la lectura, la lectura se hace con los ojos, el cuento oral se compone para la recitación y se escucha. Un texto escrito una vez publicado no se puede modificar, se transmite idéntico a sí mismo, la lectura no altera su estructura, a pesar de las diferentes reacciones e interpretaciones del lector el texto físicamente no cambia. El porqué, las razones del autor y del lector, pueden o no coincidir, quiero decir que la razón por la cual el autor escribe el texto podría ser bien diferente de la razón que tiene el lector para leerlo.

El cuento oral

El cuento oral se sitúa al otro polo del mundo. Se compone o improvisa para la recitación, esto quiere decir que se escucha y no se lee, su cuerpo no es de papel sino de aire. El texto se inventa sobre la marcha o se aprende de memoria y se repite, pero esto lo lleva a un constante proceso de alteración debido a interpolaciones, cortes, añadidos, modificaciones varias, que adaptan el cuento a su contexto, resultando una obra colectiva donde intervienen varios autores. El contexto es otra diferencia fundamental entre cuento escrito y cuento oral. El relator y el oyente tienen que compartir un espacio físico y un tiempo determinado, más bien una razón: el cuento oral es un todo formado por el lugar, el momento, el cuento en sí, quien lo recita y quienes lo escuchan. Esto hace del cuento oral un fenómeno social, colectivo, donde el nosotros prima sobre el yo. El cuento oral depende de la memoria: es un acto de herencia y de identidad. Respecto al cuento escrito, la recitación oral proporciona al cuento un ritmo más acusado o, mejor dicho, atropellador, digno de la mejor batucada que haya alegrado los carnavales de Río, pero no siempre, ni tampoco necesariamente. El texto oral sufre no solo continuas modificaciones, sino interpolaciones; también si el relator es siempre el mismo que cuenta una y otra vez el mismo cuento. Extrañas coyunturas de tiempo y lugar, auditorio, caprichos de la memoria u otros factores a veces desconocidos, el texto puede sufrir una alteración profunda bastante como para alterar el significado entero del cuento, algo como… A ver si encuentro un ejemplo… Ah, sí, vale, un final feliz se cambia por uno triste, o el cuento se interrumpe en la mitad, o se le añade al final un trozo de otro cuento.

Insisto que la oralidad vive en el flujo del tiempo, la palabra escrita es como muerta, congelada, se sustrae al cambio, se repite idéntica a sí misma, ciega, obstinada, como un cuerpo hermoso que el arte del embalsamar salva de la corrupción: una belleza imperecedera y perfecta, pero sin vida y un poco aburrida. Por contra, es difícil que un cuento oral llegue a la perfección formal (cualquier cosa quiera yo decir con esto, no soy responsable de todo lo que lees), estado curioso que normalmente necesita una limpieza progresiva y un delicadísimo trabajo que solo son posibles escribiendo, creo, pues, por lo menos es lo que me parece.

El cuento digital

Desde la aparición del hipertexto la situación es más compleja y a la vez más interesante, un poco como un tercer invitado en la cama de una pareja. Un cuento creado como hipertexto se sitúa a mitad de camino: se escribe como un cuento escrito pero no en papel, sino en digital, un soporte que lo expone a la posibilidad de continuas modificaciones por parte del autor y en muchos casos del lector, tal como el cuento oral, pero a la vez, puede quedar constancia de todos los cambios y de las personas que han participado en el proceso de creación del cuento. A través de enlaces, el cuento digital puede fácilmente convertirse en simple “nudo” de una red de textos, donde es posible crear diferentes recorridos de lectura y escritura. Más, el espacio narrativo del cuento puede mezclarse con el espacio físico del lector o del autor; al cuento digital pueden añadirse fotos, videos, audios, enlaces, derivando un extraño y novedoso híbrido que, a mi juicio, lo transforma en un arte diferente e independiente, un poco como pasa entre pintura y fotografía, o fotografía y cinema, o entre el cinema y la vida.

Dentro de esta primera gran división en los tres reinos del cuento, o mejor dicho del lenguaje verbal, encontraremos familias, géneros, subgéneros y especies, tantas como plantas y bichos en la selva. Se me perdone entonces, si guardo para otro momento, seguir el cuento de los cuentos, y contaros algo más sobre como hasta ahora se ha contado, y quizás algo de lo que un día te contarán. Gracias por la paciencia lector, que dios, el Diablo, el PSOE o el PP te bendigan, yo mientras voy a buscar una amiga, o mejor, una pareja. Un abrazo fuerte.

Despedida cuentos retrato hombre anciano boca abierta
(Fernando Martín Palermo)

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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