un hombre explora sonriendo su propio espacio narrativo, un sitio en construcción como lo que estás leyendo
Daylight Again (Tom Levold)

Espacio Narrativo, posibilidades abiertas

¿Qué es el Espacio Narrativo? Divagando alrededor de una definición…

En literatura el Espacio Narrativo es el espacio-lugar donde se desarrolla la acción y los personajes existen y actúan, en teatro se le llamaría escena, en la realidad sería el entorno o paisaje. El escritor crea el Espacio Narrativo y se mueve por él junto a sus personajes, pero tú también, lector, arrastrado por la imaginación y la lectura, te encontrarás hundido con nosotros en esta otra realidad, víctima de la primera paradoja de toda esta historia: el espíritu de un ser de carne como tú andurrea en una realidad imaginaria hecha por palabras y personajes supuestamente imaginarios. El Espacio Narrativo, también este que estás leyendo, al revés que nuestra dura realidad, está hecho de materia suave y fronteras mórbidas, que se atraviesan fácilmente con solo abrir las cancelas de un libro: eres tú, lector, que estableces temporalmente el Espacio Narrativo, sin tus ojos acariciando las letras no habría nada, ni historia, ni Espacio Narrativo, ni personajes: eres la razón y origen de todo, siempre, quién escribe y firma un libro es él que sirve, él que te necesita, ¿bonito pensamiento verdad? Un pensamiento que nos lleva a una conclusión inesperada: el Espacio Narrativo es una posibilidad que el lector convierte en realidad literaria. No se trata de filosofía: es la lectura que crea, es el lector que transforma las palabras “bosque oscuro” en un lugar concreto de la imaginación. Segunda conclusión inesperada: el Espacio Narrativo está hecho por los menos de dos niveles o dimensiones, la del lector y la del escritor. ¡Adelante, adelante! ¡Ágiles como gatos sobre los tejados del cuento! Para explorar las muchas posibilidades del Espacio Narrativo te pongo un ejemplo práctico a través de una situación teórica:

No sé cómo te llamas, tampoco importa en realidad, de todas formas acabas de comprar un libro, título: “seis personajes que huyen de mí”. Sales de la librería y te sientas en un bar, pongamos que estás en Logroño. Pides un café inspirado por el olor de la torrefacción y sacas el libro de la bolsa. Notas con cierta molestia que durante el trayecto entre la tienda y el bar el nombre del autor se ha caído de la portada y probablemente anda ahora por las calles buscando una historia. Llega el café, das un buchito, está muy bueno, abres el libro. Con sorpresa y un poco de alegría, el libro comienza con un personaje llamado Horacio que, como tú, está sentado en un bar leyendo un libro. En el libro que Horacio lee, un hombre está sentado en un patio de butacas asistiendo a una función de teatro. En el escenario del teatro un actor está soñando, no podemos ocultar que en el asiento 12 fila H un espectador se ha adormecido de verdad y está soñando cuando iba al colegio con un libro en la mano… ¡Ay!, ¡fuerza de las palabras que moldean humanos a golpes de publicidad y convierten la verdad en mentira y la mentira en razón de estado! Tu Espacio Narrativo es un bar real en Logroño, entre tus manos se abre el Espacio Narrativo imaginario de un bar de una ciudad desconocida, que a su vez contiene el Espacio Narrativo de la platea de un teatro, que a su vez contiene el espacio del escenario, que a su vez contiene el espacio del sueño, y al otro lado estoy yo tecleando contento estas líneas en mi propio Espacio Narrativo, como en el cuento de “Más fuerte es…” Hemos llegado a dos puntos fundamentales: clasificar en serio y con sentido los Espacios Narrativos es tarea sobrehumana y, por lo general, es más una herramienta del cultureta para mantener su triste monopolio que algo de verdadera utilidad; el Espacio Narrativo es en absoluto rigido y nunca será cerrado. Por favor, ¿podéis devolverme la tilde que habéis quitado de rígido?

Ilustración de Jhon Austen para Amleto, el Espacio Narrativo del Teatro ofrece una insólita perspectiva sobre el espacio en la narración
Jhon Austen, ilustración para el Hamlet (El Coleccionista de Imágenes)

Realidad, sueño, teatro, escritura, imaginación: hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que todas las que pueda soñar tu filosofía. Sea lo que fuese el Espacio Narrativo no es en un escenario pasivo, ni el decorado de una película: vincula trama y personajes imponiéndose como una fuerza activa que moldea la narración así como la ciudad en que vives lo hace con tu día día.

¿Cómo se construye un Espacio Narrativo?

Más allá de la necesidad del binomio lector/público y autor/artista, que de hecho podrían coincidir, me temo que todo lo que atiene a la Escritura Creativa y al Arte no tiene reglas universalmente válidas, solo encontramos o creamos reglas temporales, aplicables únicamente a una sola ópera o a un número reducido de ellas, quiero decir que todo depende de cuál es el objetivo y cuáles son los recursos técnicos e imaginativos a disposición del autor, más algunas otras variables como tiempo, ganas, las amarras de ciertas obligaciones culturales, libertad de expresión, la presencia física o espiritual de una musa, el uso de sustancia psicotrópicas, el abuso de café, etc.

Cuadro de Alperiz en el museo de Bellas Artes de Sevilla tituládo Cuentos de brujas y utilizado como cubierta de El burro el gato y el carnero
Cuentos de Brujas (Nicolás Alpériz)

En el mundo del cuento de tradición oral, en mi opinión la más bella, refinada y potente escuela de narración de la historia, domina la regla de la economía, o sea, de la esencialidad: el narrador utiliza el número mínimo de recursos y palabras para decirlo todo y bien. La acción es la gran protagonista o, mejor dicho, el recurso que gasta más palabras; los personajes son “tipos” como el listo, el tonto, o el pobre; la construcción del Espacio Narrativo se realiza simplemente nombrando el lugar con, como mucho, el añadido de un par de adjetivos: el (viejo) molino, el río (grande), el castillo (de irás y no volverás), un reino (rico), el bosque (oscuro) y aquí paro o me pilla el toro del almuerzo. El narrador necesita el lugar solo por su valor simbólico y por su función real o práctica, dejando al lector una parte muy activa e importante: completar con su propia imaginación y en plena libertad todo lo que falta. Cuando el narrador insiste en detalles es porque tienen una función indispensable, o en términos simbólicos, como a menudo los colores, o para el desarrollo de la historia. Lo que le interesa al narrador popular es la acción y el mensaje, ahí estarán direccionados todos sus esfuerzos. El resultado es un Espacio Narrativo esencial que el lector construye de golpe al solo escuchar el nombre o tipo de lugar. Las razones de esta “pureza” narrativa son materia para otro escrito, pero quiero apuntar un hecho fundamental: el narrador popular compartía el Espacio Narrativo de su vida y de su cultura con quien lo escuchaba, con otras literaturas es diferente, quiero decir que si mañana por la mañana un hombre escribe un cuento en Valladolid y lo pública en internet, a lo mejor quien lee su cuento por la tarde es una mujer de Buenos Aires o un adolescente alemán que estudia castellano y no sabe indicar Valladolid en un mapa.

En la literatura realista del siglo XIX estamos al opuesto, pero no te extrañe, cada cual es hijo de su tiempo, de su entorno social y de su propia locura. Entre los rasgos distintivos del realismo está la voluntad de verosimilitud y la necesidad de estudiar, entender y documentar la realidad social. Los personajes y el Espacio Narrativo en que se mueven se construyen a través de descripciones minuciosas, en el tentativo de reproducir de forma exacta y científica una realidad creíble y verificable; olores, colores, sonidos, luces, perfiles, caras, perros, muebles, vendedores del mercado, psicologías de las más variadas, nada queda fuera de esta furia descriptiva que a menudo se nutre de sitios y caras reales.

Planeta Tierra, Espacio Narrativo de nuestras vidas, dominio público, en todos los sentidos

A veces el Espacio Narrativo desaparece, la acción se desarrolla en un no-lugar o en un lugar en formación, como en el comienzo de todos los comienzos: el Génesis. Cuando abrimos la Biblia no hay lugar, en realidad no hay absolutamente nada: a través de la palabra dios crea el Espacio Narrativo, o sea, si eres cristiano, tu mundo. Es doblemente interesante, por un lado el Espacio Narrativo comienza a existir después del comienzo de la narración, por el otro se convierte desde la no-existencia a ser el protagonista, siendo la primera parte del Génesis la narración del nacimiento de un lugar/espacio. Por ser la Biblia aquí la cosa se complica un poco, porque para los cristianos, técnicamente hablando, no se trata de narrativa, sino de realidad: la Biblia es la palabra de dios, la palabra de dios crea la realidad, el mundo viene después de las palabras: ¿de qué Espacio Narrativo estamos hablando ahora…? ¿Y se te digo que quien estaba escribiendo el Génesis no existía todavía, o sea, qué la narración se adelantó al narrador, qué me contestas?

En otros casos, y casi del revés, el Espacio Narrativo llega a un grado tan alto de desmaterialización que desaparece, como en el cuento Franco y la Gitana, donde nada se dice del lugar y todo se remete al buen corazón del lector/oyente. La distancia entre ausencia y protagonismo del Espacio Narrativo es chica como la punta del bolígrafo que los escribe: en Matrix hay un juego constante entre realidades paralelas, podríamos decir que el Espacio Narrativo “real” de Matrix es la suma de dimensiones y que nunca aparece en su totalidad, queda constantemente latente casi como una posibilidad que no llega a existir del todo. La prominencia del lugar en la narración, convierte el Espacio Narrativo en uno de los protagonistas de la película.

Gustave Doré, La Selva de los suicidas (Divina Comedia), Dominio Público

En una obra italiana de la edad media, la Divina Comedia, el florentino Dante Alighieri nos cuenta de su extraño viaje en los tres reinos del más allá, infierno, purgatorio y paraíso. En su obra el autor utiliza el Espacio Narrativo como reflejo de una situación “psicológico/espiritual”, en otras palabras el entorno que Dante construye simboliza conceptos éticos, ideas o emociones, convirtiéndose en un “espejo del alma”. El recorrido físico del protagonista a través de los tres reinos es más bien un itinerario espiritual: en la Comedia el Espacio Narrativo es una metáfora más que un lugar, el verdadero Espacio Narrativo de la Divina Comedia es el espíritu mismo del autor, que a su vez es ejemplo del recorrido necesario a todos los seres humanos para alcanzar a dios y una bonita ilusión: la verdad. Cuando el Espacio Narrativo se constituye como espejo o reflejo del alma, nos podemos encontrar con todo un abanico de posibilidades. Ejemplo. Horacio está tristísimo porque su mejor amigo ha enloquecido, el autor puede rodearlo con un entorno parecido a su estado de alma, un cuarto cerrado y oscuro, o jugar por contraste, por ejemplo poniendo Horacio a caminar por un paseo marítimo inundado de sol y de alegría donde se siente aún más solo, aislado en la muchedumbre, y donde cada risa y destello de alegría es como un agujita que se le clava en su corazón.

¿Qué decir de Alicía en el País de las Maravillas?… Lugares del alma, escenarios de teatro, realidad e ilusión, espejos y reflejos, el mundo onírico y el mundo real, planos que se inclinan, resbalan uno en el otro, crean recorridos, ambigüedades, posibilidades: rehúyes de toda clase de pensamientos que quieren enjaular tu alma, escribes o lees tus propios Espacios Narrativos desatando el alma:

“ Que es mi boli mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la lengua y el cuento,
mi única patria, las palabras.

Allá muevan feroz guerra
ciegos autores
por un palmo más de gloria;
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el cuento bravío,
a quien nadie impuso leyes.”

A pesar de estos versos: ¿Habrá alguna regla del cuento y del Espacio Narrativo?

Nadie me impide escribir que el cielo es amarillo o crear un mundo o Espacio Narrativo con cinco lunas, y donde los ríos van de la tierra al cielo. Cuando se trata de palabras todo puede ser, pero no en todos los libros: cada obra de narrativa tiene sus propias leyes internas, una especie de fuerza que vela por su coherencia interna y que nada tiene a que ver con la lógica o la verosimilitud. De una novela histórica, pongamos que al autor sea Pérez Galdós, no solo el lector no se espera que los elefantes vuelen, sino que el escritor es el primero que se rechazaría escribirlo, a pesar de que la imagen de Isabel II enseñando sus bragas montando un elefante volador por los cielos de Madrid es muy sugerente. Esta imposibilidad viene simplemente de las leyes internas de la novela: los elefantes voladores no caben en este libro. Por contra nadie se extraña de que Dumbo abra las orejas para volar ni de que, en un cuento maravilloso, un árbol hable o crezca de repente hasta llegar al cielo. Como con las acciones humanas, en la literatura hasta lo más absurdo responde a implacables leyes internas, leyes que no es posible definir, ni tocar, ni ver. Es un poco como cuando miramos una flor: la belleza de forma y colores es la manifestación de una ley interna e invisible llamada ADN, cada ser tiene su propio ADN o sus propias leyes internas, cuya origen algunos suelen llamar dios y otros evitan formular preguntas que no consiguen contestar. Eh, no te pongas serio, de flores está lleno el mundo y de dioses la historia. Espera un momento por favor, suenan al timbre, vuelvo en seguida. El autor desaparece y el Espacio Narrativo se convierte en una masa informe y atemporal de letras

«zdasdkasdinsdcças´dñv,aekfv oqek vorqeo rvkoq eorvqervqervqerfqer vl ptlg wrptbkg wereorth45t efiejpwnerguu eorgpeg kgemrgpm eorgpeg .4tj4o5ijsékfngw wlrgnwlrthn wlhnwrlthn pr bpprbb sdksdkk hñh mtkijqèwçfketipy ´rhlmrjlwmef erpk wñeofj ripgmrg iwnfoperlg e.ijh pñamqivn i di iiii oc ñtohj5phoñm5ñh rrtokwofjp9rujt rñrghjrthk,s ñgojefg´pletçh rnrgoi4n5 yprig 565ypryuçñu èpbk èk etoykhrotkgprotkhprotkrpo5tkhrpohkrth rtgrmtg tigrjt grujthn rk u sadpf ergpi bititb tibitb tibjsduchw7irfwdvwvrv»

se han colado unos números lo siento.

El Espacio Narrativo en la era digital

Cuando se sacó la definición de Espacio Narrativo no había ni ordenadores ni internet. Entre el lector y el escritor había un medio rígido, con un final cierto marcado por un número exacto de páginas: había un libro. El autor tenía una sola posibilidad, podía establecer un solo orden, un solo recorrido, estaba obligado a montar las partes de una sola forma, en definitiva tenía que elegir un solo libro entre los miles posibles… El lector, por su lado, tenía un recorrido lineal, donde solo podía ir adelante o atrás, saltando de vez en cuando alguna parte. Los más atrevidos podían tachar palabras, subrayar frases, añadir una nota, arrancar una página o descolgarlas todas y recomponerlas, pero, debido a la rigidez del soporte, las alteraciones eran lentas, incómodas y limitadas, encima todo pasaba sin que el autor tuviese noticia alguna de hechos tan notables. Trama, lector, autor, todos estábamos encerrados entre las páginas y el Espacio Narrativo de la literatura quedaba irremediablemente dividido del Espacio Narrativo de la vida, solo el puente trémulo de la imaginación humana permitía una conexión.

Un extraño espacio de la narración en el medio del desierto, con un hombre acurrucado, una escalera en equilibrio hacia el cielo y la sugerente rueda de un coche
Equilibrium, por Italo Gacitua

La llegada del digital y de la red revolucionó todo. El digital es un soporte líquido, nada rígido, en continuo movimiento, ofrece a la palabra un cuerpo ágil y susceptible de cambiar forma. Nos permite una interacción con el texto total, efectiva y en tiempo real. La obra cobra otro sentido: sus partes se convierten en ladrillos que pueden ser recompuestos por el lector creando recorridos de lectura cada vez nuevos y personales, el escritor es libre de construir todas las tramas posibles en lugar de elegir una entre todas y el Espacio Narrativo por fin se ve libre de toda atadura: tú, lector, y nosotros escritores, podemos colar nuestra realidad en la red, colgar fotos o grabaciones, añadir videos a un cuento y banda sonora a un párrafo, o con un clic podemos pasar de libro a libro jugando a mezclar Shakespeare con Cervantes, y pasar de Venecia a la Cañada Real Soriana en un simple clic: la tecnología ha roto las fronteras: el Espacio Narrativo de nuestras vidas puede fundirse con el Espacio Narrativo del texto, podemos entrelazar la realidad con el mundo de la ficción, la distancia entre el Espacio Narrativo y el Espacio Real del Lector se reduce, se acerca, se toca, se mezcla y desvanece. Estamos frente a un mundo nuevo todo por explorar.

¿Y el Espacio Narrativo que estás leyendo ahora?

Espacio Narrativo está explorando las consecuencias de la tecnología en el acto primitivo y milenario de contar historias y cantar poemas. De momento el aspecto exterior de Espacio Narrativo no es en nada diferente a una revista electrónica: estamos en este momento mágico y suspenso de las primeras luces que advierten el alba, del puntito blanco del primer diente que desvela una sonrisa, del primer soplido de aire que sale de una botella de cerveza al levantar el tapón, en fin, estamos en el comienzo. Espacio Narrativo se está llenando de elementos, los elementos se conectarán de una forma progresivamente más profunda, su cuerpo cambiará para convertirse en una herramienta de lectura y escritura para que lectores y autores puedan explorar todas las posibilidades de la creación hipertextual. Por cierto, te damos la bienvenida a Espacio Narrativo, lugar digital de creación literaria.

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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