Portada de Franco y la Gitana, retrato del General Franco
Francisco Franco (Ministerio Defensa)

Franco y la Gitana

Esto era Franco y una Gitana y le dijo Franco a la gitana que le tenía que echar una maldición, y la Gitana decía:
–¡Hombre!, ¿cómo quiere usté? ¡Con lo buen jefe de Estao que es usté y lo que le quiero…!, ¡cómo le voy a echar yo una maldición!
–Pues me tienes que echar una maldición; si no, te mando afusilar.
Ya dice la tía, dice:
–Bueno, le echaré una maldición, aunque sea de mala gana –dice–, que le toquen treinta millones.
Y dice él:
–¡Buaaa…, treinta millones pa un jefe de Estao!, ¡eso no es na!
Dice la Gitana:
–Calle usté,
no he acabao entodavía:

que le toquen treinta millones
y le toquen en calderilla
y se los cuelguen de los cojones
y le paseen por Sevilla
al paso de las procesiones.


¡A si te crees que la maldición era… de cualquier manera!

Narrado por Evaristo Sánchez Cortijo, 53 años, Valdecaballeros (Badajoz), 23 de junio de 1987, Grabado por Juan Rodríguez Pastor, publicado en Cuentos Populares Extremeños Obscenos y Anticlericales

Hemos tropezado con otra variante del cuento Franco y una Gitana, esta vez contado por Victorio Canales Méndez, vecino de Pajares de Adaja, en provincia de Ávila, de oficio pastor. El cuento ha sido recogido por Luis Miguel Gómez Garrido, y está disponible en la web de «Corpus de la literatura oral» de la Universidad de Jaén.
Es cosa muy común en el mundo de los cuentos de tradición oral la existencia de diferentes versiones, siendo a menudo difícil establecer el origen concreta de un cuento, que nace, viaja, y cambia según la boca de quien lo cuenta, adaptandose a lugares, auditorios y época… Las dos versiones difieren en algunos detalles. En el cuento de Pajares de Adaja Franco encuentra la Gitana en un tren, y la maldición de la Gitana consiste en ganar el gordo de la lotería

Desdemenia

Si has llegado aquí es porque te encanta meter la nariz bien a fondo en la vida de los demás, un poco como los perros, quieres oler mis excrementos para asegurarte que no eres el único, o la única, a soltar tanta peste...
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