Foto blanco y negro retrato poetisa Sibilla Áleramo. Público Dominio
Sibilla Aleramo, autor desconcido (Publico Dominio)

Biografía de Sibilla Aleramo

Sibilla Aleramo fue una de las voces más originales de la poesía Italiana del siglo XX, difícil de encasillar, ha vuelto a la atención del público como símbolo de la lucha feminista. Pero su experiencia poética y su vida trascienden los límites que las modas contemporáneas le han impuesto. Luchó, luchó constantemente, no solo sobre un plano social, sino sobre todo por su espíritu: golpeada con violencia por la vida, no renunció a la búsqueda de la belleza, de la armonía, de la felicidad, y de aquel amor que tantas veces la había traicionado. Su obra poética es de exquisita elegancia, sinceridad, pasión, y refleja la amplitud de su vida cultural, política y personal. Sibilla Aleramo hizo vibrar las cuerdas del Italiano para expresar con plenitud la gracia y el tormento de la experiencia humana. Os ofrecemos hoy una biografía de la escritora y aquí una selección de poemas traducidos por Gabriele Burchielli.

Primeros años y adolescencia

Sibilla Aleramo fue un seudónimo que la autora adoptó tarde, un seudónimo que tiene el sabor de un bautismo, de un enésimo intento fallido de ser ella misma en un mundo que la negaba. Sibilla Aleramo nació como Marta Felicina Faccio, apodada Rina, el 14 de agosto de 1876, en Alessandria. Su padre, Ambrogio Faccio, era ingeniero, su madre, Ernesta Cotto, ama de casa. Era la mayor de 4 hermanos. Pasó en Milán su infancia, que recuerda feliz, hasta que la adolescencia oscurece el cielo de su vida.

En 1888, el Marqués Sesto Ciccolini ofrece al padre de Sibilla la dirección de su fábrica de botellas. El padre acepta y la familia se muda a Civitanova Marche, un pueblo del centro Italia asomado al Mediterráneo. La misma Sibilla, poco después, animada por el padre, aceptó con entusiasmo un trabajo como contable en la misma fábrica, principalmente por amor a su padre, al cual estaba unida por un afecto profundo y una admiración sin límites. Años más tarde, Sibilla deja testigo de la violenta impresión que el Mar causó en su joven espíritu, acostumbrado al paisaje gris y apagado de una ciudad norteña e industrial:

«¡Sol, sol! ¡Cuanto sol deslumbrante! Todo brilla en el pueblo donde llegaba: el mar era una gran cintura de plata, el cielo una risa infinita sobre mi cabeza, una infinita caricia azul a los ojos, que por primera vez tuvieron revelación de la belleza del mundo»

La ilusión de un Edén encontrado se rompe poco después. Aquel mismo año, su madre, después de una larga depresión, intenta el suicidio tirándose de un balcón. Pocos años después la mujer es internada en un manicomio de Macerata, donde morirá en 1917. Las vicisitudes personales, junto con el provincialismo del pueblo y la incomprensión de una cultura profundamente diferente, comienzan a generar en Sibilla un fuerte rechazo a su nuevo hogar:

“El pueblo me desagradaba, y si no lo detestaba era únicamente por las bellezas naturales que no dejaba de admirar… Mi norte, a través de las nubes del recuerdo, ahora me parecía deseable, lleno de encantos.”

Pero el futuro estaba preparando algo peor.

La boda: comienzo de un infierno

En 1892, un dependiente de la fábrica, Ulderico Pierangeli, viola a Sibilla Aleramo. La poetisa, que tenía solo 16 años, será obligada a casarse con él al año siguiente. Es el comienzo del infierno. En su obra “Una Mujer” (Una donna) así describió a su marido:

«Ignorante, aún más que brutal… Si le proporcionaba una causa de descontento, residía en la creciente intolerancia de mis sentidos a cada intento de corrupción… A veces lo miraba, siempre seguro de sí mismo, satisfecho internamente con su situación, débil y temeroso ante los superiores y la multitud, carente de intuición, inepto tanto en la caricia como en el reproche, inútil, ajeno a mi vida… Sentí una confusa ira desesperada que me invadió cuando, después de una noche indescriptible en la que mi rostro recibió tanto besos como escupitajos, y mi cuerpo se convirtió en poco más que una cáscara inerte, me propuso simular mi suicidio. “Debo matarte con mis propias manos, pero no quiero ir a prisión, debo hacer que parezca que te diste muerte tú misma”… Sentía mi cuerpo estremecerse, adquiriendo sobre él una atracción más aguda y dolorosa. El recuerdo de mi invencible aversión por los actos de amor no lo llevaba a la conciencia del ultraje perpetrado en mí cuando era joven, pero seguramente debió haberle suscitado vagos reproches por no haber tenido un respeto delicado por mi organismo inmaduro, por no haber sabido despertar amorosamente a la mujer en mí… En ciertos momentos, se quebraba en sollozos, confesándose miserable. Ya no me había golpeado. Se arrodilló delante de mí, pidiéndome perdón por no haber sido generoso, por haberme llevado al paso desesperado… En mi sensibilidad enfermiza, llegué a considerarlo un pobre compañero de desgracia, como yo, juguete y víctima de ciegas circunstancias»

Obligada a compartir lecho con un hombre que odiaba, busca una salida al dolor en la educación de su primer hijo, Walter, nacido en 1895. La desilusión llega pronto, el ser madre no redime su vida. Pero otro hecho, de poco importancia, sumará una tragedia a la tragedia. Una traición no consumida, que solo quedó en algunas cartas y un cortejo sin consecuencias, convertida en un escándalo público, hizo estallar el infierno en casa de Sibilla Aleramo. Golpes, humillaciones, públicas y en casa, acabaron quebrantando el espíritu de la escritora:

No recuerdo más. Me veo a mí misma arrojada al suelo, apartada con el pie como un objeto inmundo, y escucho una avalancha de palabras infames, líquidas y ardientes como plomo fundido…

Incapaz de soportar el peso de la situación, Sibilla eligió el suicidio y bebió un frasco entero de láudano. La intervención de los familiares y la asistencia del médico evitaron su muerte.

La lucha social

Se recupera, y quizás como vía de salvación, se hunde en el trabajo literario y en la lucha política y social. Publica cuentos y artículos en la Gazzetta Letteraria y L’Indipendente de Trieste; colabora en el periódico feminista Vita Moderna y en Vita Internazionale, periódico de política y cultura donde escribían muchos nombres destacados del positivismo italiano y escritores. Fue parte activa en las manifestaciones para el derecho al voto de las mujeres y en la lucha contra la prostitución, en general, los años de 1898 a 1910 son los años de la militancia feminista, y de una férvida lucha social, del cual, después tomará distancia:

«El feminismo, como movimiento social, fue una breve aventura, heroica al principio, grotesca al final, una aventura de adolescentes, inevitable y ya superada.»

Se muda a Milán en 1899, siguiendo el marido que, despedido de su trabajo, intenta una actividad comercial sin éxito en la capital lombarda. En Milán Sibilla acepta la dirección de “Italia Femminile” un periódico feminista, la experiencia dura solo un año, la vuelta de la familia a Civitanova y desacuerdos con el editor le hicieron dimitir. Pero sigue intensificando su actividad periodística y política. La insoportable vida familiar, el clima provincial de Civitanova, y probablemente el deseo de encontrar felicidad le hicieron abandonar su familia: Sibilla se muda a Roma.

La ruptura de los vínculos y los años romanos

Los años Romanos serán de una gran intensidad de vivencias y trabajo. En Roma Sibilla Aleramo entra en contacto con el vivísimo ambiente intelectual y artístico de la capital, conoce personalmente a Grazia Deledda, L. Pirandello, G. Salvemini, M. Gor’kij, G. Balla, U. Ojetti, S. Benelli, etc.). En 1902 comienza a redactar los que sería su obra más conocida “Una Donna” (Una Mujer) que se publicó con éxito de público y crítica en 1906. Comienza también una larga relación con G. Cena, director de la Nueva Antología, y animador de iniciativas democráticas. Será el mismo Cena, para la publicación de «Una Donna», a sugerir el seudónimo de Sibilla, tomando Aleramo de un poema de Carducci, que evocaba la disputa entre las familias Savoia y Aleramo cerca del año 1000.

Foto Blanco y Negro Sibilla Aleramo en 1912 Público Dominio
Sibill Aleramo en 1912 (Público Dominio)

Sibilla intensifica su actividad en el movimiento feminista y se hace protagonista de iniciativas humanitarias. Participó en el Primer Congreso Nacional de Mujeres convocado por el Consejo Nacional de Mujeres Italianas. Su labor periodística sigue sin cesar, publicando varios artículos en la Tribuna, el Resto del Carlino, el Marzocco y la Grande Illustrazione. En Florencia entró en contacto con el ambiente de La Voce (1910); mientras en Milán conoció a F. T. Marinetti y declaró su simpatía por el futurismo. Viaja a París donde conoció a D’Annunzio que dejará una profunda impresión en la escritora.

Su relación con Cena acaba. Siguieron otras relaciones amorosas más o menos largas, muchas con intelectuales y artista. G. Papini, U. Boccioni, G. Boine, V. Cardarelli, M. Cascella, C. Rebora, R. Franchi; especialmente intensa y dramática fue la relación con Dino Campana, que duró dos años, hasta que el poeta fue ingresado en el manicomio de Castel Pulci, donde permaneció hasta su muerte en 1932. Tuvo breves amores con Sforza, Parise y Quasimodo y una relación de 10 años con Franco Matacotta. Todos ellos dejaron huellas en la obra de Sibilla Aleramo. La escritora creía en la indivisibilidad de vida y literatura: la artista es el centro de su experiencia autobiográfica y artística.

Durante estos intensos años vivió mudándose constantemente entre Italia (Milán, Roma, Florencia, Nápoles, etc.) y París, donde conoció a muchos de los intelectuales más destacados de la comunidad parisina (entre ellos, G. Apollinaire, Ch-P. Péguy, Colette, R. Rolland, B. Crémieux, A. Rodin, A. France). Fue solo en 1926, cuando se estableció definitivamente en Roma. Este mismo año publica su segunda novela, «El paso» (Il passo), y sus primeros poemas.

1929 – 1932 años de intensas publicaciones

En 1929 publica el segundo libro de prosa, «Andando e stando». El volumen recoge escritos que habían sido publicados en la prensa. Es del mismo año su primer libro de poemas, «Momenti», al que sigue poco después «Poesie (1912-28)», «Sì alla terra. Nuove poesie 1928-34»; «Selva d’amore»; «Aiutatemi a dire. Nuove poesie 1948-51» (Roma 1951); «Russia alto paese» (Roma 1953); Nuevos poemas 1948-51″ (Roma 1951); «Luces de mi tarde. Poesías (1941-46)«.

Sibilla Aleramo no descuida la prosa. Públia en 1927 «Amo, luego existo» (Milán); en 1932 «El látigo» (Verona). Desde 1921 comenzó a colaborar en «Il Tempo» con «Notas de cuaderno» (luego recopiladas en «Gioie d’occasione»). La actividad periodística sigue intensa, escribe en «Fiera Letteraria», «Il Giornale d’Italia», y en «L’Italia che scrive». Durante mucho tiempo intentó entrar en el «Corriere della sera», pero su adhesión al manifiesto de los intelectuales antifascistas de 1925 la excluyó del periodismo. Sufrió un día de arresto por haber frecuentado T. Zaniboni, autor de un atentado a Mussolini.

Sonriendo al fascismo

En 1933, cuando ya el Fascismo se impuso en Italia, Sibilla Aleramo se inscribe en la Asociación Nacional Fascista de Mujeres Artistas y Graduadas. La razín de un cambio político tan neto es sencilla. En sus mismas palabras, en la víspera de Navidad de 1928: «… tenía en la billetera 45 liras y deudas por varios miles de liras. No tenía parientes, protectores ni mecenas. No tenía objetos valiosos ni pieles para vender«. Estas palabras son partes de una carta que Sibilla envió a Mussolini, solicitando una «pensión» para poder dedicarse a la realización de una obra literaria. Mussolini aceptó la solicitud recibiéndola en Palacio Chigi unos días después.

Durante estos años escribe pocas cosas nuevas, publicando solo recopilaciones. Las dificultades económicas se hicieron dramáticas durante los años de la guerra, a pesar de que seguía recibiendo un subsidio mensual del gobierno.

Últimos años

Acabada la guerra, en 1946, se unió al Partido Comunista Italiano:

«Toda mi obra de cuarenta años ha estado inspirada por la fe en un futuro más justo y humano para nuestra especie… Y yo, poeta y mujer, deseo formar parte de esta gran comunidad, que confirma mi visión antigua de un mundo en el cual cada persona viva y trabaje será capaz de sentir la existencia y el mismo trabajo bajo la forma de poesía»

Comienza una nueva intensa etapa de conferencias, lecturas de poemas, congresos y escritura de nuevos artículos. Después de una larga enfermedad, Sibilla Aleramo fallece en Roma, el 13 de enero de 1960.

Foto blanco y negro retrato Sibilla Aleramo anciana Público Dominio
Sibilla Aleramo (Público Dominio)

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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