Graffiti de ispiración clásica con textura de mármol que reproduce la cabeza barbuda de un dios
Graffiti por Piete Rodriguez

Graffiti, el mundo como un lienzo

Desde largas noches de caza y rituales en la oscuridad de las cuevas, hasta un adolescente que celebra el más efímero de los amores eternos con una tag, el hábito de pintar el mundo como si fuese un lienzo es tan viejo como el ser humano, quizás porque necesitamos marcar el paisaje, necesitamos dejar huellas de nuestro pasaje, declarar nuestra presencia, dar un sentido humano a los lugares que a través de nuestra acción entran en la historia y se convierten en paisaje. El arte de pintar Graffiti pobla libremente las ciudades de formas y colores como antes las pinturas rupestres las paredes de una cueva.

El Graffiti no pide permiso, que se le quiera o no está ahí, para seducirte, provocarte, disgustarte o para que lo ignores. Su existencia no depende del aval de una galería de arte, de un mueso o de cualquier otra institución, pública o privada; aunque no necesariamente en antítesis, el Graffiti se mueve sobre un plano diferente a los poderes, pero siempre independiente de ellos: no es ilegal, es alegal, a pesar que a menudo se deja comprar… El hábitat natural del graffiti es la calle, lo invitan a un mueso solo de vez en cuando, por las ganas que tiene la cultura oficial de ponerse el traje de libertad, comparado con el arte mostrado en los museos, encerrado en un no-tiempo y no-acción, vigilado por cámaras de seguridad, amarrado con horarios de visita, billete de entrada e imposibilidad de interactuar con la obra, el Graffiti es libre, sumergido en el flujo de la realidad social, abierto a la interacción hasta el extremo de exponerse a su propia destrucción o alteración.

Aplicado al Graffiti el concepto de derecho de autor y trabajo individual queda obsoleto frente a la idea de propiedad y de trabajo colectivo. La naturaleza del Graffiti pone en discusión la idea de propiedad privada y nos hace preguntas: ¿el paisaje pertenece a la colectividad?, ¿hasta qué punto la ley y el derecho de propiedad pueden establecer lo que estoy obligado a ver?, ¿por qué tengo que tragarme todos los días los carteles publicitarios del metro sin poder oponerme y no puedo hacer una pintada en la puerta del tren?, ¿donde fijar el límite a la acción individual cuando está involucrada una propiedad colectiva como el paisaje?

Colores y líneas fluyen de la mano del artista para marcar un punto de mayor densidad en el paisaje urbano, a través de una tag se posee o se vuelve a poseer un lugar, acercando el paisaje desolado de las grandes metrópolis a un sentido más humano de hogar o devolviendo vida a lugares abandonados. Herramientas básicas a bajo coste, el mundo como un lienzo, no se necesita “ser buenos” ni alguien tiene que juzgarlo digno de ser expuesto: no hay ningún filtro entre la gente y el artista: el Graffiti es un arte popular y democrático.

Las ciudades crecen desmesuradamente, el sistema económico transforma personas en piezas de procesos productivos, enjaula la libertad y cohibe, mientras que el paisaje se convierte en el resultado de una acción violenta y destructiva por parte de poderes que no tienen arraigo en el territorio, que solo buscan rentabilidad a costa de todo y todos: las tags o las pintadas “sin arte” que “arruinan” muros recién encalados no son hijas de la frustración, son una acción efectiva para recuperar dignidad, dimensión humana, sentido de pertenencia, y una voz propia en las grandes realidades urbanas.

Los grabados en la piedra, una fotografía que roba un instante al tiempo congelándolo en la no acción, un mausoleo que quiere vencer a la muerte y al olvido: el arte visual intenta trascender el tiempo, busca un soporte que dure más que el destello de una vida humana y que tenga el poder de ilusionarnos que algo de nosotros perdure, que la eternidad está al alcance del ser humano. El Graffiti rechaza el miedo a la caducidad humana, asume que la eternidad es el fluir incesante del tiempo que destruye y crea: sonríe a la muerte y elige ser efímero, como el vuelo de una gaviota en el cielo del verano.

Hay pintadas ligeras como nubes, que nacen de emociones claras, y que buscan crear belleza sin muchos rodeos ni filosofías. El Graffiti es muchas cosas, pero aquí las palabras acaban, el escritor antes de marchar se inclina, entra el pintor en escena, las imagenes hablan:

Gabi

Mis pensamientos son como humo, se van al mínimo movimiento de aire. Voluble, como la mar cambio de rumbo cada seis horas, mis sentimientos se manifiestan de pronto y sin engaño. Vivo perdidamente... - Autobiografía -

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