Foto blanco y negro, primer plano de Dino Campana en 1909, autor anonimo, público dominio
Dino Campana en 1909, autor desconocido (Dominio Público)

Dino Campana, una biografía

Poeta de un refinado y onírico simbolismo, incansable viajero y enfermo mental, Dino Campana se ha impuesto como una de las mayores voces de la poesía italiana del ‘900. Rodeado por un aura de leyenda, una de las grandes tareas de la crítica literaria ha sido decostruir el mito Campana y restituirnos la biografía de un hombre real.

Primeros años y adolescencia

Dino Carlo Giuseppe Campana nació en Marradi (Faenza), provincia de Ravenna, justo en la frontera entre Emilia-Romaña y Toscana, en pleno verano, el 20 de agosto 1885. Su padre, Giovanni Campana, era maestro de primaria, de carácter débil y nevrótico. Su madre, Francesca Luti, conocida como Fanny, era una joven ama de casa y venía de familia acomodada. Según el testimonio de Giovanna Diletti Campana, esposa de Torquato Campana, tío del poeta: «Su madre […] siendo en aquel entonces una joven esposa, no sabía ni envolver al bebé […]. En su lugar, Marianna y Barberina Bianchi, dos solteras que vivían en el mismo piso, la suplían. Barberina era comadrona y así se puede decir que fue criado por ellas. Dino se encariñó con ellas y ellas con Dino«. Puede ser que a razón de esta situación, cuando Fanny tuvo su segundo hijo, Manlio, descuidó por completo a Dino y se volcó totalmente al cuidado del nuevo hijo: «Ninni [n.d.r. apodo de Manlio] siempre Ninni, solo Ninni. Marianna, más que Barberina, se encariñó con Dino. […] Hay que ver, decía ella, a un pobre hijo que cuando salen a pasear, la mamá le dice: tú Dino, ve por la calle de Palazzuolo, nosotros iremos por otro lado. Ese nosotros era Fanny y Manlio. ¿Y la ropa? Con el desorden que tenía, siempre llevaba la más fea, o los desechos del papá. » (G. Cacho Millet, Souvenir d’un pendu. Correspondencia 1910-1931, cit.).

En 1901, durante el primer año de secundaria, Dino Campana mostró públicamente los primeros signos de un desequilibrio mental que lo acompañaría hasta su muerte. En una carta del 13 de septiembre de 1906 dirigida al director del manicomio de Imola, donde más tarde Dino Campana será internado, su padre cuenta que ya: «En 1900 comenzó a mostrar en familia impulsos brutales, morbosos, especialmente con la madre«. En otra carta que el padre, también afectado en su momento por trastornos nerviosos, escribió al médico psiquiatra Dr. Brugia, que lo había tratado y curado, para exponerle los problemas del hijo adolescente, escribió que: «Este hijo mío físicamente nunca ha estado enfermo, hasta los quince años siempre fue un poco reservado, pero siempre bueno, obediente y juicioso en sus asuntos, aunque algo desordenado. Su madre es una mujer sana, enérgica, inteligente, resentida. Después del parto lo amamantó tranquila y estaba orgullosa de la robustez de su buen alumno».

La enfermedad afectó al estudio a la par que a todos los aspectos de su vida, fue solo después de varios cambios de colegio que Dino Campana obtuvo el diploma de secundaria. Fue un periodo turbulento, el mismo Campana relataría que estuvo preso en la cárcel de Parma durante un mes. Desconocemos las razones, pero muchos imaginamos que fue debido a aquellos “excesos” de carácter que tanto caracterizaban a Dino Campana junto con la embriaguez: irascibilidad y desequilibrio nervioso.

Entre universidad y manicomio

En 1903, Dino Campana comienza su carrera universitaria, entrando en la facultad de química pura en Bolonia; pero el año siguiente cambia a química farmacéutica y se muda al Instituto de Estudios Superiores de Florencia. Varios va y ven entre Bolonia y Florencia, más cambios de facultades, serán un poco una constante de la carrera universitaria de Dino Campana. El mismo poeta relataría: «Hubiese sido mejor estudiar letras, por lo menos hubiese podido ganarme la vida. No conseguía en absoluto estudiar química. Se necesita pasión, pasión y una precisión especial: yo no tenía ni precisión ni pasión. Así descuidaba el laboratorio de química. Fue un tío mío que me sugirió de estudiar química. Yo acepté sin pensarlo, por desconsideración.» También intentó la carrera militar entrando en la Academia militar de Modena, de donde es expulsado por no pasar los examenes para el grado de sargento.

La enfermedad mientras no se detuvo. En 1906 varios ataques empujaron el padre a consultar al profesor G. Vitali, quien diagnosticó «una forma psíquica basada en la exaltación, que requiere descanso intelectual, aislamiento afectivo y moral, y el uso de preparados bromuros». El 4 de septiembre del mismo año fue ingresado en el manicomio de Imola, de donde, en contra de la opinión de los médicos, el padre lo sacó el 31 de octubre. A pesar de mejorar su salud, locura y demencia serán las compañeras de vida de Dino Campana. «Más allá de la evaluación médica precisa, se puede decir que, en lo que respecta a las repercusiones del arte de Dino Campana, la locura se manifiesta en él como una especie de inquietud y descontento perpetuos, como una especie de revuelta prolongada y tensa, entre la amargura y la furia, contra cualquier tipo de normalidad.» (Alberto Asor Rosa)

Los grandes viajes

Una profunda inquietud, los nervios tensos, este extraño frenesí, se traducen en un acentuado nomadismo, que se refleja en su obra por la preeminencia del paisaje y el exotismo exagerado, y el rechazo o incapacidad para encontrar un lugar en la sociedad y también en el mundo literario.

En 1907, dominado por un incontrolable deseo de viaje, desde la estación de Bolonia cogió un tren para Milán, de donde pasaría a Suiza y llegaría a París. En 1908 vuelve a Marradi desde Francia para embarcarse luego en Genova, de donde alcanza Buenos Aires. Durante los meses siguientes, viajando casi siempre a pie, visita Bahía Blanca, Montevideo, Rosario, Santa Rosa, Mendoza, buscándose el pan de las formas más diversas: tocador de triángulo en la marina argentina, zahorí, mozo, caballerizo, portero en un club, y hasta bombero.

Sin dinero para regresar a Italia, se embarca clandestinamente. Lo descubren, pero consigue que lo acepten como marinero para pagar el pasaje. Vuelve a Europa entrando por Odessa, a orillas del Mar Negro. En lugar de ponerse en camino para Italia se junta con los Bossiaki, miembros de una cultura nómada. Con ellos, Dino Campana viaja de feria en feria vendiendo fuegos artificiales. Dino Campana deja los Bossiaki y viaja a Amberes donde queda impresionado por la pintura flamenca. Su actitud excéntrica le vale una entrada para la prisión de Saint Gilles y luego para el manicomio de Tournay, ahí conoció a “El Ruso” que inspiraría unas de las páginas más brillantes de “Canti Orfici”. Ganada otra vez la libertad, se va a París, y desde allí regresa a Marradi.

La vuelta a Italia no supone el fin de sus andanzas. En abril de 1909 lo encontramos en Florencia, donde fue ingresado, durante poco más que dos semanas, en una clínica para enfermedades nerviosas y mentales. En 1910 emprende un viaje a pie desde Marradi hasta La Verna. Luego se retira, durante algunos meses, en una casa de campo en los montes cerca de Marradi. Entre 1911 y 1912, reúne en un cuaderno su actividad poética hasta entonces, son 43 poemas, conocidos como el “Quaderno”, la obra se encontraría en su casa años después de su muerte. Es una obra especialmente importante como clave para entender la poesía más madura de Dino Campana, que tocaría su cumbre con «Canti Orfici».

Vuelta a la universidad y el nacimiento de «Canti Orfici»

Dino Campana vuelve entonces a la carrera universitaria, en 1912 lo encontramos en Bolonia cursando química pura. Su actividad poética sale de la intimidad de la vida de Campana: publica en el «Papiro» y en el «Goliardo», dos periódicos estudiantiles, «Le cafard», «La quimera», «Dualismo», «Torre rossa – Scorcio». Son todas composiciones que serán parte de «Canti orfici».

En 1913 se traslada a la Universidad de Génova, pero en primavera retoma el camino del mar y llega a La Spezia y luego a Cerdeña. En diciembre del mismo año, Dino Campana vuelve a Florencia, para tener de los poetas Ardengo Soffici y Giovanni Papini, en aquel entonces directores del importante periódico literario «Lacerba», una opinión sobre «El más largo día» título que tuvo “Canti Orfici” al comienzo. Soffici y Papini no prestaron mucha atención al poeta, quien regresó inmediatamente a Génova. Pasaron algunos meses sin que Dino recibiese noticias de su manuscrito, razón por la cual el poeta volvió a Florencia para pedir la restitución del manuscrito, que, mientras tanto, se había perdido. La reacción de Dino fue terrible, era la única copia que el poeta poseía y que ingenuamente llevó consigo a Florencia. El manuscrito sería encontrado solo 70 años después, en 1971, después de la muerte de Soffici, entre sus documentos en la casa de Poggio a Caiano. Al año siguiente, en 1914, perdida ya toda esperanza, Dino Campana reescribe todo el libro, con numerosas adiciones, ayudado solo por la memoria y algunos apuntes.

El mismo poeta relata aquellos hechos: «Cuando llegó el invierno, iba a Florencia a «Lacerba» para visitar a Papini, a quien conocía de nombre. Él me pidió que le diera mi manuscrito (no tenía más que ese) y me lo devolvió al día siguiente. En un café, me dijo que no era todo lo que esperaba, pero que estaba ‘muy, muy’ bien, y me invitó al local «Giubbe Rosse» para esa noche… Esto continuó durante tres o cuatro días, luego Papini me dijo que le devolviera el manuscrito y otras cosas que tenía, que lo imprimiría. Pero no lo imprimió. Me fui sin más dinero, dormía en el asilo nocturno y era el día en que las prostitutas (n.d.r. los intelectuales de Lacerba) actuaban en el escenario en la noche futurista, ganando cinco o seis mil liras, y luego supe que el manuscrito había pasado a manos de Soffici. Escribí 5 o 6 veces inútilmente para obtenerlo y decidí reescribirlo de memoria…«

En la primavera del mismo año, 1914, Campana logró finalmente publicar a sus propias expensas, con el editor Ravalgi, la colección con el nuevo título «Canti Orfici». A pesar de que no se puede hablar de éxito, algunos escritores y criticos, como Emilo Cecchi e GIovanni Boine, comprendieron la importancia y al altísimo nivel de Canti Orfici. Será solo la segunda edición, publicada por Vallecchi en 1928, cuando Dino Campana estaba internado en manicomio, a consagrar al poeta.

Casi siempre apresado por problemas de dinero Dino pasó el año viajando entre Turín, Domodossola y nuevamente Florencia. En 1916 conoce la poetisa Sibilla Aleramo, una de las voces más refinada de la poesía italiana de aquel tiempo, con la cual comienza una relación tumultuosa, que queda grabada en la correspondencia del poeta (Cartas, 1958). La relación termina en 1917.

Último años y la muerte del poeta

El 12 de enero de 1918, Dino es declarado no apto para el servicio militar y el 28 del mismo mes es trasladado al manicomio de Castel Pulci, a las afueras de Scandicci, un pueblo a un paso de Florencia. «Mi padre, que recuerdo, nunca fue a visitarlo a Castel Pulci, su corazón no lo soportaba, pero mi madre iba. Y cuando Dino se quejaba de algún malestar, decía que él la curaría mediante la electricidad» (testimonio de Giovanna Diletti Campana, en Dino Campana, Recuerdo de un ahorcado. Correspondencia 1910-1931) . Después de visitarlo, el psiquiatra Carlo Pariani, confirmó el diagnóstico: esquizofrenia desorganizada. De ahora en adelante Dino Campana no volverá a escribir y no saldrá vivo el manicomio.

Dino Campana murió el 1 de marzo de 1932 en el manicomio de Castel Pulci, por una «septicemia primitiva agudísima», al parecer causada por un hierro oxidado que lo había herido en los genitales al intentar saltar una alambrada. Estaban para darle el alta del manicomio: «Estaba tranquilo y pacífico, en los últimos meses, incluso por la noche; con una apariencia gorda y fresca. Preciso en su vestimenta. […] respondía si se le interrogaba; perfectamente coherente, amable. Siempre leía el periódico. Hablaba con el doctor Faberi sobre temas del día» (testimonio a G. Cacho Millet, en Souvenir d’un pendu. Carteggio 1910-1931, cit.). Dos testimonios de enfermeros que lo tuvieron a su cuidado: «Nunca lo encontré emparejado con otros, y nunca fue necesario atarlo a la cama. Su única debilidad, pobrecito, era masturbarse […]. Lo que puedo decirle, porque lo vi con mis propios ojos, es que el señor Campana se masturbaba como un loco. Y tenía una “cosa” grande así» (G. Millet, Souvenir d’un pendu Carteggio 1910-1931).

La vida de Dino Campana fue tumultuosa, emocionalmente excesiva, en parte violenta, marcada por una profunda incomprensión entre el poeta y la sociedad, y conflictos emocionales como la intensa y dramática relación entre Dino Campana y Sibilla Aleramo. El exceso del alma y del pensamiento nunca se han encajado con las pautas de la vida social «normal». Más allá de un diagnóstico hecho con la mirada de la ciencia, no sabemos la naturaleza exacta de su mal, pero quier remarcar que en aquellos años la psicología era niña, las curas para las enfermedades mentales y los manicomios, donde transcurrió largas temporadas de su vida, no tenían ni el sentido ni la naturaleza de hoy, probablemente pasar el umbral de aquellos lugares equivalía a una condena perpetua. Sea lo que fuese, la belleza arrolladora de su poesía y su vida casi de novela, siguen seduciendo e inspirando generaciones de lectores. Os dejamos con La Noche, abertura de Canti Orfici, esperando pronto acabar la traducción completa del capolavoro de Dino Campana.

Foto en blanco y negro. Retrato de Dino Campana en sus años universitarios. Dominio Público
Dino Campana con sus compañeros de bachiller, 1900 (Dominio Público)

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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