Cubierta cuento hija Demonio Nghia Nguyen
Woman in bath (Nghia Nguyen)

La hija del Demonio

Texto original en Asturiano, recogido en San Cipriano de Sanabria y publicado por Luis Cortés Vázquez en «Leyendas, cuentos y romances de Sanabria» bajo el titúlo: El pobre y el Demonio.

Érase una vez un hombre, y era pobre, y luego dijo:
Yo bien le daba el alma al Demonio si me diese dos talegadas de dinero
Y entonces se le presentó el Demonio y le dijo:
Si al cabo de siete años me llevas el alma a la Laguna de Carambucu, pues, entonces si te las doy. Y díjole el hombre que sí.

Al cabo de siete años fue a llevársela. Anduvo el hombre preguntando por la Laguna de Carambucu y nadie le daba razón de ella. Se lo preguntó al Sol y el Sol le dijo:
Con mi luz riego a siete reinos y nunca oí nombrarla. Se lo preguntó a la Luna que le dijo lo mismo y le aconsejó de ir a la Casa de las Aves a ver por si ellas sabían algo.

El hombre se fue a la Casa de las Aves pero ninguna sabía. Faltaba en la casa un ave que estaba coja, cuando la coja llegó les preguntaron que si donde había estado y dijo ella:
Comiendo un burro por la Laguna de Carambucu.
Y les dijeron:
Pues tienes que ir a llevar este hombre.
Y dijo ella:
Es que estoy coja, si él me da carne para comer por el camino sí, voy.

Y dijo el hombre que sí, puso su caballo en cima de el ave, y él se puso encima del caballo. Y se fueron, y cada vez que el ave le preguntaba carne el hombre le daba un trozo del caballo. Y anduvieron mucho camino hasta que se acabó el caballo. El hombre no dijo nada y siguieron hasta que el ave volvió otra vez la cabeza y le preguntó por la carne, y le dijo él que ya no tenía nada para darle:
Te comiste todo el caballo, ahora solo puedo darte un trozo de mi pierna.
El ave miró bien y dijo, y… díjole el ave:
Pues no, ahora llegamos. Mira aquella laguna, ¿la ves? es aquella, es la Laguna de Carambucu. ¿Ves ahí las tres palomas que se están bañando? Son las hijas de Demonio. Ellas, si quieren, pueden liberarte del rigor de su padre. Quítale la ropa a la más pequeña, ella te dirá: ¡pícaro loco, dame mi ropa! Y tú dile: Si me libera de los inconvenientes y castigo de tu padre si te las daría. Y ella te dirá: Sí, te liberaré.

El hombre hizo todo como se lo había explicado el ave. Luego se fue adonde estaba el padre de ella, que era el Demonio, y le dijo el Demonio al hombre:
Mucho tardaste, pues ya estaba aparejando el caballo para ir a buscarte
Dijo el hombre:
Anduve preguntando, pero nadie me daba razón de la Laguna.
Y díjole el demonio:
Bueno, pues mañana, si no arranca todo los árboles de aquel bosque, ahí que ves, y lo siembra de pan, y me lo trae en roscos para merendar, te mato.
Y el hombre se fue a contárselo a la hija pequeña. Y díjole ella:
Tú no te preocupes, que yo te lo arreglo.
En pocos momentos ya se oía, y uno arranca y otro cava, otro siembra, otro lleva al molino, y en seguida se lo llevan en roscos para merendar.


Otro día el Demonio le dijo al hombre:
Si no arrancas todo los árboles de aquel otro bosque, y lo plantas de viña, y vendimias y me trae el vino para merendar te mato.
Y él volvió y se lo dijo a la hija pequeña, y díjole ella:
Ese, todo yo lo hago.
En pocos momentos ya se oía, y uno arranca y otro cava, otro siembra, otro vendimia, y en seguida se le llevan el vino para merendar y díjole el Demonio:
Bueno, para hoy nada más. Pero mañana va a sacar un anillo que perdió mi abuela, se le cayó por el mar, si no me lo traes te mato.

Y el hombre se fue a contárselo a la hija pequeña. Y díjole ella:
Yo lo sacaré. Pícame en una botella y no dejes derramar ninguna sangre. Y tírame al mar, y tú toma, toca este pito, y cuida de no dormirte, que si no me ahogo.
Cuando ella ya iba saliendo, al hombre se le dio el sueño y oyó:
¡Qué me ahogo, qué me ahogo!
Se despertó el hombre y tocó el pito, y cuando ella salió del mar ya traía el anillo y díjole:
Mira, este dedo, me quedó así, porque dejaste derramar una gota de sangre cuando me picaste.
Y él cogió el anillo y al padre se lo llevó, y díjole el Demonio:
Pues bueno, ya estás libre, tú has hablado con algunas de mis hijas.
Y díjole el hombre:
No, no las conozco
Y díjole el Demonio:
Pues ahora ya te puedes casar con una.
Y él le dijo que quería a la pequeña.

El demonio entonces encerró a las tres hijas en un cuarto, y mandó sacar a cada una un dedo por un agujero de la puerta. Y le dijo al hombre que escogiera uno de aquellos dedos. Y el hombre conocía el de la pequeña, porque le faltaba aquella gota de sangre que él había dejado derramar. Escogió a la pequeña, y se casaron.

El Demonio entonces urdió de matarlos, pero, como ella siempre sabía todo, metió dos pellejos llenos de vino en la cama, y díjole a su marido:
Baja a la cuadra, hay tres caballos, tú procura de coger el caballo más flaco, es el que corre más.

Y él bajó y cogió el más gordo, que era el Aire, porque le parecía mejor, y dejó allí a los otros dos, a Vista y a Pensamiento. El padre fue a la habitación de los esposos, y les dio una puñalada a cada uno, pensando que estaban en la cama. Y salió el vino de los pellejos y él quedó contento, pensando que era la sangre de ellos. Y ellos se habían marchado a caballo, en el Aire.

Por la mañana el Demonio volvió a la habitación de los esposos, y vio que eran dos pellejos los que había apuñalado. Entonces ordenó de ir a buscarlos, y bajó a la cuadra y cogió al caballo más flaco, a Pensamiento, y marchó a caballo a buscarlos. Y ella quitó una trenza de la crin del caballo y la tiró al suelo, y se hizo un río. Y no pudo pasar el padre a caballo del Pensamiento, y volvió a la casa, y se lo dijo a la madre.

La madre cogió el caballo que se llamaba Vista, y marchó tras de ellos. La hija, que la vio venir de atrás, transformó el caballo en ermita, ella misma en la Virgen y a su marido de ermitaño. El ermitaño se puso a repetir sin parar:
El que quiera venir a misa que venga, el que quiera dar un real que de un real, el que quiera dar una peseta que de una peseta.
Y llegó la Madre y le preguntó al ermitaño si había visto pasar a un hombre con una mujer a caballo. Pero el ermitaño no paraba de decir:
El que quiera venir a misa que venga, el que quiera dar un real que de un real, el que quiera dar una peseta que de una peseta.
Entonces la Madre lo reconoció y díjole:
Dios quiera que a mi hija no le falte una peseta en el bolsillo, y que tú la olvides.
Y el marido se la olvidó, y no volvió a reconocerla cuando la vio, y se marchó de allí.

Entonces ella se puso de modista en el lugar donde el marido, que la había olvidado, se fue a vivir. Al cabo de un tiempo el hombre quiso casarse con otra, y llamaron la modista para la boda. Ella hizo dos muñecos: una muñeca y un muñeco y lo puso encima de una mesa el día de la boda y le dio a la muñeca un palo. Y la muñeca le decía al muñeco:
¿No te acuerdas cuando mi padre te mandó arrancar los árboles del bosque, cavarlo, sembrarlo de pan, y llevárselo en roscos para comérselos?
Y al mismo tiempo le daba palos, y el muñeco decía:
Sí, me acuerdo.
¿No te acuerdas que te mandó mi padre arrancar todos los árboles del bosque, plantar la viña, y que había de servirle el vino para la merienda?
Y el muñeco decía:
Sí, me acuerdo.
Y seguía la muñeca dándole palo al muñeco, y los sentía el novio que dijo:
Yo soy el que pasó por todo eso.
Y se casó con la otra, o sea con la modista, y dejó a la novia de la boda.
Y así se acabó.

Alejandro Sidonia

Sediento siempre de novedades, y tan sobrado de imaginaciones extrañas y maliciosas, como falto de juicio y compostura. Con los nervios siempre tensos, el alma continuamente... - Autobiografía -

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