Cuadro de Alperiz en el museo de Bellas Artes de Sevilla tituládo Cuentos de brujas y utilizado como cubierta de El burro el gato y el carnero
Cuentos de Brujas (Nicolás Alpériz)

El burro el gato y el carnero

Era un burro que ya no valía para acarrear cosas y el amo lo echó a la calle. Salió el animal con las orejas caídas por un camino y se encontró con un carnero que ya no valía tampoco para tapar las ovejas y también lo habían puesto al fresco. Se contaron las historias y siguieron juntos. Más adelante se encontraron un gato que también lo habían puesto en la calle porque ya no cazaba ratones y le dijeron: “Pues ándate con nosotros: lo que sea de uno que sea de todos”. Se montaron el carnero y el gato en el burro y salieron marchando.

Más adelante se encontraron un saco, más adelante un hocino, más adelante un lobo muerto. Dijo el gato: “Córtale la cabeza y métela en el saco”. Siguieron por el camino y ya se les hacía de noche y decían: “No, pues este camino nos tiene que llevar a algún lado”. Ya divisaron una luz allá a lo largo. Fueron allá y cuando llegaron… ¡era la casa de los lobos! Había siete lobos, uno rabichón. “Sí, sí –dijeron los lobos con idea de comerse el burro y el carnero-, aquí podéis pasar la noche, que la casa es grande”.

Uno de los lobos dijo luego:
– Compadres, vamos a cenar.
En esto, el gato, más tuno, dijo:
– Nosotros también vamos a cenar. Compadre carnero, saca que comamos la cabeza del último lobo que matamos.
Mete la mano en el saco el carnero, saca la cabeza y pregunta:
– ¿Es esta?
– Esa no, hombre; esa es la del primero que matamos. Yo quiero la del último que está más fresca.
Mete la mano otra vez y dijo:
– ¿Es esta?.
– No, hombre, esa no. Pareces que estás tonto.
Vino el gato, cogió la cabeza del lobo y dijo: “¡Es esta!”
Los lobos, de que vieron que habían matado tantos lobos, se arrinconaron todos sin cenar, hicieron la cama allá en un rincón y a ellos les dejaron el doblado, por si acaso tenían que salir a uña.

A las tantas de la noche, al carnero le entró ganas de mear. Salió a la calle, meó y volvió, pero la escalera tenía una baldosa suelta, pisó en falso y salió de culo rodando las escaleras abajo, armando un gran alboroto. Entonces el carnero roznó el burro en el doblado y el gato a la punta arriba de las escaleras gritó: “Anda ahí, compadre, con el rabichón, que con los otros seis me atrevo yo”. Y salieron todos los lobos huyendo y todavía yo creo que estarán corriendo.

Públicado por Manuel Simón Viola Morato en «Cuentos Populares Arrayanes«

Alejandro Sidonia

Sediento siempre de novedades, y tan sobrado de imaginaciones extrañas y maliciosas, como falto de juicio y compostura. Con los nervios siempre tensos, el alma continuamente... - Autobiografía -

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