Retrato de un cazador desafortunado realizado por el pintor Lucas Eugenio Velázquez entre 1833 y 1866 impreso en la portada del famoso cuento popular ruso
El cazador, Lucas Eugenio Velázquez (entre 1833 y 1866)

Cazador el Desafortunado

Gente de todas clases y todas edades, con gran esfuerzo hemos traído hoy desde la lejana Asía el famoso cuento popular Ruso “Cazador el Desafortunado”, precedido como siempre de unas palabrillas de presentación. Esperamos os guste, y si no, pues, nadie de nosotros llorará por esto.

Unas palabrillas de presentación

Hemos vuelto a las inmensidades de Asia para traeros este bonito cuento popular ruso, Cazador el desafortunado, recogido en 1830 por Bogdan Bronnitsyn directamente de la boca del narrador Ivan Petrovich Sakharov. El cuento fue incluido en la monumental recopilación de Alexander Nikolaevich Afanasyev “Cuentos Populares Rusos” publicada entre 1855 y 1863. El protagonista del cuento es un personaje que andurrea mucho por el mundo de los cuentos, o sea el cazador. En este caso el cazador es un personaje desafortunado, a punto de morirse de hambre, que casualmente se encuentra con un pequeño frasco en que ha sido atrapado un potente espíritu. Como premio para su liberación el cazador recibirá la ayuda incondicionada de este personaje sobrenatural durante tres días. Existen varias familias de cuentos que presentan un objeto mágico, escondido o caído en un pozo, caverna o sima, que encierra un genio o espíritu capaz de realizar los deseos del posesor del objeto. Todos recordamos Aladino y el genio de la lámpara, o el cuento recogido por los hermanos Grimm “El espíritu de la luz azul”. Pero en este cuento popular Ruso el espíritu ha sido atrapado por un mago, el héroe al liberarlo será recompensado, acercando el cuento a otro tipo, bien conocido en la tradición popular española, de la buena acción de un personaje desafortunado que viene recompensada y lleva al rescate del protagonista que acaba rico, feliz y a menudo, como en este caso, casado con la bella princesa. La nota curiosa de Cazador el Desafortunado es que la ascensión social del pobre se realiza dentro de su mismo entorno, donde todos los otros personajes los reconocen y se maravillan de su nuevo estatus. En este sentido, el deseo de rescate del pueblo llano de su condición de pobreza, aparece de forma más evidente y contundente.  Pues, ¿y si ahora dejamos ahora que Cazador el Desafortunado hable por su propia cuenta?

Cazador el Desafortunado, texto completo

Érase una vez un cazador que vivía por ahí. Salía todos los días en busca de presas, pero a menudo le pasaba de no matar nada, y así tenía que regresar a casa con la bolsa vacía. Fue por esto que los vecinos lo apodaron «Cazador el Desafortunado». Su mala suerte fue tanta y lo redujo a tales extremos que no le quedaba ni un trozo de pan ni un copeck. El pobre hombre vagaba por el bosque, frío y hambriento; no había comido nada durante tres días y casi moría de hambre. Desesperado ya, se tumbó en la pradera decidido a poner fin a su existencia; afortunadamente, mejores pensamientos vinieron a su mente; miró al cielo, suspiró y arrojó el rifle lejos. De repente escuchó un ruido entre la maleza cerca de él. Parecía provenir de un grueso matorral cercano. El cazador se levantó y se acercó al lugar. Entonces se dio cuenta de que el matorral ocultaba una sombría sima, al fondo de la cual se divisaba una piedra, y sobre ella un pequeño frasco. Entonces el cazador escuchó una débil voz que lloraba:

«¡Querido y amable viajero, libérame!»

La voz parecía provenir del frasco. El valiente cazador, avanzando con mucha precaución de una piedra a otra, bajó al lugar donde yacía el frasco, lo recogió cuidadosamente y escuchó la voz llorar desde dentro como el chirrido de un saltamontes:

«Líbrame y seré de gran servicio para ti.»

«¿Quién eres tú, mi pequeño amigo?» preguntó Cazador el Desafortunado.

«No tengo nombre y no puedo ser visto por ojos humanos,» respondió la voz suavemente. «Si me necesitas, llama ‘Murza!’ Un mago malvado me encerró en este frasco, lo selló con el sello del Rey Salomón y me arrojó a este temible lugar , donde he estado durante setenta años.»

«Muy bien,» dijo Cazador el Desafortunado; «te devolveré la libertad y luego veremos cómo cumples tu palabra.» Rompió el sello y abrió el pequeño frasco, ¡no había nada dentro!

«¡Hola! ¿dónde estás, mi amigo?» gritó el cazador.

«A tu lado,» respondió una voz.

El cazador miró a su alrededor, pero no pudo ver a nadie.

«¡Murza!»

«¡Listo! Espero tus órdenes. Sere tu sirviente durante los próximos tres días y haré lo que tú desees. Solo tienes que decir, ‘Ve allá, no sé dónde; trae algo, no sé qué.'»

«Muy bien,» dijo el cazador. «Sin duda sabrás qué se necesita: Ve allá, no sé dónde; trae algo, no sé qué.»

Tan pronto como el cazador pronunció estas palabras, apareció ante él una mesa cubierta con platos, cada uno lleno de los manjares más deliciosos, como si hubiesen venido directamente de un banquete del zar. El cazador se sentó a la mesa, y comió y bebió hasta saciarse. Luego se levantó, se palmoteó contento la barriga y reverenciando por todos lados dijo:

«¡Gracias! ¡gracias!»

Instantáneamente la mesa desapareció con todo y el cazador continuó su viaje.

Después de andar un buen trecho, el cazador se sentó al lado del camino para descansar. Mientras el cazador descansaba, pasó por el bosque un gitano ladrón, que llevaba un caballo que quería vender.

«Ojalá tuviera el dinero para comprar el caballo,» pensó el cazador; «¡qué lástima que mis bolsillos estén vacíos! Sin embargo, preguntaré a mi amigo invisible. ¡Murza!»

«¡Listo!»

«Ve allá, no sé dónde; trae algo, no sé qué.»

En menos de un minuto, el cazador escuchó el tintineo del dinero en su bolsillo; el oro se vertió en ellos, no sabía cómo ni de dónde.

«Gracias, has cumplido tu palabra,» dijo el cazador.

Entonces el caador comenzó a negociar con el gitano por el caballo. Después de acordar el precio, Cazador el Desafortunado pagó al gitano en oro, y este, mirándolo con la boca abierta, se preguntó de dónde había sacado tanto dinero. Nada más despedirse de Cazador, el ladrón gitano corrió a toda prisa al otro extremo del bosque y silbó. No hubo respuesta. «Están dormidos», pensó el gitano, y entró en una caverna donde sus colegas ladrones, acostados sobre pieles de animales, estaban descansando.

«¡Camaradas, por Dios! ¿Duermen todavía?» gritó el gitano. «¡Levántense rápido, o perderemos un gran botín! Está un cazador solo en el bosque y sus bolsillos están llenos de oro. ¡Prisa!, ¡prisa! «

Los ladrones se levantaron de golpe, montaron a caballo y galoparon tras el cazador.

El cazador escuchó el estruendo y, al verse repentinamente rodeado de ladrones, gritó:

«¡Murza!»

«¡Listo!» respondió una voz cerca de él.

«Ve allá, no sé dónde; trae algo, no sé qué.»

Se escuchó un gran ruido por el bosque, desde los árboles algo cayó sobre los ladrones que fueron derribados de sus caballos y dispersados por todas partes. Pero nada se vio, ni una mano que los tocara. Los ladrones, arrojados al suelo, no pudieron levantarse, y el cazador, agradecido y regocijado por su liberación, siguió su camino y pronto encontró una salida del bosque oscuro y llegó a una ciudad.

Cerca de la ciudad estaban montadas muchas tiendas llenas de soldados. Se le dijo a Cazador el Desafortunado que había llegado un enorme ejército tártaros bajo el mando de su kan, quien, enojado por haberle sido negada la mano de la hermosa Princesa Milovzora, la hija del zar, le había declarado guerra. El cazador había visto a la Princesa Milovzora cuando salía a cazar en el bosque. Ella solía montar un hermoso caballo llevando siempre consigo una lanza de oro en la mano y un magnífico carcaj de flechas colgando del hombro. Cuando se levantaba el velo, ella se parecía a la luz del sol de primavera, que da luz a los ojos y calor al corazón.

El cazador reflexionó un momento y luego gritó: «¡Murza!»

En un instante se encontró vestido con espléndido atuendo: su chaqueta estaba bordada de oro, llevaba un hermoso manto sobre sus hombros, y plumas de avestruz, sujetadas por un broche de rubí rodeado de perlas, colgaban graciosamente desde la cima del casco. El cazador entró en el castillo, se presentó ante el zar y se ofreció a expulsar a las fuerzas del enemigo con la condición de que el zar le diera la hermosa Princesa Milovzora como esposa.

El zar quedó muy sorprendido, pero no quiso rechazar una oferta tan de inmediato; primero le preguntó al cazador su nombre, su origen y sus posesiones.

«Me llaman Cazador el Desafortunado, Maestro de Murza el Invisible.»

El zar pensó que el joven desconocido estaba loco; sin embargo, los cortesanos, que lo habían visto antes, aseguraron al zar que el desconocido se parecía exactamente a Cazador el Desafortunado, a quien conocían; pero cómo había conseguido ese espléndido vestido no lo podían decir.

Entonces el zar demandó:

«¿Oyes lo que dicen de ti? Si estás mintiendo, perderás tu cabeza. Veamos entonces cómo vencerás al enemigo con las fuerzas de tu invisible Murza»

«Tened buena esperanza, zar,» respondió el cazador; «tan pronto como hable todo habrá terminado.»

«De acuerdo,» dijo el zar. «Si has dicho la verdad, tendrás a mi hija por esposa; si no, pagará con tu propia cabeza.»

El cazador se dijo a sí mismo, «O me convertiré en príncipe, o me moriré de una mala muerte.»

Entonces susurró, «Murza, ve allá, no sé dónde; haz esto, no sé qué.»

Pasaron unos minutos y no se escuchaba ni se veía nada. Cazador el Desafortunado palideció; el zar, enfurecido, ordenó que lo capturaran y lo pusieran en grilletes, cuando de repente se escucharon desde lejos disparos de armas. El zar y sus cortesanos corrieron a las escaleras que conducían a la torre y vieron cuerpos de hombres acercándose desde la derecha y desde la izquierda, con sus estandartes ondeando graciosamente en el aire; los soldados estaban espléndidamente equipados. El zar apenas podía creer lo que veían sus ojos, ya que él mismo no tenía tropas tan finas como estas.

«¡Esto no es una ilusión Zar!» gritó Cazador el Desafortunado. «Estas son las fuerzas de mi amigo invisible.»

«Dejen que ahuyenten al enemigo entonces, si pueden,» dijo el zar.

El cazador agitó su pañuelo. El ejército se puso en posición; la música estalló en una marcha marcial, y se levantó una gran nube de polvo. Cuando el polvo se dispersó, el ejército enemigo había desaparecido.

El zar invitó a Cazador el Desafortunado a cenar y le hizo numerosas preguntas sobre Murza el Invisible. Cuando estaban al segundo plato llegó la noticia de que el enemigo estaba huyendo en todas direcciones, completamente derrotado. Los aterrados tártaros habían dejado atrás todas sus tiendas y bagajes. El zar agradeció al cazador por su ayuda e informó a su hija que había encontrado un esposo para ella. La Princesa Milovzora se ruborizó al recibir esta noticia, luego palideció y comenzó a derramar lágrimas. El cazador susurró algo a Murza, y las lágrimas de la princesa se convirtieron en piedras preciosas al caer. Los cortesanos se apresuraron a recogerlas, eran perlas y diamantes. La princesa sonrió ante esto, y abrumada de placer, entregó su mano a Cazador el Desafortunado, que ya no era desafortunado. Entonces comenzó el festín. Pero, pues, aquí la historia debe terminar.

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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