Entierro sin que se haya hecho Justicia de algunas de las victimas de la tragedia de Ribadelago
Ribadelago, 1959. Entierro de las primeras víctimas.

Justicia

De noche escuchando una jota

La música me llena: espejo de soledades, el lago recoge edades, de antes del hombre y se queda, soñando en la santa calma del cielo de las alturas, en que se sume en honduras, de anegarse, ¡pobre!, el alma. Son versos de Unamuno inspirados en una leyenda de la Edad Media. Unos músicos salmantinos han hecho del poema un canto hermoso.
Cuenta la leyenda que había un pueblo sumergido bajo las aguas del Lago de Sanabria. Cuando Unamuno compuso el poema ignoraba que la leyenda se convertiría en realidad. Una madrugada de invierno del ´59, debido a la pobreza del material utilizado, un muro de contención de la presa se vino abajo. El agua inundó al pueblo de Ribadelago. Murieron 144 personas. Se conocen los apellidos de quienes fueron reconocidos culpables y luego absueltos. Los muertos sirvieron de pasto a las truchas. Derramar la sangre del Pueblo es una constante de la justicia de Estado.
La historia es tierra buena para el odio. Los señores declaran guerra y envían el Pueblo a morirse en nombre de su conveniencia. A veces son más silenciosos, y antes de reunirse en gran consejo se duchan y se ponen traje de corbata. Luego, con cabeza fría y atenta, lo planean todo, juzgando conveniente que te mueras de cáncer por una refinería, porque quieren anclar otro barco en Puerto Banús. Pasa también que te mueres en el trabajo porque necesitan ahorrar dos duros en prevención de riesgo laboral, o te echan de casa y derriban un corral de vecinos para hacerle el favor a una inmobiliaria. Permiten al empresario baboso de meterte mano, a ti o a tu hija, para vaciarse en alegría, hay quien goza en follarse niños. Todos ellos tienen títulos, empresario rey presidente obispo general alcalde concejal, y un mastín poderoso, justicia. Se definen personas respetables y muchos se jactan de tener carrera y doctorado. Por eso son tan buenos en joder al prójimo, lo estudian todo. Nunca se dejan vencer por la emoción, siempre calculan, planean, organizan, y lo disfrazan todo teniendo cuidado en no llamarlo con su verdadero nombre: asesinato. Luego llaman criminales a quienes se rebelan y piden sus vidas como última defensa para protegerse. Lo tienen todo, también castillos, pero siguen, eso quiere decir que no pararán. Tú riqueza viene de la sangre, no te extrañes si un día el Pueblo te pide cuentas.

de: Punto 0 diario de una pandemia

 

Alejandro Sidonia

Sediento siempre de novedades, y tan sobrado de imaginaciones extrañas y maliciosas, como falto de juicio y compostura. Con los nervios siempre tensos, el alma continuamente... - Autobiografía -

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