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Punto 0 Diario de una Pandemia

Cada uno se decide, vive y muere conforme a sus propias leyes.

Marguerite Yourcenar

COMO NACIÓ ESTE LIBRO

Concéntrate, no dejes que el ruido te confunda. Vete despacio, a contratiempo con la velocidad de la información. Párate, piensa, critica, siente, entiende. Quédate despierto, no lo normalices. Descuida del juicio ajeno, actúa libremente. Lucha, para guardar tu margen de libertad físico y mental. No esperes a que formulen preguntas y respuestas construyendo tu realidad: defiéndete.

Eso me repetía llenando las páginas de lo que nació como un diario personal, extraño “soliloquio” de la mente con el alma, que fue también mi salvación contra el encierro y la alteración repentina de la realidad.

Me di cuenta solo luego, mitad de las páginas ya escritas, de que el destinatario no era yo, sino un alguien con el cual construir un diálogo. Hubo entonces un cambio consciente de dirección. Tú, lector, sin quererlo entraste en mi cuarto, sentándote conmigo en mi escritorio, era a ti al que hablaba: mi diario se transformó en el libro que estás a punto de leer.

Volví sobre las páginas ya escritas adaptando las palabras a un estilo más literario, aclarando pasajes un tanto oscuros y recortando detalles insignificantes de mi intimidad, pero evité alteraciones excesivas, respetando la naturaleza originaria de esta obrita. A esto se deben algunos detalles insólitos como la falta completa del punto y coma, cierta arbitrariedad en poner mayúsculas y otras incongruencias de estilo y pensamiento debidas al constante balancear de mi mente y mi bolígrafo frente a los acontecimientos.

A pesar de algunas reflexiones políticas, económicas y sociales, las páginas que siguen solo quieren ser el relato de un testigo, la experiencia directa de un ciudadano común que vivió el encierro. A mejores preparados la tarea de analizar estos días tan extraños con las verdaderas herramientas de las ciencias sociales para añadirlos a nuestros libros de historia.

el autor

Debo agradecer especialmente a:

Carmen Ruz Rábade, Francesco Maria Crespi y Alberto Durán García. Sin vuestra gran paciencia y preciosa ayuda este libro no sería el mismo, quizás ni siquiera estaría acabado…

ÍNDICE mostrar

DOMINGO 15 DE MARZO

23:00 | Overture de madrugada en silencio mayor para voz sola

Llega y pasa el primer día, ahora es de noche, salgo a la calle. La ciudad es un sueño de cristal que tiembla de silencio. Estoy solo, no hay otros seres ni coches. Me paro en medio del cruce entre Ronda de Capuchinos y Juan de Ribera, justo debajo de un semáforo obstinado. Verde, amarillo, rojo, amarillo, verde. Es todo inútil le digo, estás dando compas a un recuerdo.
Son 23:00 inmóviles, horas vacías, hijas del absurdo nacido en un punto perfecto y mesurable del tiempo. Río, y como un niño doy vueltas sobre mi mismo, cruzo corriendo la avenida de un lado a otro unas cuantas veces. Todo lo insólito tiene un punto divertido.
¿Y qué? Nada. Han callado la ciudad, así, de un día a otro, sin más. El callejero, lugar cotidiano de nuestra vida, se ha convertido en una caja vacía, pasear es una visita nocturna a un piso fantasma.
Saberlo de antemano no lo hizo acaecer progresivamente. Fue un corte limpio, perfecto, temporalmente exacto, como el bisturí de un gran cirujano gubernamental.
Me siento en el medio de la avenida, en frente del Parlamento de Andalucía y me lío un cigarro. Ayer, aquí a esta hora estabais vosotros y los coches. De repente no. Hay una pandemia. Cuán frágil es nuestro sistema. ¿Será así durante cuánto tiempo?

LUNES 16 DE MARZO

El día se va acabando | De compra

Salgo por una compra innecesaria, poco antes del atardecer y después de pasar el día entre ventana y escritorio. Por fin llueve un poco para este Sur sediento.
Aire triste y entorpecido, el supermercado está casi vacío de gente y productos, paranoia y miedo han abierto grandes huecos en las estanterías y escondido a la gente en casa. Somos 6 en total: 2 del personal, 1 anciana que mira lácteos, 1 joven mujer cogiendo tomates, 1 pareja que charla sobre lo que tienen que comprar, él lleva mascarilla, y 1 aburrido yo.
Miro al banco de charcutería sin mucho interés. Mientras entra un vecino que conozco. Se acerca un poco indeciso. Sonrío, ¿puedo darte la mano? Él sonríe y levanta el codo. ¿De veras está pasando? El hombre dice nada más que veremos, hay que aguantar, esperemos que pase rápido. Dudo entre, ¿lo repite de memoria o lo piensa en serio?
Tan ausente es el hombre y tan vago su decir que soplando lo haría desvanecerse como humo. Corto la conversación y me concentro en la charcutería.
Compro chorizo y cabeza de cerdo. La muchacha del banco sonríe como si fuese un día cualquiera. Voy a la caja. El chaval me pregunta cómo quiero pagar. Es amable, pero un ligero insinuar que la respuesta correcta es tarjeta me suena excesivo y me molesta un poco. No tengo ánimo de oponerme o decir algo: consiento pasivamente al pago con tarjeta.

19:57 | Aplauso

Son las 19:57 en calle Fray Isidoro de Sevilla 18, primero izquierda, por si un día quieres visitarme. Siempre pienso que eres un amigo tú que me lees.
Me asomo al balcón, los vecinos acaban de aplaudir a los médicos. Necesitamos héroes, ejemplos de virtud y valentía, el reflejo de su luz nos alivia e ilumina, nos hace más fuertes, nos redime. No aplaudí, el flashmob me pilló cortando pan y chorizo. Mi pensamiento estaba con el panadero.

22:00 | Primer mundo

Acabo de cenar. Me asomo a la calle. Un hombre pasea un perro. El animal tiene más derechos que yo. Enciendo un cigarrillo, y luego otro y otro más. Me robaste el presente, no paro de fumar porque no me doy cuenta, me guía la rutina, el cuerpo cumple acciones maquinalmente, se ha separado de la mente, que nerviosa se tiende buscando salida en el pensamiento.
El Estado se siente legitimado a imponerse, el ciudadano lo acepta, es su normalidad… Como siempre pasa, el Estado se ha reunido a puertas cerradas, luego hizo pública su voluntad, y nosotros a cumplir las ordenes lo mejor que podamos. No hubo necesidad de informar lo suficiente, ¿para qué? El Pueblo es un sujeto pasivo, su tarea es esperar y obedecer estrictamente bajo amenaza de multa. El Estado no admite dudas ni opiniones: cada acto de rebeldía te costará 500 euros.
Durante su discurso el presidente del Gobierno a Libertad ni la nombró, pero consideró oportuno darle las gracias a los artistas que entretienen al Pueblo, compartiendo vía instagram o facebook su arte desde el sofá. Los medios se hicieron eco. Estamos encerrados, nuestra economía se irá a pique, y tenemos tiempo y ganas de preocuparnos del aburrimiento. Somos el primer mundo.

MARTES 17 DE MARZO

Por la tarde | Ruido

Consumo el día al ordenador y hablando por teléfono con mi familia. He bloqueado a todos los que desataron una avalancha de gifs, videos, artículos de científicos, conspiranoicos, comentaristas, sociólogos, profetas que lo sabían todo desde los años de Argantonio y los optimistas porque sí.
Todos hablan: y un virus, si mata y cómo, los contagios, los políticos, las grandes empresas, complot de Chinos Americanos Rusos, y que si la Comunidad Europea, allí se comía muy bien, han muerto 10 100 1000, un par de vienas por favor, Italia está peor que nosotros, un amigo del hermano de mi novia trabaja en el hospital y me ha contado, Trump ha declarado, alguien pediría leche templada si los bares estuviesen abiertos, Madrid, los virus mutan, se acabó el papel higiénico, moriremos todos. Todos hablan: el ruido es tan grande que nadie puede enterarse de nada.

Cerca de las 18:30 | Última hora

Está pasando una furgoneta del ejército. El megáfono repite: estado de alarma. Quedaros en casa. Es real, es todo real. En Italia han muerto 27.000 personas, España anuncia medidas económicas. Emergencia. Libertad recortada. Todo cambia con una velocidad no humana. En casa días inmóviles esperando algo, afuera el mundo convulsiona. Es real. Está pasando.
¿La sientes? Leve, pero clara, una vibración por debajo de la piel fina de la realidad: es el mundo que tiembla, y se abren grietas. El sistema está colapsando. La pregunta asusta, ¿cómo será después? Quiero huir, ¿hacia dónde?

19:00 | Desde el balcón

La noche llega a la ciudad, el alumbrado es más fuerte que el cielo, el artificio humano esconde la dimensión real del hogar terrestre, reduce el espacio a un plano azul y finito. Así es más fácil olvidar, que mi vida brota entre estrellas y mundos, en camino hacia el corazón del misterio.
El alma tantea lo que han negado al cuerpo. Encerrado, en un balcón de Fray Isidoro de Sevilla 18, miro hacia arriba, donde están todos los sueños todas las posibilidades: algunas noches creí divisar de lejos la débil huella de algo eterno. Aquí, abajo, solo alcanzo un vacío lleno de casas de cosas, de coches aparcados carteles semáforos postes cubos de basura, y nadie vivo. Las paredes se cierran entorno clavando mi vida a un espacio geométrico y perfectamente dibujado: mi casa. Mi hogar ahora es mi cárcel.

19:57 | Lo único que nos queda

Esta vez el aplauso me pilla en la azotea. Comienza desde un bloque dos calle más alante, neto, claramente circunscrito, hecho por partes sumándose hacia un centro sonoro, manos como pájaros de una bandada cada vez más grande hasta que de repente estalla. El sonido es una cascada de agua que rompe hacia lo alto y crece, repiqueteando alegre y festiva entre los bloques hasta mojar la ciudad entera.
Cualquier cosa vale para emocionarse y sentirnos unidos, especialmente hoy. Es la única parte activa que le queda al ciudadano, aplaudir desde el banquillo, y a mi nada más que pasar el día al ordenador mirando viejas fotos, videos, descargas, carpetas en espera de un día inútil como hoy para poner orden. Eso, solo eso, y cierta indiferencia lidiando con los recuerdos.

21:00 | Olvido domiciliar

Estoy en la cocina, la ventana abierta al patio, escuchando las noticias. Miro intensamente el horno esperando que las costillas con papas acaben de cocinarse. Vida, seguridad, economía, bienestar, medio ambiente, todo parece más importante que Libertad. Pero es Ella que hace todo posible. Por Ella puedes elegir entre un café con leche o una copa de anís, si casarte o no y con quien, si comer alubias o freír pescado. Por Ella podemos pensarnos amantes jardineros profesores albañiles traicioneros fieles. Somos quienes somos porque elegimos, elegimos porque somos libres: sin Libertad no existen seres humanos, solo hay pellejos. No sé porque me quejo, somos animales domesticados, lo importante es el pesebre lleno y una pantalla para matar el tiempo.

00:46 para el reloj es mañana, para mí el fin de hoy | Democracia

Bajo a tirar la basura. El cubo está rodeado de bolsas. Hoy no han recogido. No consigo volver a casa. Me atrevo a pasear alrededor del bloque como un animal, atento a los sonidos de los coches, 500 euros es más que una multa, es un mes de alquiler, es más de la mitad del sueldo de bastante gente.
El Estado actúa como padre-dueño, concibe y ejerce el castigo, aplica otra vez la pedagogía del miedo. Me siento culpable por tomar un rato de aire, a solas, en mi barrio, tengo miedo a una multa demasiado cara.

MIÉRCOLES 18

12:06 placer todo humano de medir el tiempo exacto | Defiéndete

No hay ninguna razón concreta, pero es un hecho, me he levantado alegre. Busco un poco de cielo en la azotea, luego me dedico a preparar el almuerzo, risotto con espárragos.
Ahora estoy tirado en el suelo de mi cuarto, la cara al sol, fumando. Dejo la realidad temblar despacio, los sentidos se van hacia dentro, buscando olores y sabores en la intimidad del cuerpo. Los recojo y creo, simulacros del mundo que fue, que todavía discurre, en silencio, en algún lugar detrás de mis ojos. Revivo, lo que el tiempo ha puesto fuera del alcance, acaecido una vez y para siempre pasado: recuerdo. El juego de las asociaciones es sencillo y ligero, la única regla es el azar: salto, adelante y atrás, en equilibrio sobre el hilo del tiempo, atravieso geografías de vida y vuelvo a encontraros, a oír vuestras voces, otra vez juntos en el miraje de la memoria.
Quizás este parón del mundo me vendrá bien para acabar cosas y sobre todo recordar. Es importante, recordar, mirar atrás, no perder lo vivido, no dejar que las caras se queden sin nombres y los lugares se confundan en una mancha de demasiados colores. No. No lo pienses, oblígate a no pensar así. No te consueles. No huyas. No lo aceptes. No lo normalices. Defiéndete.

De noche | Enfado de plena noche

Mi casa tu casa ¿qué cambia? Nada. Muros donde cuelgan nuestras cosas, armarios llenos de nuestras cosas, cosas cosas cosas, y la ilusión de que aquí dentro nada nos toca. Esto me queda, irme de una esquina a otra, mirar los objetos de mi vida y elegir entre cama o sofá. ¿Para qué? Para salvar vidas dicen, pero se habla constantemente de muertos, y ni tampoco, hablan de un número, el número de muertos. Ya no se trata de la dignidad de la vida sino de una suficiente cantidad y calidad de muertos, bastante como para que nos dignemos a hacer algo y posiblemente sentir pena. Acabamos de establecer una jerarquía por la cual la muerte de algunos vale nada y la de otros lo vale todo.
Refinerías, coches, químicos en la comida, aire envenenado. La consecuencia homicida de nuestro estilo de vida es una hecatombe: hemos matado conscientemente a 800.000 personas el año pasado, solo aquí en la vieja Europa, tú y yo, nosotros todos. Sabes bien a costa de que vivimos, lo ves todos los días reflejado en los cubos de basura, y tú, como yo, estás indiferente. Mírate las manos, están mojadas de sangre: somos asesinos.
Pero ahora hay que ponerse guantes y mascarilla, hay que cuidar de los demás. El país entero se levanta en defensa de la vida, porque los muertos con covid son mejores que los otros, parece que el virus les dé un sabor especial, gustan más, y todos lloran y por ellos se preocupan.

04:00 | Dos lágrimas

Es muy tarde. Apago el ordenador, el cuarto se llena de oscuridad y silencio. Me asomo al balcón con un cigarrillo en la boca y en la cabeza el recuerdo de unos periódicos. La muerte de un querido es un drama, muchas muertes sin nombres son estadísticas. A día de hoy pasó a mejor vida el 0,001% de la población.
El Estado y los medios subrayan con cierta insistencia como la constitución prevé el estado de emergencia, pero nadie verbaliza con la misma fuerza que estamos viviendo la más profunda violencia a Libertad desde que lo intentamos con la democracia, fuesen las medidas necesarias o no, lo fuesen o no, es una elección dramática, la más dramática. Pero el entierro de Libertad no vale dos lágrimas. Lo importante es el pellejo.

Poco antes del alba | El grito

Sé que no dormiré, no pasa nada, más vale hacerme un café que conciliar el sueño. Son las piernas, tiemblan nerviosas, son estas paredes, espacio limitado donde no corre el aire. Por lo menos veré el alba. La cafetera ya masculla. El olor, tan familiar desde la infancia, preña el aire y le comunica al cerebro que un día nuevo está llegando. Subo a la azotea.
Es todo tan fresco aquí arriba. Todavía no hay luz pero algo se percibe, como si la oscuridad estuviese a punto de abrir los ojos. Hay un grito enganchado a mí estómago, debatiéndose para salir.
De nosotros les importó nada. Todo se hizo sin hablar, contando muertos como números del bingo. Nunca se hizo tanto para los vivos como hacen ahora para el número de muertos, ni siquiera para los muertos, para su número. Escucha, es así que hablan. ¿Por qué? ¿Qué es que está pasando?
El poder es un pecado antiguo y más fuerte que la sangre, nunca paró de obrar para establecer jerarquías cada vez más fuertes, guerra tras guerra, de palacio a monasterio a aula de gobierno. Cambia de nombre, de color, de dios, de idioma, pero sigue allí. ¿A qué se juega esta vez?
El cielo se esclarece, cantan los primeros pájaros. El grito no ha salido.

VIERNES 20 MARZO

De mañana | Arroz negro con calamares en su tinta

Es un hecho, hay más pájaros en la calle y el aire tiene otro olor, otra ligereza. Pigafetta casi se ahoga en las Filipinas, yo cierro el libro y me voy a la cocina. Sacrifico en la olla a los últimos supervivientes del congelador: me preparo un arroz negro con calamares en su tinta. El destino no me ayuda, se me abre el salero encima de la olla. Pena, el arroz había salido muy bueno.
¿Hacia qué vamos? Me lo pregunto excitado entre un bocado y otro. ¿Qué está a punto de pedirnos la historia?, ¿quién luchará y para qué? Nada como esto pasa sin obligar a un cambio. Hace años que vivimos días de fronteras, quizás este es el gran desenlace.

Tarde soleada | ¿Y tú?

Estoy tumbado en la cama viviendo mi mundo interior. Investigo el reinado de Carlos V y voy de viaje con Pigafetta alrededor del mundo. Estoy bien, me levanto para hacer otro café. Me lo tomo en el balcón. La luz hermosa y violenta del Sur lo moja todo, los árboles del paraíso, la esquina del bar de Pedro, la acera en frente de la pescadería. Quiero salir, tomar aire, mojarme de luz, es mi barrio. Silencio. Todos en casa esperan qué. Necesito aire. Prohibido. Estoy constreñido en una casa de pronto pequeña: el lugar acogedor que protegía mi intimidad me agobia, me ahoga. Mi casa.
Cojo un paquete de galletas y me sepulto al escritorio. Enciendo el ordenador. El mundo entra por la pantalla y se sienta a mi lado. Es todo tan complejo, no consigo abarcarlo. Llueven informaciones opiniones sensaciones, llamadas telefónicas cadenas de whatsapp… y se desvelan todas las variedades de alma.
Francesco trabaja desde casa para la universidad, tiene buen sueldo y se ha comprado un piano por internet. Yo no sé como pagaré el alquiler de junio, percibo un ERTE de 99 euros. Lu está preocupada por el contagio y por el mundo. Lorena sale a la calle y vive como si nada pasara. Ramón cambia de idea a cada momento. Virginia está contenta por el ERTE, se salta las dos horas de coche para el curro y tiene más tiempo para la cerámica. Pasan el video de un hombre cantándole una saeta a un perro, siendo Sevilla poco me extraña. Carmen cuenta que en Parque Amate los vecinos cantan, beben, celebran el viernes en los balcones como antes lo hacían en la calle, y si te saltas las normas te pegan un tiro. Mi calle es más burguesa, nada de jaleo, cada uno se ocupa de lo suyo y nadie se mete conmigo que salgo más de lo debido.
Cada persona, cada barrio calle ciudad, vive la pandemia a su modo. Sí dentro de 30 años un joven me preguntara, ¿cómo lo habéis vivido? No tendré respuesta, ¿y tú?

Atardecer | Agua

Llueve, llueve constante, consistente, despacio, lluvia buena para los campos, para la gente de vereda. Sedienta Andalucía hoy el cielo te está amando.

Falta poco a las 20:00 | Espejo

Pan, tabaco y una botella de vino. Retomo la calle para volver a casa, ya es de noche.
Calles, lineas de un tablero de ajedrez, aquí cada día se juega la partida de la vida, hay quien gana y quien pierde, algunos abandonan el juego por pirarse o por morirse. Hay también un jugador qué no se ve, solo se saborea en sus consecuencias, como en el gusto dulce amargo de una última tos antes de irte al creador, en el miedo a tocarme.
Que gran catedral es el cuerpo humano, cuánta fuerza, cuántas habilidades, y todo se derriba por una secuencia de ARN, un pequeño código que metido en tu cuerpo lo debilita, a veces lo mata.
Llego a casa. Abro la puerta. Me paro en medio del salón mirando al espejo. No enciendo la luz. Al lado hay unas estanterías con mis libros. Miro el reflejo oscuro de mi cuerpo, y los libros, y mi cuerpo, y la casa, y mi cuerpo. Ha sido gente como tú y yo, tenían nuestro mismo cuerpo. Migraron a través de los continentes, crearon reinos imperios ciudades, inventaron tecnologías cada vez más potentes hasta alcanzar el espacio arriba del cielo. Mira a tu alrededor, no importa donde estés leyendo, todo lo que ves es solo el paisaje más reciente, el hoy de la historia.
Todas las ciudades coches teléfonos oficinas mercados puentes centrales nucleares bombas pinturas monumentos, y esta casa, donde te escribo, todo ha sido creado por el mismo bípedo. La realidad que vivimos es nuestro reflejo a través de la historia. Todo empezó en una cueva, con un cuerpo como el tuyo, como el mío, y mira donde hemos llegado. ¿Ahora qué queremos? Tú y yo, ¿qué más queremos todos?

23:00 | Simulacros

Apago el cigarrillo en el vaso de vino. Sigo en el salón, la luz apagada. Estos largos días de encierro son espejo de nuestra fragilidad. No hablamos nada en la calle, nos miramos sospechosos, más a menudo se condena y poco se sonríe. No compartimos nada. Hablamos de estar unidos, pero no nos hemos organizado. Cada uno se ha ido por la suya, mientras que el Estado se ilusionaba de poder lidiar con todo sin involucrar el conjunto del país. Hemos abandonado a España. Ni siquiera ahora, con la muerte al cuello, la palabra España pudo juntarnos, se ha quedado vacía de significado, como Europa. Humanidad quedó inalcanzable.
Nos hemos sentado, volcando esfuerzos en la red, aquella red habitada por nuestros simulacros que nunca pudieron estrecharse la mano. Desahogamos la necesidad de comunicar y hacer algo por secuencias de 0 y 1 que toman forma de videos gifs tuits, clases gratuitas, mindfulness y optimismo barato. Es un enorme soliloquio de gente que afirma y nunca pregunta, hablan al espejo y no se esperan una respuesta, buscan un escenario no un diálogo. Buscar el diálogo es buscar nosotros, buscar nosotros es lo que hace de un grupo humano a una familia.
Mi visión es parcial, pero no me dejaré arrastrar por la red, te buscaré en la calle, hablando cara a cara, te escucharé no para saber lo que piensas sino lo que ves. En tiempos de fictión tecnologíca, donde la información es confusa enorme filtrada, busco más ojos. Quiero ver lo que ves, no lo que piensas ver, ni lo que supones, lo que ves. Busco realidades.

SÁBADO 21 DE MARZO

09:00 | Tómbola

Hoy entra Primavera, esta noche Aries flotará en el cielo y enterrará 1326 muertos, hoy es primavera, tendrán la primicia de las flores. No conozco sus nombres, los muertos son números en la pantalla. No consigo sentir pena, no puedo, ¿quién ha muerto? Nadie, han muerto números.
Si soy malo lo somos todos, porque todos hablamos de números, y si cuántos contagios y cuántos muertos en cuánto tiempo, es que si lo comparas a Italia a China a Singapur.
Quién para entender, quién por curiosidad, los gobiernos para justificarse, así como otros para demostrar que su miedo, o la falta de miedo, tienen una razón concreta y medible, todos cuentan muertos y miran las estadísticas. Solo vemos números, sin imaginar el olor de estos muertos, su color túmido, la tez extraña de quien ha vuelto la mirada hacia dentro. Son tan limpios estos muertos, sin consistencia, sin nombre, no huelen a nada, no hace falta quemarlos o sepultarlos.
El último aliento de un ser humano que se rinde a su destino de gusanos y mariposas, el llanto de una madre, de un hijo, de un amigo, el drama hermoso de la muerte se reduce a cuentas. ¡Qué poco arte por dios!
Los periódicos, serpientes sin belleza y llenas de veneno, pastan con los cadáveres, espectacularizan el drama, lo empaquetan y lo venden como un producto: el juego del año, el Contamuertos, disponible en internet. Hay diferentes niveles de juego, de local a mundial, no te puedes aburrir, además las cifras cambian, el juego constantemente se renueva. Estos días de hecho se hizo más interesante, se mueren jóvenes. El último fue un guardia civil de 39 años, 39, que no falten números para la tómbola y cadáveres a tapar las casillas en lugar de lentejas. Con todos los que matamos cada año comería lentejas media África, ¿y qué más da una vaca que un cristo cualquiera? Son números y no pasa nada, absolutamente nada, 1326 mamíferos es el 0,002% de los residentes en España.
El virus es un principiante, en la segunda guerra hemos matados 24 millones de números. Este virus si tiene suerte ni siquiera alcanzará los 200.000 de la última guerra combatida en la vieja Europa, han pasado casi 20 años de Sarajevo. El cáncer también es mejor asesino, ha puesto 112.714 lentejas en el 2018, según informa el INE, mientras que la OMS declara solemnemente que el año pasado en la Bella Europa se mataron a 800.000 personas por contaminación. Eso quiere decir que nuestro estilo de vida, el tuyo y el mío, nuestra diaria labor de comer cagar y cargar un móvil, ha matado casi 1 millón de personas en un año.
No te preocupes, y no te sientas hipócrita por como vivimos, no está pasando nada serio, es solo un juego, la tómbola de los muertos.
Esta noche contaremos los muertos otra vez, internet nos dirá todo a través de sus mapas interactivos. Esta mañana también llueve. Sosiego del agua.

16:30 | Siesta

Fuerte el sol desborda el cielo y moja la calle con su calorcito primaveral. Voy a darme una vuelta por las azoteas. Me tumbo al sol desnudo, huelo la mar en el Poniente, ligero frío del viento y calor encendido del sol sobre mi piel, serenidad del silencio. Todo me recuerda al Estrecho, a largos meses de andanzas marinas, largas horas con el cuerpo echado en la arena, el alma tan fina que el mundo la atravesaba. Llega despacio y crece el sueño, la memoria me acaricia la mente: recuerdos azules y blancos, de mar y sal, de cielo y nubes en mis ojos ya durmiendo.

17:20 | Nuestra Señora de la Soledad

Me despierta el frío, Poniente lleva nubes, pronto lloverá otra vez. Bajo a casa y cojo el teléfono. Escucho un mensaje de mi madre corto y esencial, pero bastante para sentir su pena. Su voz me hiere. Es la soledad y el aislamiento, el no saber nada, es la confusión que hacen su voz tan débil e incierta. Con ella está mi padre, dos de sus hijas viven cerca, les llevan compra cuando necesitan y algo de compañía a pesar que entran en casa con guantes y mascarillas y se paran poco, no quieren contagiar a sus padres, los quieren a su lado, vivos, y hoy el amor mata: al final hay quien tiene peor suerte.
Me asomo a la ventana atraído por un hombre que habla en voz alta. Está solo, un poco sucio, lleva sus cosas en una bolsa de plástico y en la boca un cigarrillo apagado. Se sienta y sigue hablando con su imaginación. Parece un poco cabreado. Tendrá unos 30 años. Es un loco, es la calle es la vida, es historia vieja y común.

17:32 | Cuenta cuentos

Érase una vez un mundo jodido, por la falta involuntaria de un murciélago, que un día se dejó cocinar en un mercado. Esta es la realidad, es lo que se me plantea, y tendré que creérmelo. Ni siquiera un solomillo a la plancha. Un murciélago. Si fuese una serie diría que la trama no es ni linda ni creíble. Digo murciélago y lo primero en que pienso es Batman. A veces me sale de pensar que esto del cine, y Batman me encanta, es una forma para que me trague cualquier cosa que salga de una pantalla. Decidme viejo, decidme rancio, pero me quedo con Homero, imaginando ser Ulises haciendo el amor con una diosa en una isla perdida del Egeo.
A pesar de hombres convertidos en bestias, monstruos terribles y dioses que bajan del cielo para mezclarse con los mortales, la Odisea antiguamente se consideraba un libro de historia. Tiene casi 3000 años, es una obra hermosa, la lees y se te mojan los ojos de mar. Eso del murciélago es para tener vergüenza con las generaciones venideras, sobre todo si resultara verdad. Cuéntaselo tú a tu nieto: pues tú sabes Fulanito, un día llegó al mercado un murciélago que estaba malito y se jodió el mundo ¿Y tú que hiciste abuelo? Yo me quedé en casa.

03:00 | Nuevo orden mundial

Apago el ordenador después de la lectura de un artículo sobre teoría conspirativa y pandemia. La noche ha florecido solo afuera, en casa el pequeño homínido, amen al curso de los astros, engaña al tiempo reemplazando el Sol con una bombilla.
Hablamos todos igual, es evidente. Las mismas palabras retumban en el caos de la pantalla y entran en casa, se nos meten en la boca, ordenan la realidad, establecen valores, son el margen de la conducta. Somos una muchedumbre que repite, idéntica e infinitamente el mismo mensaje, millones de voces eco de un pensamiento unívoco. Pero el nuevo orden mundial no es un complot.
Al comienzo éramos tribus nómadas detrás de grandes rebaños, pequeños grupos volcados en sobrevivir. No teníamos herramientas más allá de palabras y utensilios de caza. Son años dulcemente oscuros, sin luz artificial, donde no llega la historia, que es solo la parte más pequeña del relato humano.
La tendencia natural de las tribus a la supervivencia encontró salida en la inteligencia y un pulgar oponible. Las herramientas se refinaron, las tribus aplacaron el hambre y luego experimentaron la abundancia. Comenzaron a crecer de forma exponencial en sociedades cada vez más complejas, más numerosas, más hambrientas de espacio y recursos: habían nacido ciudades, reinos, imperios.
La nueva dimensión era abrumadora. Las crecientes necesidades superaban la posibilidad del cuerpo y de la mente. La voz no bastaba para que los del fondo escuchasen a los del frente, las manos no podían dar de comer a todos, ni las piernas conectar partes tan distantes. El cerebro no podía organizar y gestionar todo esto. Había una sola posibilidad, potenciar el cuerpo y la mente con nuevas tecnologías: ya nada podía ponernos límites.
Se inventaron trenes telégrafos coches televisión internet aviones móviles ejércitos hospitales centrales nucleares. Pero la tecnología no solucionó el problema, lo hizo más grande. El progreso llevó a un crecimiento descontrolado que necesitaba cada vez más recursos. Para satisfacer este hambre se interconectó el mundo, creando un enorme sistema planetario que tiende naturalmente a reforzar su unidad uniformando las partes.
Hoy la tribu es una sociedad global de billones de individuos que desarrollan sus existencias dentro este marco planetario. Cada sociedad para asegurar su existencia necesita organización. Hay que estructurarla, hay que darle mitos ética leyes horarios, distribuir tareas y asignar sitios. Hay que uniformar el individuo a los mismos patrones para que todo funcione. Cuando el sistema es planetario y la sociedad es global habrá que organizar el mundo entero. El nuevo orden mundial no es un complot, es una consecuencia de la historia: es nuestro destino.

DOMINGO 22 MARZO

14:26 | Empatía

1752 muertos. Tomo un café, y después de echarle un vistazo a los periódicos por fin miro el vídeo famoso de los Gitanos de las 3000 cantando por rumba una canción de curación.
De la magia, la religión nace de inquietudes parecidas, siempre me sedujo la idea de que una acción o una palabra humana, sencilla como un pater noster o una gota de sangre en una bebida, tengan el poder de cambiar la realidad. La superstición es el halago más grande a la raza humana. Todos los domingos en iglesias de medio mundo el vino se transubstancia en sangre por medio de un ritual, y humanos le piden a dios convencidos del poder de las reliquias y del rezo. Entiéndeme, no es una crítica, cada uno le canta a su dios como quiere.
Le doy play al youtube. Bueno, gitanos que cantan, lindo, pero nada tan especial si vives en Sevilla. El verdadero arte está en los comentarios. Copio y pego:
Utente Javi Camacho: Es que aquí se habla rápidamente de racismo e intolerancia porque nadie tiene los cojones suficientes para llamaros lacra social o parásitos. Aquí hay que ganarse las cosas como hacemos todos, quieres ayudas?? Trabaja y aporta a la sociedad para que está te ayude, quieres respeto?? Aprende a respetar!!
Utente yjr: No quiero ser mal pensada pero si nadie interviene será porque quieren que se exterminen solos.
Utente Sergio Elf: Nunca entenderé por qué somos tan permisivos con esta basura.
Utente WILLO24: Gracias a toda esa panda de retrasado que se casan a los diez años y que no saben escribir su nombre. Hay más contagiados.
Utente Eneko Aritza Basconians Kings: QUE ENTRE EL EJERCITO.
Utente Josue Pelayo Vivar: Son parásitos sociales, con un poco de suerte el coronavirus haga su trabajo y así los españoles no tengamos que mantener a esta lacra. Si están pidiendo a gritos que los devuelvan a la India, x dios pero como somos tan malos de no hacer realidad su sueño, y el ahorro a la arcas españolas sería inmenso!!!

21:00 | Telediario

Parad el mundo, parad, paradme. Año 2020, una pandemia en curso, olvidando su inmensa tradición poética España recurre a la misma vieja metáfora: venceremos esta guerra. Todavía tenemos hambre de cadáveres, todavía se le da a la guerra un valor positivo. Un virus te toca, una guerra se provoca.

LUNES 23 DE MARZO

11:30 | Mentiras

Tumbado en la azotea escucho temas que me traen recuerdos. El primer amor nunca vivido, la primera vez que me perdí por el monte, una fiesta, amigos, momentos de vida perfecta y noches, de profundo desconcierto en lugares de extrema belleza, el miedo, el fallar tantas veces.
Entra en escena un vecino. Me saluda y rompe el flujo de la memoria. De azotea a azotea él me comenta: no estamos preparados, es la primera vez que pasa algo así. Te engañas dos veces.
Pasó en el 2011, en 2003, en 1918, sin contar todas las veces que la peste asoló la Bella Europa. Una pandemia es cosa normal en la historia, estaba cierto que iba a pasar otra vez, pero no le interesó ni al Pueblo ni al Estado. Quizás para aprender de la historia tenemos que morirnos todos.
Mentira es creer que puedes estar preparado para todo, sería pretender haberlo vivido ya todo. Se justifica así, por no saber, él que ha perdido, él que frente a una situación nueva no tuvo recursos para actuar, él que quemó judíos. Si eres una gacela te ha comido el león, si estás en el colegio te olvidaste que justo hoy había un examen, si eres un político te acojonas porque te toca una pandemia, y, si eres sociedad, te quedas como gacela en casa mientras que el león virus te come a ti y a tu mundo. En el caso del escritor, este se encierra en la hipocresía de que escribir equivale a hacer algo concreto. Valor, valentía e inteligencia se muestran cuando hay un problema. En los momentos de necesidad uno descubre quienes son los amigos y los valientes: la pandemia ha revelado nuestra fragilidad y nuestra cobardía.
Pero el vecino es muy mayor: pues sí, es verdad, no ha pasado nunca, lo único que podemos hacer es quedarnos en casa. Lo único que nos dejan hacer es quedarse en casa. Pandemia o no la piara está lista para el matadero, se beberán cualquier cosa y harán, como están haciendo, lo que se les diga. Somos una sociedad de niños. Estoy aprendiendo el sentido de la palabra decadencia.

MARTES 24 DE MARZO

02:53 | Jaque mate

Acaba el partido. Resultado: no sabemos nada. Repongo el libro, apago el ordenador, me tumbo cerca de la ventana abierta. Cierro los ojos y respiro. El aire tiene huellas de agua. Fue una lluvia dulce, lenta, delicada, el cielo goteaba en besos y caricias sobre la ciudad.
No sabemos nada. ¿Quiénes Somos? Los encerrados, en casa-cárcel-de-lujo para Niño Pueblo. No sabemos nada. Allí fuera un solo aire nos lleva vida, muerte, miedo, soledad. No sabemos nada. Noticias confusas, llenas de bulos, puestos por quién sabe quién, quién sabe por qué. Solo tenemos números, la tómbola de los muertos. Dicen que hoy fueron 2,311. Podrían ser el doble o la mitad, no tengo herramientas para averiguar si un periódico o un presidente mienten.
Entiendo al conspiranoico. Los gobiernos tienen secretos de Estado, es legal, hay una ley sobre “secretos oficiales” que los avala. Nótese la doble paradoja, existen cosas que son oficialmente secretas y es legal que el Estado se reserve el derecho de no decirte la verdad, y lo hace, está acostumbrado a mentir, lo hemos visto, y sabemos cuanto nos gustan oro y poder. Pero dependo de sus palabras como un enamorado de los labios queridos.
Periódicos y televisión soportan al bando que les convienen, utilizan ambigüedad, escándalo y mentira, pastan con la desgracia para defender su ganancia y su poder. Pero dependo de sus palabras.
Hablan, el Estado, los periódicos, novedosos influencer. Yo solo sé que habéis mentido, por esto quizás, estáis mintiendo otra vez.
Queda el Pueblo, pero le han tapado la boca. Cada uno grita su mentira y su verdad para generar el mismo ruido que impide escucharle. Hablamos tanto y tan fuerte que ya no se entiende nada, es una ceguera por demasiada luz. A este jaleo lo llaman información.
El partido de la verdad y de la mentira se acaba entre espadas y paredes, jaque mate: la última esperanza de saber, basarme en lo que veo, se me niega, tan pequeño y parcial es el espacio que se me ha concedido, una manzana, y algunos bloques donde viven vecinos que no puedo tocar.

04:00 | En el nombre del padre

No tengo miedo. Estoy a la espera como un animal esperando la hora propicia para bajar a la fuente. Que se me perdone la metáfora excesiva, es de noche, es tarde, y acabo de ver una película de aventura.
Me asomo al balcón. Miro, y la calle está vacía. El mundo está cambiando. Yo veo una película y fumo. Esto es lo que me ordena el Estado: esperar. Mi gran tarea es quedarme en casa, hacer nada para un mundo que es mío también. Esperar, la no acción, eso me ha ordenado, como un padre severo que le impone a un niño su vida.

De noche escuchando una jota | Justicia

La música me llena: espejo de soledades, el lago recoge edades, de antes del hombre y se queda, soñando en la santa calma del cielo de las alturas, en que se sume en honduras, de anegarse, ¡pobre!, el alma. Son versos de Unamuno inspirados en una leyenda de la Edad Media. Unos músicos salmantinos han hecho del poema un canto hermoso.
Cuenta la leyenda que había un pueblo sumergido bajo las aguas del Lago de Sanabria. Cuando Unamuno compuso el poema ignoraba que la leyenda se convertiría en realidad. Una madrugada de invierno del ´59, debido a la pobreza del material utilizado, un muro de contención de la presa se vino abajo. El agua inundó al pueblo de Ribadelago. Murieron 144 personas. Se conocen los apellidos de quienes fueron reconocidos culpables y luego absueltos. Los muertos sirvieron de pasto a las truchas. Derramar la sangre del Pueblo es una constante de la justicia de Estado.
La historia es tierra buena para el odio. Los señores declaran guerra y envían el Pueblo a morirse en nombre de su conveniencia. A veces son más silenciosos, y antes de reunirse en gran consejo se duchan y se ponen traje de corbata. Luego, con cabeza fría y atenta, lo planean todo, juzgando conveniente que te mueras de cáncer por una refinería, porque quieren anclar otro barco en Puerto Banús. Pasa también que te mueres en el trabajo porque necesitan ahorrar dos duros en prevención de riesgo laboral, o te echan de casa y derriban un corral de vecinos para hacerle el favor a una inmobiliaria. Permiten al empresario baboso de meterte mano, a ti o a tu hija, para vaciarse en alegría, hay quien goza en follarse niños. Todos ellos tienen títulos, empresario rey presidente obispo general alcalde concejal, y un mastín poderoso, justicia. Se definen personas respetables y muchos se jactan de tener carrera y doctorado. Por eso son tan buenos en joder al prójimo, lo estudian todo. Nunca se dejan vencer por la emoción, siempre calculan, planean, organizan, y lo disfrazan todo teniendo cuidado en no llamarlo con su verdadero nombre: asesinato. Luego llaman criminales a quienes se rebelan y piden sus vidas como última defensa para protegerse. Lo tienen todo, también castillos, pero siguen, eso quiere decir que no pararán. Tú riqueza viene de la sangre, no te extrañes si un día el Pueblo te pide cuentas.

JUEVES 26 DE MARZO

De madrugada | Después de un sueño

Esta noche te soñé, hace más de un año que no estamos juntos. Estabas sentada en una silla de la terraza del Barón Rampante, yo tumbado al suelo, cerca tuya. Estábamos felices. Pasó a nuestro lado otra tú en bicicleta mirándome con odio. Me preguntaste si era aquella la mujer de la que te había hablado.

De Mañana | Lo de siempre

Hace unos días comunicaron que el bloqueo policial seguirá hasta el 11 de abril. Recibí la noticia con indiferencia, yo y los demás, sabíamos que esto iba a ir para largo. Y mientras se juega al ajedrez.
Leo que el Banco Central Europeo quiere reactivar el programa de compras ilimitadas de deuda pública. Gracias por decirlo, un día me harás el favor de explicarme que significa.
Estoy en casa, confinado, tocando música. Fuera el mundo cambia sin mí. En La Línea unos jóvenes tiran piedras a una ambulancia que traslada a unos abuelos contagiados. La sumisión psicológica es total y la ignorancia, la del Pueblo perdido no sé donde, la de gobernantes que no están a la altura, que se sientan en cuartos de oro, no cogen autobús, y hacen decretos cada vez más duros para un país que quieren juntar y desconocen.

De tarde | Azoteas

Esta tarde las azoteas están animadas. La gente hace deporte o más bien anda en círculo. Los presos dan las primeras muestras de irritación. Quizás lo viven con heroísmo, sacrificarse por y para los demás.
Da pena vernos reducidos a hámsteres andando en círculo arriba de nuestras jaulas. No aguanto más. Lleno una bolsa de compra y tomo la calle. Tengo que ser cauto, salir de paseo se ha convertido en un desafío al orden establecido.

04:30 | Noches

Imagínate un enjambre de manos, que te agarran, los tobillos primero, y luego hombros piernas muñecas. Te reducen a la impotencia, te presionan el pecho, te tapan la boca, despacio ciñen el cuello, y aprietan. Intento defenderme, liberar algo, aunque solo sea una mano, destapar la boca, quitar presión al cuello, aligerar el respiro.
Vivo en la defensa de una margen de libertad que ya no tengo, por eso todo vale, los paseos con una bolsa de la compra llenada en casa, la escapada con un paquete de tabaco nuevo en el bolsillo con el pretexto del estanco, o a noche, salir, en silencio, moviéndome cauto detrás de los coches aparcados, a la escucha tensa de por si llega la policía. De repente me descubro presa, de repente odiarse y odiarla, a la autoridad, al dueño de la colmena.

VIERNES 27 DE MARZO – JUEVES 23 DE ABRIL

… | Ojos

…………………….. yo ……. es que…………………..
…………………………………….. algo se ha roto
……………………………………………………………… ….. . . . …. . ……………… . . . . . . … …. …. ……… … .. …… …………………….

VIERNES 24 DE ABRIL
11:30 | Mascarillas

Hoy la calle me alegra un poco. Hay más personas que dejan a lado las restricciones y retoman espacio. Andan en pareja, dan vueltas por el barrio con la bolsa de la compra vacía, se acercan y hablan algo más. El encierro, palabra para bestias, pronto se hizo largo. Un observador podría clasificar la gran variedad de paseantes en dos categorías: con mascarilla, sin mascarilla. Esta dualidad, tan marcada visualmente por la mascarilla, esconde, como toda conducta humana, una postura compleja, de diferentes gradientes en la percepción del bien y del mal.
Este observador postula que quienes llevan mascarilla: sienten miedo al contagio, nutren un profundo sentimiento de solidaridad, porque así nos han dicho, por si a caso, o una mezcla de todo un poco. Diríase también que quienes no llevan mascarilla: no les tienen miedo al contagio, desconocen la solidaridad, no se creen lo del murciélago, tuvieron el virus y pasan del tema.
Si, manteniendo la distancia de seguridad, nos acercamos a los sujetos de estudio, en este caso los vecinos de la Macarena, rebuscando bien dentro de sus ojos, notaremos que este dualismo difumina, que las aristas se suavizan hasta hacerse redonditas como aceitunas, que las fronteras se deshacen, y que, dentro de las pupilas, en la dulce oscuridad del alma, cabe de todo.
Llevo mascarilla para confundirme con la mayoría y no ser notado, para evitar problemas con la autoridad, para el placer de actuar con la cara escondida, porque todo el mundo lo hace, por una moda insólita, porque me sale más fácil mirar al suelo y pasar de ti, porque a pesar de que me dan igual los demás quiero aparentar ser buena persona, porque miedo a los demás siempre lo tuve y con la mascarilla lo llevo más fácil, por miedo al juicio ajeno, porque haré cualquier cosa para que esto acabe ya, porque tengo familia y en la duda me la pongo, porque parezco un ninja y eso me gusta.
No llevo mascarilla para dar un mensaje de normalidad o libertad, para provocar, porque necesito decirme que puedo que pienso que elijo, porque siempre voy en contra, porque siempre paso de todo también de esto, porque las probabilidades que enferme son demasiado bajas para tomarse eso en serio, porque no puedo aceptar vivir teniendo miedo al aire, prefiero morirme, frase curiosa, que vivir así, porque antes o después de forma u otra todos nos vamos al creador. Porque somos millones, cada uno libre de pintarse su propia verdad y de cantarle a su propio dios.

13:15 | Miedo

Mi casa es chiquita y acogedora. Es luminosa, pero sin mucho sol directo, característica que se aprecia mucho durante el largo Verano Andaluz, cuando el Sol muerde con violencia y solo se pide piedad de agua y sombra. Los balcones se asoman a una calle ancha, para el estándar de aquí, flanqueada por bloques no demasiado altos y bastante nuevos, alternados con algunas casas más bajas, más lindas y más antiguas. Resulta una línea de tejados profundamente irregular, con edificios de muy diferente altura.
Por la mañana la calle está animada, también durante estos días tan extraños. Hay algunos bares y tiendas de todo tipo. La pescadería es un poco cara pero el hombre es una maravilla de alegría y el pescado está de lujo. El Bar Pedro era una institución más solida que el cercano Parlamento de Andalucía.
Lo que añade especial belleza a estos parajes son los árboles del paraíso. Son árboles altos, de líneas suaves y de anchas copas que destilan la luz en sombra buena. Durante esta temporada se llenan de racimos de pequeñas flores blanco-violeta de cinco pétalos, que inundan la calle de un perfume dulce, blanco, encendido.
Cierro los ojos y respiro. El aire se mete en mi cuerpo y lleva al alma la dulzura de las flores, refresca emociones y pensamientos. Sonrío y vuelvo a mirar los paseantes de mi calle. Casi todos llevan mascarillas.
Respiro: le tengo miedo al aire por traerme muerte y muero si no respiro. Vivo días y horas asustado de mi aliento, le tengo miedo a una muerte invisible que me espera, traicionera, detrás de un beso tuyo, de mis labios abiertos hacia el aire. Dudo, ¿respirando me moriré? No puedo evitarlo.
El miedo ya no es una emoción, es un estado constante, es mi forma de ser y de obrar. No tengo verdadero control, soy presa de esta emoción de colores brillantes y crueles. El miedo me confunde, rompe mis pensamientos. Mis ojos ven una realidad diferente, el miedo hace que todo se parezca a otra cosa, que todo esconda otra cosa: en las casas que me rodean ya nadie duerme, velan mis posibles asesinos. El miedo sustituye mi lógica con su pasión irracional, solo puedo huir corriendo, gritar, o golpear todo lo que se mueve alrededor mía. Podría hacer cualquier cosa, te puede esperar de todo, porque no soy dueño de mí, es el miedo que me hace cosas… Y te miro así… Y te hablo así… Y actúo así.
Para entenderme deberías enloquecer o dejar que el miedo se te meta por dentro, que te ablande las piernas, que te hiele el alma arrancándote lágrimas en silencio o un grito.
Este miedo lo respiro, miedo mío miedo vuestro, que no estoy temblando solo, somos muchos. Le tengo manía a las manos, que han tocado cosas que no sé, no te acerques por favor, a vuestras bocas. Le tengo manía al prójimo, y tú a mí, portador de muerte, inocente paseante con el poder de matarme, de matarte.

VIERNES 1 DE MAYO

12:40 | Falta poco

Todo es más tranquilo, relajado. Dos clientes de una panadería charlan al lado de la cola con un botellín en la mano, pero mantienen la distancia de seguridad.
Hay cierta alegría, estamos a punto de tener margen, pequeño sí, pero bastante para correr, saltar, gritar a lo loco a orilla del Río, tumbarse en un césped un rato, pasear sin el miedo a la policía. Es humillante.

17:00 | Clases de latín

Acabo una llamada. Dejaré el piso en cuanto pueda, el poco dinero que me queda me lo jugaré en buscarme la vida fuera de Sevilla, en verano aquí no hay nada. Será una vuelta a los viejos tiempos. Una mochila, poco dinero y muchas ganas de descubrir el mundo. Me pasaba meses viviendo en una tienda de campaña, buscándome la vida como podía o tirando de ahorros. Me encantaba. Fue los más bello de mi juventud. Pero esta vez será todo diferente, han pasado años. Tendré que hacer cajas, y cuentas.
Lo peor para quienes han perdido o no tenían trabajo está a punto de llegar. La burbuja se rompe, habrá que luchar por el trozo de pan. Necesito lucidez, será difícil encontrar una forma y un lugar donde el compromiso no sea tan alto. Prefiero morir es una frase curiosa, pero sí, prefiero morir si esta será la normalidad, prefiero morir que tenerle miedo al respiro, a tocarte, a despreocuparme. Prefiero morir.
Durante estos días de encierro y de recuentos la muerte ha tomado posesión de la vida. Hubo día que el miedo se respiraba. Las calles, la gente, todo olía a miedo, un miedo suave, ligero, como el beso de un nieto, de una esposa, de un amigo. Se veía el miedo llenar el negro de los ojos con un trémulo de vidrio, parecía que le iba a estallar la pupila como una ventanilla por una piedra.
Recuerdo curioso, de niño tiraba piedras a los trenes que pasaban por el pueblo. No había un porque, tirábamos piedras a botellas bichos muros, se jugaba probando la habilidad del cazador. Hubo también batallas a pedradas, construíamos escudos juntando unas tablas de madera, luego les hacíamos un par de agujeros y les pasábamos por dentro un cable de estos de la electricidad para sustentarlos. Se planeó de construir unos yelmos pero nunca tuvimos bastante paciencia. Curioso que nadie se haya muerto o herido.
Muerte memoria juegos, la mente se va de paseo. Muerte niño clases de latín, in ictu oculi, en un abrir y cerrar de ojos. He sido niño y un día me moriré.

SÁBADO 2 DE MAYO

De mañana | Nueva normalidad

Esperamos a “la nueva normalidad”. El eslogan está hecho, la realidad se crea también nombrándola. Les tengo miedo, harán todo en nombre de su conveniencia sin preocuparse que será el Pueblo a pagar el precio de sus elecciones.
Son siempre los mismos, se apropian de la tierra y gozan del trabajo ajeno, toman los signos del poder y declaran guerras, firman tratados, crean dioses, imponen leyes y lo destruyen todo. Hace miles de años que el poder pulsa y vive y crea, nunca se preocupa del bien común, busca afirmación personal y satisface al deseo de dominio de elites reducidas y constantemente hambrientas. La diferencia entre un faraón y un presidente es que unos busca legitimidad en dioses con cabezas de animal, el otro en muchedumbres sin nombres.
Viven en una burbuja donde no se coge autobús. Saben poco del mundo y de nosotros, para ellos la pobreza se reduce a votos y estadísticas: en sus mentes somos solo tasas, trabajo y lucha de clase, en definitiva objetos, cosas que se relacionan con propiedad y tarea. Como objetos nos confinan en favelas o urbanizaciones más burguesas. Desde su burbuja sacan leyes como un estudiante la solución de un problema matemático: el ciudadano es un concepto abstracto nunca una persona. Hay sitios en sus cabezas pero no lugares.
Dejamos las riendas del mundo y de nuestra vida a unos niños caprichosos y cobardes, que ideal no tienen, ni siquiera uno malo, más allá de hincharse todo lo que puedan mientras que yo espero que de la boca les caiga una miga. Me odio al permitirte que me hagas eso.

16:30 | Vecinos

Me salto las reglas, quiero hablar contigo Lorena. La realidad te roza más suave, como si te tuviese un respeto especial, o la especial atención de una mano cuando acaricia un amante. Pisas otro suelo, no es el mío, vives absorta en un mundo que solo tú ves, y de repente dilatas tus ojos negros, más densos, y penetras la realidad, como cuchillo sobre carne cálida.
Me acoges con un largo abrazo, preparas un café, subimos a la azotea. Es temprano, pero no tenemos todo el tiempo, salí con la escusa de la compra, tendré que volver antes de las 20:00 y el cierre de las tiendas.
Me choca la naturaleza de tu tristeza. Más allá de Libertad, economía, y de todo problema y paranoia, lo que más te conmueve es la mezquindad, la pequeña maldad cotidiana. No saludar, evitarse, el juicio en la mirada por charlar a un desconocido, la desaprobación por la falta de mascarilla, pensar que quien no la lleva es un cobarde o un paranoico. Pocos se dan cuenta que cada uno siente emociones fuertes y quiere a alguien, y actúa como puede y cree, y que este revolcón del mundo se nos ve en los ojos. Tenemos la boca tapada y ni siquiera así nos miramos. Mirarnos encontrarnos y reconocernos. Ahora pones una cara de desconcierto. En el bloque de aquí al lado vive una pareja de mayores, les tengo cariño, siempre tienen ganas de charlar un rato. Cogieron el covid, fue leve y no tuvieron que ingresarles. Se quedaron en casa para no contagiar a nadie. Tienen un patio interior, donde se asoman las ventanas de sus vecinos. Cada día se salen al patio a tomar el aire. Un vecino no se quedó contento, pero nada dijo. Desde su ventana le echó lejía en las macetas. Mató a todas las plantas.
Hubo estos días vecinos que se volcaron en el cuidado de los demás. Hubo estos días vecinos que denunciaron a vecinos. A mí me regañaron por invadir el techo de otra casa donde a nadie se le ocurría ir por que hay que saltar. Solo pedía un metro para ver la última gota de atardecer, un metro de libertad más dentro del espacio estrecho del encierro. Un metro, he llegado a luchar por un metro de libertad, el vecino me lo negó para defender su derecho de propiedad sin uso. Mezquinos santos héroes miserables. Vecinos canallas vecinos amigos.

DOMINGO 3 DE MAYO

11:15 | Desescalada

La han bautizado desescalada, no está en la RAE. La palabra contribuye a crear la realidad, y tú te has inventado una nueva.
Hoy nos conceden pasear y hacer deporte en horarios establecidos, entre 6:00 y 10:00 o 20:00 y 23:00. Son las 07:00. Corro como si no hubiese mañana y me río, me río mucho, ¡correr!
Después de 40 días de encierro hoy podemos tomar la calle en una ciudad de bares cerrados donde queda prohibido tocarnos: una muchedumbre coloreada asalta el Río. En mi vida he visto tantos sevillanos echarse a correr. Pero 40 días de encierro y sospechas de-sacostumbran al contacto humano, todo se complica por reglas novedosas que cohíben el impulso natural de un abrazo… Y de repente el muro de un cuarto es el Río Grande. Nos miramos extrañados, nadie sabe con exactitud como actuar, la ciudad parece un barco balanceándose. Da igual ¡da igual! Corres corres, ¡puede correr! No pienses no te pares.
Río Barqueta Cartuja Triana San Telmo, el recuerdo de un duque Francés que deseaba ser rey de las Españas ¡corre corre no te pares! Real Fabrica, las bauhinias han perdido las flores, mirábamos paredes y pantallas mientras que la primavera pintaba la ciudad y tocaba su gran sinfonía de olores. No pienses, ¡corre! Casino Perú María Luisa, los vencejos llenan Plaza de España, los animales han vuelto. Nubes de negras golondrinas lo llenan todo, mi Bécquer estará contento, llueven por todas partes chillidos con sabor a verano. Mechones de hierba se abren camino entre ladrillos y losas desafiando a la arquitectura humana. Hay una larga mancha de estiércol de pájaro seco justo en el medio de la puerta central. Prado, los Jacarandas son más azules que el cielo, Murillo Judería Triunfo Archivo Moneda Torres, y otra vez el Río, el Río Grande, el Río del Mundo que dio leyes al mar y acabó con la cabeza cortada.
El horizonte sensorial se expande, paisajes impresiones estímulos llueven alrededor, es placentero pero confuso caótico mareante, como andar borracho entre una muchedumbre de camino a una fiesta.
Vuelvo a casa justo a las 10:00, el cuerpo alegre y cansado. Hoy aprendí la felicidad de un perro que por fin sacan a mear.

Tarde noche | Barrio

Son las 20:00. Nos conceden una segunda toma de aire. Cruzo la Alameda de Hércules. La tierra viva se asfixia bajo una colada de adoquines y no se nota que fue un hermoso jardín renacentista. El ayuntamiento de Sevilla la inmoló en ara al progreso y al saneamiento social del barrio. Durante aquellos años consideraban a los pobres, no a la pobreza, una lacra social, así como ahora los árboles son un estorbo y hay que cortar. Parece que a las instituciones Sevillanas les moleste todo lo vivo, solo les gusta el barroco.
La piel de Sevilla ha cambiado mucho durante los siglos pero su carne sigue siendo mora. Escasean las plazas y no hay ninguna de verdadero tamaño. La Alameda es la única excepción, y van todos, yonquis pijos y bohemios.
La Alameda es un gran anfiteatro elíptico, con el perímetro marcado por un hilo de árboles, la mayoría álamos, y que tiene bares en lugar de gradas. Esparcidos en el medio hay más arboles, fuentes, juegos infantiles, quioscos, bancos para sentarse y enormes, inútiles parasoles de cemento. En los dos extremos campean dos parejas de columnas, homenaje al Estrecho, a la Antigüedad Clásica, a Carlos V y Felipe II.
Hace años que la Alameda es el centro de la noche Sevillana, es nuestro gran espacio de encuentro y píldora anti-aburrimiento. Van a la Alameda todos los que salen sin saber bien lo que hacer, turistas incluidos, porque allí siempre hay algo o alguien. El ruido generado por nuestro encuentro era grandioso como un dios. Cabe destacar que al Sur la gente generalmente prefiere callarse si lo que dice no merece un grito.
Hoy, primer día de concesión al respiro, una masa silenciosa deambula por la Alameda, lenta, sin sentido aparente. Vinieron como siempre, sin saber bien lo que hacer, pero esta vez no hay nada. Bares cerrados, prohibición de acercarse, trastorno mental post-encierro. Hoy generamos silencio. Me voy a la Benny.
Muchos de vosotros no la conocen. Benny tiene una tiendecita de ultramarinos en una calle lateral de la Alameda. Hace años que mientras que me prepara un bocata me comenta la vida, la suya la mía y la del barrio. La raza de Benny está desapareciendo, personas, no empleados, detrás de un mostrador que no divide, que es un puente donde se apoya un botellín y el codo para hablar más cómodo. No son tus amigos, pero los quieres y siempre los encuentras cuando tienes ganas de charlar un rato. Tenéis el mismo paisaje en los ojos, compartís el mismo lugar, la misma gente, sois parte de la misma historia. La Benny, o Pedro del Bar Pedro, o Peter del Ánima, son los nudos centrales de la red de relaciones que crea el barrio, pilares de una sociedad basada en el habitar un lugar y no un sitio, son el sentido profundo de la tradición y de la pertenencia. Casi no hablamos, todo está en la mirada, en la alegría de un reencuentro, de reconocerse parte de un mismo algo, parte del mismo barrio. Me llevo un botellín y un bocata de chicharrones.
Me siento a comer en un banco y observo a la masa silenciosa de la que soy parte. Parecen espíritus, fantasmas de un Pueblo caminando entre las ruinas de su propia ciudad, ciudad, más bien amaso de edificios. No hay nada de orgánico ni de habitable ni de humano. No hay partes que se mueven en armonía, elementos que se integran e integran a las personas, sino masas de edificios y vacíos conectados por calles, a las que los humanos intentan dar un sentido.
El tiempo urbano corre y nos hunde en una marea de objetos, herramientas de la dependencia, droga tecnológica del ser humano contemporáneo. No como sin súper, no viajo sin el maps, no tengo vida social sin whatsapp, si no fuese por Emasesa ni siquiera podría beber. Vivo humillado de ser el único animal que no sabe valerse por si mismo y que encima se cree superior.
Me voy, han cerrado el gran centro comercial urbano, sin poder consumir productos el andar humano pierde sentido.

LUNES 04 DE MAYO

10:30 | Palabras

El País, no se confundan con España, ha publicado un artículo. Copio y pego el título: El mundo después del Coronavirus. Un virus ha hecho temblar el planeta. Ha confinado a la humanidad, segado más de 230.000 vidas y cambiado la forma en que vamos a vivir”. ¿Cómo será el mundo que nos espera a la salida de esta crisis? ¿Qué rumbo debemos tomar? 75 expertos y pensadores ofrecen su visión de las claves de la nueva era. Es muy interesante querida periodista, implícitamente admites la existencia de una nueva Casandra, y elevas a ciencia del siglo XXI las adivinaciones de los sacerdotes antiguos. Como devoto de Homero no puedo que alegrarme.
Las palabras construyen la realidad. La tuya no es una pregunta, afirmas que yo te he preguntado algo que no sé, en este caso concreto mi destino, y que tú tienes la respuesta: afirmas. Pero utilizas hábilmente los puntos de interrogación y disfrazas de pregunta a una afirmación rotunda y presuntuosa. Tienes duende. Yo por mi parte te pregunto, ¿cómo queremos que sea el mundo?, ¿qué podemos hacer para darle rumbo? Yo escribo sencillo, conjugo al presente y te pido construir juntos, pido que todos elijan. Dudo porque soy humano y tengo la humildad de saber que no sé nada. Tú no planteas posibilidades, conjugas al futuro, ya lo sabes todo, tú no dudas. Tú pintas una oligarquía de iluminados, yo una democracia de todos. Tú impones cual será la nueva normalidad, yo deseo que todos les pongan mano al presente. Las palabras construyen la realidad.
Mientes querida periodista, el virus no hizo temblar el planeta, los humanos han temblado, montañas y gorriones solo han visto volver un poco de paz.
¿Qué rumbo debemos tomar? Me da miedo lo que escribes, postulas que hay quien puede, debe y sabe elegir el destino mío y del mundo, que hay lideres omniscientes que pueden sopesar el valor del bien y del mal, decirme quien tengo que ser. Me dices que no valgo bastante como para darle rumbo a mi vida, y dándole rumbo a mi vida contribuir a darle rumbo al mundo: me dices que no valgo nada. Querida periodista, tu falsa pregunta es un insulto.
¿Cómo queremos el mundo? ¿Cuándo comenzaremos a tomar la responsabilidad de nuestras acciones y ser nosotros también gobierno? El País es el gran periódico de España.

18:00 | El sentido de dos besos

Él se llama Esteban. Casualidades de la vida lo llevaron a Sevilla hace 8 años o por ahí. Somos del mismo pueblo. A él lo conozco desde que tenía 13 años, ahora ronda los 40.
Estamos él, su perro y yo, dando un paseo por los Jardines Americanos, herencia descompuesta y decaída de la EXPO ’92. De pronto, como un golpe de viento, vemos a Julia bajar a toda hostia la cuesta del Museo de la Navegación con los patines. Llega lindísima, rojiza y jadeante. Damos un largo paseo, jugamos con el perro y el frisbie, luego charlas y cuatro risas.
Las horas pasan, ya es de noche. Volvemos hacia el barrio cruzando el centro desde Puerta de Jerez. A menudo se comenta lo bueno que estaría tomar un botellín en la calle. Nos metemos por la Encarnación. Sorpresa. Una tienda de poke está abierta. No me gustan las franquicias, no tienen alma, es puro comercio. Pero es lo único que hay.
El muchacho de la tienda está nervioso, es evidente que no sabe como comportarse, por si falta lo declara rotundamente. No lleva mascarilla ni guantes. No es el hecho del contagio a confundirlo sino algo más sencillo: los códigos sociales se han ido a pique y nadie sabe lo que hacer. Lo que antes valía ahora no sirve de nada.
La buena educación es una herramienta efectiva que nos permite relacionarnos. En toda Europa cuando me presentan a alguien le estrecho la mano, en España le tiro dos buenos besos en las mejillas. Tenemos un código común establecido a priori, el encuentro se construye sobre eso. Nótese que la sociedad española se sustenta en dos besos, ¿es hermoso verdad?
Viajar proporciona muchos placeres. Uno de los más entretenido viene del hecho de que el código de tu pueblo en Pequín no sirve. Llegas a un sitio del cual no sabes nada y lo único que puedes hacer es improvisar, actuar según tu propia alma, dar desahogo a tu verdadera forma de ser y actuar libremente acorde con tu yo.
El código de los besos ya no vale y no hay otro igual de bonito disponible. El muchacho de la tienda de poke está nervioso porque puede elegir. La libertad le genera tensión. El cambio que la pandemia ha impuesto abre una nueva posibilidad: estamos libres de reinventar todo desde lo más cotidiano de la vida. Si no lo hacemos nosotros proveerá el Estado a su gusto con una Nueva Normalidad.
Compramos tres tercios de insólita Maou. Es la gloria. Nos sentamos en un banco tomando cerveza, una libertad cotidiana se convierte en abierta rebelión. El mundo puede acabarse mañana, pero quiero a mi gente y no viviré sin darle un abrazo.

MARTES 5 DE MAYO

17:00 | Tinder

Los vencejos han vuelto a volar alto dejando Plaza de España vacía, a los pajaros no les gustamos nada. Vuelvo a casa, he quedado con Elisa para un café en la azotea y es casi la hora.
Elisa es una amiga Italiana un poco burguesa y frágil, vive a 200 metros de mi casa. Entre las varias cosas que me cuenta está el tinder. Al parecer un chaval de Madrid, que suele venirse a Sevilla por trabajo, la contactó algo como en enero. Nunca llegaron a verse y pararon de chatear. Volvieron a escribirse cuando empezó el encierro. Pocos días después comenzaron largas videollamadas. Ahora se pasan horas al día mirándose a través de la pantalla sin poder tocarse. Lo único que les falta, dice, es el cyber sex, pero a ella no le mola.
Viven en la espera, de que el gobierno abra las fronteras, para encontrarse y romper la soledad nacida con el encierro.

De tarde por Parque Amate | Primavera robada

Cada año la primavera volvía a Sevilla impetuosa y chillona como un pueblo en fiesta. Nos parecía que un duende loquillo y malicioso fuese escondiéndose debajo de faldas y pantalones pellizcando con alegría por todas partes. Luego salía a correr por la ciudad dando grandes palmadas a calles y jardines. Jacarandas, naranjos, árboles del paraíso, damas de noche, jazmines… El verde se despertaba de golpe abriendo su secreto de flores y color. Dulces, densos, los perfumes humedecían el aire y despertaban en los cuerpos ganas de rozarse, de besarse, de morderse los labios, de echarnos caprichosos una contra el otro, gimiendo, empujando, como si en aquellas largas tardes de sol y penumbra todo fuese solo un hecho de carne.
Este año no. El contagio ha robado la primavera y la sencilla belleza de lo cotidiano.

MIÉRCOLES 6 DE MAYO

19:57 | Aplauso

Solo un reducto de población sigue practicando el ritual del aplauso. ¿Qué sientes vecino?, ¿cómo vives todo eso? ¿Por qué lo haces?, ¿por qué yo nunca lo hice?

23:30 | Ineptitud

La Luna ¡la Luna! La luna me está llamando yo no se lo que me ve, yo tengo la ropa limpia ayer tarde la lavé. Lígerablanca lindaluna, cristal de hierro fino, ola de blanco que hunde la noche y le arranca sonrisa más clara… Tumbado en la azotea, aligerado por el vino, escucho una Toná y juego con escribir versos románticos: la pandemia revela la ineptitud de nuestra sociedad, políticos y Pueblos todos.
Esta democracia no acaba de funcionar, no funcionaría del todo aún teniendo en los altos cargos a personas preparadas, capaces, efectivas. La cúspide presiona la base, impone voluntades, la base acepta por no tener forma o ganas de organizarse. Pocos deciden para todos. No funcionará y nadie ofrece una alternativa que no suene a utopía. Quizás solo hay que pararse, mirarse, reconocerse, echar manos a la tierra pensando en crear belleza.

VIERNES 7 DE MAYO

09:00 | Ten cuidado

Laura lleva mascarilla, quiere portarse bien. No es un chiste. Sus ojos reflejan claramente el miedo a volver al encierro, a la soledad, a un bajo con ventana a un patio interior. Parece que sea esto el mensaje implícito: si no te portas bien no te dejo salir más. No, no es mi padre y no tengo 12 años. Es el Estado que habla de mis derechos, que ahora son premios si me porto bien. Eso implica que alguien me vigile.

16:20 | Mayores

Carmen es una amiga queridísima, un pequeño terremoto rubio que lo hace temblar todo sin hacer ruido. Pasó el encierro, palabra de bestias, con su madre. La señora tiene 62 años, el miedo y el pánico la devoraron. Todo empezó cuando escuchó eres un sujeto de riesgo repetida 1 y 1000 veces. El bombardeo televisivo derribó su espíritu y un miedo incondicional se apoderó de ella.
Un encierro, palabra de bestias, conlleva que la mente pierda equilibrio, que el cuerpo se debilite, que una persona se vuelva más vulnerable. Nos cuentan que invitan a la calma, que sensibilizan a nuestros mayores, pero no fueron bastantes sensibles como para elegir una palabra mejor. Creo que hay intencionalidad en eso: controlar a través del miedo.
Mi padre es un viejo cabezón que ronda los 80. Fue niño de posguerra, a ti, experto de la comunicación o del Estado, y a su hijo que te escribe, podría dar clases de vida o por lo menos un buen consejo, él como muchos otros de su edad. Respétalos, no son tontos, no han llegado a los 80 para necesitar que tú les diga que no están tan fuertes como cuando tenían 20. Somos nosotros que deberíamos mirar a ellos, para que su experiencia del pasado nos ayude a construir el presente y afrontar problemas. Pero no, los has convertido en un peso, en objetos frágiles y pasivos, incapaz de hacer algo más que quedarse en casa esperando tus grandes ideas. Llegó un punto en que parecía que todo eso sé hacía solo por ellos, que si no fuese para los viejos no habría necesidad de encierro, palabra de bestias. Todos nos acordamos del enésimo bulo: hay un complot para matar a los viejos y no pagarle pensión.
Necesitamos a nuestros mayores, a su experiencia, a lo que guardan y que es el sentido último de ser una sociedad: tener una memoria común.

VIERNES 8 DE MAYO

Después de las 20:00 | Amistad

César es un viejo amigo al que le debo mucho: me regaló las llaves que me abrieron el entendimiento de Sevilla. César es un geógrafo. Su mente fina se hunde perdidamente en lo más real de la existencia, en lo que nos rodea, en el hermoso cuerpo del mundo al que llaman paisaje, y que él persigue, a grandes golpes de paseo, como un enamorado buscando besos. También se le puede ver caminar taciturno, con su hermosa aptitud de estoico sereno, mientras que reflexiona alguna frase de Marco Aurelio. Quiero verlo, saber que está bien y conocer su opinión acerca de la pandemia.
Como de costumbre quedamos en el medio del Puente de Triana. Desde aquí la ciudad parece una amante tendida a orilla del Río, que ofrece su cuerpo desnudo al placer y al capricho. Dejamos el puente en dirección al Palacio de San Telmo, antigua residencia de los Montpensier. El día es hermoso, terso y soleado, un viento ligero anima el aire y el espíritu.
Despacio, la profunda alegría del encuentro se torna en pesadumbre. La conversación es lenta, cansada, sin belleza. Todo me sabe a polvo. Cada comienzo se revela pronto un callejón sin salida. Nuestros espíritus nunca estuvieron más lejos del otro, o quizás sí, y la pandemia solo nos hace tomar conciencia de la realidad.
Yo le buscaba para un consejo y una ayuda en estos días tan tensos. Estoy convencido que hemos llegado a una de las grandes encrucijadas de la historia: nuestra especie está apostando por su destino. Él me buscaba para el sosiego de un paseo y de una charla hermosa, curioso de conocer mi opinión sobre el alma de Torriggiani y de su san Juan. Su bienestar no ha sido afectado. César tiene una casa de propiedad, convertida en un templo personal para el goce del intelecto. Para él, son sus palabras, lo más terrible del encierro no fue la violación de la libertad, ni las consecuencias sociales, política y económica de las medidas, sino la imposibilidad de visitar a su madre en Málaga y tomarse un café a orilla del Mar de Ulises.
No tiene inquietudes, habla como si no pasara nada: la pandemia es un estorbo momentáneo de su placentera rutina, y los problemas de nuestro tiempo no son suyos. Hoy me doy cuenta de que vive el mundo y la humanidad como herramienta del placer, ofrece el ideal de un ser humano que solo vive para satisfacer sus propios caprichos.
Sigo enamorado de los versos de Salinas y de la osadía de los artistas renacentistas, pero el mundo humano tiembla, la autoridad establece horarios, distancias, formas de contacto humano, nos pide de tenerle miedo al prójimo. La sociedad se auto-impone a un modelo de vida que construye la base para su propio genocidio: es patente que no hay ética. No puedo no pensarlo, ni dejar que la hipocresía mantenga de pie el gran espectáculo mío y vuestro. Lucho a diario en contra de la frustración que conlleva la conciencia de todo esto y el no ser capaz de hacer nada.
Paseamos, él ahora me habla de arquitectura regionalista. La fractura se hunde. El encierro hizo de dos amigos a dos desconocidos. La pandemia ha sacado el espejo. Estamos al borde de un colapso social y ambiental, solo dos elecciones nos quedan, actuar o aceptarlo pasivamente, descubriéndonos cómplices y culpables de nuestro propio fin.
Me despide frente a la catedral, después de una consideración sobre un bajorrelieve de Mercadante de Bretaña. Nunca me he sentido tan solo.

SÁBADO 9 DE MAYO

De tarde | Nostalgia

Olor a sal, humedad de Atlántico. Sopla Poniente y devuelve a Sevilla la mar traicionera que tanto amó. La azotea hoy es mi barco. Para quien no esté familiarizado con estos parajes, diré que Poniente es un viento fresco, que viene del Océano. Lleva consigo humedad marina y perfumes de costa. Le recuerda a la gente de interior que la mar está cerca, cerca donde se acaba el Guadalquivir. Lo mejor y lo peor de Sevilla vino de allí.
El Viento se me mete bajo piel, tiende e inclina las velas del alma hacia la senda escarpada de la memoria y corriendo me lleva hacia la mar. Es todo real. Tengo la piel mojada, sal en la boca, entrego el cuerpo al agua, las olas se rompen con estruendo de espuma y alegría de vida, serenidad de un mundo luminoso, libre y agresivo, señorío de un dios azul y descarado. Agua arena movimiento cielo sol nubes sombra viento, piel y luz, es el juego hermoso del mundo y del hombre desnudo, es un día de extrema belleza a orilla del Estrecho, a orilla del Atlántico, a orilla de la última orilla de Europa.
Mi alma allí está, tendida hacia el horizonte, el cuerpo queda aquí, triste, por no poder abrazarte, por no poder buscarte, corriendo a gritos, golpeando olas y rocas. Hablo de todo, de ti de la libertad de la mar de un amor. Estoy lejos, el Estado prohíbe. Bajo al piso. Repongo la Teogonía en la estantería, abandoné Pigafetta para defenderme buscando belleza en los antiguos. Hesíodo Omero Safo, fuisteis mi primera pasión, me gustaba mucho que vuestros dioses caminaran desnudos. Miro los libros. Todavía no tengo clara la diferencia entre anaquel y estantería.

De noche | Debilidad

Tomo la calle, hay lluvia de Poniente. Camino con la cara al cielo feliz de mojarme, es agua del Atlántico cayendo: esta noche será un poco como nadar. He quedado con Alberto. Él lo conocí a las dos semanas de llegar a Sevilla, hace ya 12 años.
Lo encuentro asustado, triste, abatido, enfadado, y cansado de todo y todos. Su vía de salvación ha sido aislarse en el aislamiento. Poco teléfono, nada de social. Le cuesta salir de casa, percibe la ciudad como un ambiente hostil. Cuando lo hace evita las zonas más concurridas. Las palabras lo hieren fácilmente, la pasividad y la división del Pueblo lo hacen sentir extranjero en su propia Tierra y lo asustan con un futuro de sumisión. Tiene ganas de desaparecer, de ir lejos para encontrar un lugar de paz y sosiego.
Se defiende trabajando con ahínco en su proyecto artístico hasta altas horas de la madrugada. Yo escribo. Todo va bien, cualquier cosa que nos proteja, que le dé un sentido a todo esto. Necesitamos un punto de apoyo. Todo está cambiando y nadie sabe. La pandemia ha sacudido la historia, ha sacado el espejo, nos ha puesto más visible que nunca fragilidad y contradicciones de nuestra sociedad. O damos un cambio ahora o nuestro futuro será un fracaso.
Cada uno está tomando elecciones día tras día, la suma dará una dirección al mundo: todos somos responsables de la historia, siempre, también cuando nos limpiamos manos y conciencia.

DOMINGO 10 DE MAYO

Tarde noche | Cerrado el paso

Lluvia, día escribiendo, la espera se acaba: vuelve el sol. A las 20:00 salgo de paseo por gracia del Estado. Cruzo el Río por el Puente de la Barqueta y bajo al paseo de la ribera en dirección al monasterio. Hay mucha gente, todos buscamos espacios abiertos y naturaleza.
Sorpresa. Hay una cancela que cierra el camino y divide el paseo en dos bandos. Al otro lado, a unos 50 metros de la cancela, el coche de un guarda vigila que nadie se la salte.
Tres señoras llegan cerca de la cancela y se dan la vuelta. Les pregunto si saben por qué han cerrado. Una de ellas desahoga su picadura conmigo: ¿Por qué? Porque la gente sale, la gente sale y cierran. ¿A ti te parece normal que la gente camine? Ironía y enfado, es lo que necesitamos, ironía, y sobre todo enfado.
El paseo es una línea perfectamente recta que tiene por un lado el agua del Río y por el otro la reja de los Jardines del Guadalquivir. Los jardines están abiertos y tienen diferentes salidas al paseo, una queda justo 200 metros detrás de la cancela que han cerrado. Muchos rodean la cancela pasando por los jardines haciendo inútil el guarda y su cancela. Es evidente: han cerrado solo para obstaculizar el paso en función de algún concejal que tuvo su idea genial para limitar la concentración de gente, por supuesto sin comunicar nada al ciudadano ni dar explicación ninguna. Es un hecho de mentalidad. Los elegidos a los cargos institucionales actúan como si la ciudad fuese suya por derecho, la administran a su antojo. Ser alcalde o concejal no significa servir a la colectividad, sino ejercer arbitrariamente un personal sentido justo y beneficioso y mandarle a los demás. A veces parece que nunca salimos de la Edad Media.
Mañana entra la fase 1. No es un videojuego.

LUNES 11 DE MAYO

De mañana | Hacia la nueva normalidad

Inserte una moneda para comenzar: “fase I” hacia la “nueva normalidad”. Perdonad las muchas comillas pero sin ellas sería un sin sentido, a pesar de que viene en el BOE. La Real Academia sabrá juzgar, pero pa´ mi del Pueblo Llano o algo es nuevo o es normal. Tú me dices “nueva normalidad” yo pienso que me vendes gato por liebre. Un día me enteraré si eres un genio o uno muy tonto. Nueva Normalidad suena a cuello torcido, no aclara un futuro, plantea una incógnita. La duda genera ansia, el ansia deja que la mente se asome al miedo.
Respecto a la fase 0 hay importantes novedades. Se pueden hacer reuniones de hasta 10 personas. Abren bares y tiendas pero no los centros comerciales. Bibliotecas y museos permanecen cerrados y no habrá conciertos ni teatro. El marco geográfico pasa a ser la provincia en lugar del municipio. Hay misa. Oficialmente se puede practicar deporte solo en las franjas horarias establecidas en la fase 0, esta limitación vale también para los paseos, pero ahora es fácil justificar tu presencia en la calle en cualquier horario, hay solo que mentir sobre tus objetivos.
Hay Viento Sur y trae lluvia. Es de mañana temprano y paseo por el centro. La gran escoba del virus ha limpiado la ciudad del turismo, quizás el planeta se está desinfectando de nosotros. Sevilla tiene otra cara. Solitaria, silenciosa, traicionada otra vez, otra ves más pobre justo cuando parecía que… Otra vez solo le queda el desahogo del orgullo y el recuerdo, la ilusión rota, la nostalgia de cuando fue el centro del mundo.
Casi todos los árboles han perdido las flores. Primavera robada. Estoy con el mentón apoyado en la Giralda, midiendo el deseo humano de verticalidad con el cielo arriba de la torre. La Puerta de los Palos está abierta. El arco gótico acuna el sueño renacentista de un escultor Francés, que huyó de la guerra en tiempos de Carlos V. Estamos en el 2020, el bajorrelieve fecha 1520. Han pasado 5 siglos, para la historia no es mucho, pero todo me queda más lejos. La pandemia ha marcado un punto de inflexión, mató a la memoria, ya nada de esto tiene a ver conmigo, solo veo testigos mudos, ruinas inservibles que no me pertenecen. Somos un punto 0 de la historia.
Me encamino a la puerta. El personal se me acerca. Llevan mascarilla, están relajadas. Todo acaece en la distancia, como desde la ventanilla de un tren. El encuentro tiene reglas perfectamente establecidas. Las prevengo preguntando, ¿están abiertas las visitas? No, solo pueden entrar quien va a misa, pero me conceden de echar una mirada. Me asomo desde el umbral, al otro lado de la línea, prohibido a mi cuerpo, está el mundo de los creyentes. Hay un vencejo jugando debajo de las grandes bóvedas, un pájaro volando está más cerca de dios que un campanario. Me despido y vuelvo al paseo.
Cruzo la ciudad y solo se nota algún bar abierto, algunas tiendas, un par de obreros desayunando, algo de tristeza. Vuelvo a mi barrio.
Pedro del Bar Pedro me mira con la sonrisa descompuesta de vieja gloria caída en el olvido. Hay un hombre tomando cerveza cerca de la ventanilla, y dos colegas sentados en una de las 4 mesas. Saludo y pido.
El jamón es lo de siempre, pero hay otras novedades en la tostada. Pedro ha cambiado de pan, la mantequilla ahora es en porción y la cucharilla del café de plástico, para cuidar la salud nuestra y del medio ambiente. Ni ahora que tenemos tanto miedo paramos de matar al planeta.
Gotea. Me siento en la terraza debajo de uno de los dos toldos y le echo azúcar al café. El hombre con la caña se resguarda de la lluvia debajo de mi toldo. Está peligrosamente cerca de la distancia mínima y se disculpa. Puedes sentarte conmigo si quieres. Me sonríe pero se queda donde está. Llegan dos chavales. La lluvia aumenta, ellos se ríen y se quedan sentados con los paraguas abiertos. Pasa poca gente, dos abuelas se paran a charlar con Pedro. Llevan mascarilla, no toman nada y se van rápido.
No sé decirte, hay un aire tan extraño que no sé decirte, todos llevan en la cara las huellas de los 40 días. Todo eso de nuevo lo tiene todo, de normal nada, ni el pan de la tostada.

De noche | Tú que vendrá después

Tú que vendrás después, historiador, y te preguntarás como lo hemos vivido, acércate, bésame. Para entenderme tienes que buscarme con la boca, tienes que probar el sabor de una lengua que vive la enfermedad y la reclusión. El centro de mi vida fueron universidades y catedrales, ahora miro ansioso lo que se esconde en los hospitales, lo que sepultan los cementerios. Entra en mi cuarto, me encontrarás sentado, despierto a tarda hora, con las manos torcidas, intentando el silencio. Estoy sumido en una realidad sin tiempo creada por la espera, carcomido por la duda, con un Estado que todavía no sabe o no quiere hablarme, un Estado que me excluye.

MARTES 12 DE MAYO

De mañana | Fe

Indiferente a los deseos humanos un trueno derriba el aire de la mañana. El temporal trae a la ciudad su verdad de agua y cielo, una verdad que asusta, que construye casas de muro espeso con montañas de plástico y palabras, estanterías llenas de cosas, y nadie que quiera mojarse las manos. La belleza violenta del mundo golpea la ventana, el temporal se ríe de un hombre escondido detrás de la \newline \noindent fragilidad de un vidrio, feliz de estar protegido, de tener una distancia de seguridad con la vida. Hace miles de años vendí mi libertad por algo de cobijo, desaprendí a vivir para aprender a manejar un móvil y depender de servicios y voluntades ajenas. Si mañana cerraran los supermercados me moriría de hambre. Es humillante. Somos el único animal que no sabe valerse por si mismo, súbdito de sus proprios objetos, de sus propios deseos. La pandemia ha sacado el espejo.
El viento azota la casa, el agua cae violenta. El temporal me recuerda una senda de Cantabria, chorreaba sin tener claro cuanto había hasta el próximo pueblo, buscando la forma de encender un cigarrillo bajo el agua. Han pasado casi 15 años, vivía más en una tienda de campaña que en una casa. No me importaba nada, solo quería andar. Volví a Cantabria años después para reencontrar una linda mujer de Limpias conocida en Santiago. Era ella la mezcla hermosa de una culta bibliotecaria con falda larga y una surfera casi desnuda que sueña la libertad de los delfines. Tenía un pecho maravilloso. Me llenó la cara de besos y los ojos de mar, aún me queda en la memoria el calor de un encuentro realmente vivido. Es mi defensa, escribir, volver a soñar realidades.
Aquí abajo otra fe intenta ganar su propia lucha. Ha reabierto la capilla de María Santísima del Amparo. Está al otro lado de la acera justo en frente de mi balcón. En realidad la capilla es el garaje ofrecido por un fiel. Un día serán una verdadera hermandad y sacarán su paso en la carrera oficial. Quizás el alma de los cristianos de la pandemia se parece a la de los fieles de algún lugar de Castilla cerca del año 1000. Me hago un café.
Los cristianos están allí, valientes y visibles, quizás sólidos como una iglesia románica, manifiestan su aspiración con su propio lenguaje, ofrecen su propia verdad, mientras que yo me siento al escritorio desahogando la impotencia escribiéndote: al otro lado del papel alguien tendrá una respuesta.

Las 12:00 más o menos | Por un trozo de pan

Para algunos de nosotros la sacudida fue leve, tienen un trabajo a salvo y una mínima apariencia de estabilidad. Otros, yo entre ellos, se preguntan como tener techo y comida el mes que viene. La fractura social se profundiza.
Estoy sentado en una oficina, hablando con una empresaria que me puso en ERTE y que quiere mi baja voluntaria. Me niego. No puedo permitirme renunciar a los 99 euro de mi ERTE para que ella se ahorre 17,90 euros de la seguridad social. No se da por vencida, intenta astutamente todos los caminos, desde la autoridad a la supuesta pena que debería sentir por ella y su negocio, con el corolario de que los problemas del empleado valen menos que los del empresario. La miro, la escucho, se siente legitimada, se siente parte del bando justo, ni siquiera ve la realidad numérica que le planteo, sus 17,90 euros valen más que mis 99.
Hablamos. Todo está muy claro: cada uno sacará los dientes en defensa de su trozo pan.

Tarde noche | Distancias

Primera vez que invito gente a casa después del confinamiento. El aire es espeso, parecemos peces en un acuario. Durante el encierro las almas se alejaron más que los cuerpos, se volcaron hacia su intimidad, obligadas a buscar abrigo en sus propias profundidades. La distancia ya no se mide en metros.

MIÉRCOLES 13 DE MAYO

Tarde noche | Decepción

Son las 20:00, en mi calle solo 6 vecinos aplauden. Parece años que lo hacía todo el mundo. Han pasado solo 2 mese. Me siento viejo. Salgo para un paseo.
La lluvia vacía la ciudad, un poco de agua es suficiente para ahuyentar a la gente. El largo encierro despertó un débil deseo de espacio, a largo plazo nos acostumbró a lo reducido de una geografía domestica y cómoda, nos hizo menos hambrientos de libertad. Como cada animal me adapto al entorno, a falta de espacio se reduce el movimiento, no solo del cuerpo. Todo los días lucho con una apatía ligera que juega al escondite en mi cabeza, difícil verla claramente, pero me encuentro sentado en casa más de lo debido: esperar se ha convertido en una actitud. No será fácil volver.
Son las 22:00 y parecen las 04:00. Al comienzo del pandemonio todo el mundo decía: verás tú cuando abran los bares… Todos imaginaban una gran fiesta, una gran borrachera colectiva, una lluvia de abrazos y besos bajo el gran sol de Andalucía. Pero llueve, hay viento, pocos bares han abierto, con mascarillas y distancias. Sin humanidad un bar es una tienda que vende alcohol, un cementerio para sepultar días no vividos. La gran fiesta que esperábamos se canceló, igual que Feria y Semana Santa. Ni borrachera ni abrazos. Tampoco sol.

JUEVES 14 DE MAYO

08:45 | Lo intentamos

No hablamos, lo intentamos, no podemos. Las palabras no lo pueden decir. Pero si me miras a los ojos todo lo intuyes.

10:30 o por ahí | Memoria

Llueve fuerte. El piso de al lado está vacío y unos gorriones hicieron allí su nido. Estoy observando unos de los pollitos absorto en sus primeras tareas de limpieza corporal, hace poco que aprendió como arreglarse las plumas del pecho pasándola entre el pico. Me parece una tarea complicada, sobre todo para el cuello. Es curioso como, más allá de informaciones físicas como color de pluma y tamaño del pico, el ADN le transmitió informaciones mentales. ¿Qué se esconde en el mío? ¿Cuánto de quién soy es una memoria moral que me ha llegado de los padres sin que yo pudiese elegir?

20 y algo | Paseo nocturno

Es un intento tímido, de corta duración, dos abuelos aplauden solos a la calle vacía. Se les ve en la cara, no entienden porque todos han parado de hacerlo. Se miran, tristes, y abandonan el balcón. Vuelve el silencio.
Salgo de paseo en dirección a Santa Cruz. Hay solo un bar abierto y nadie paseando. Ando entre las ruinas de un mundo que pronto el tiempo sepultará bajo tierra.

VIERNES 15 DE MAYO

21:00 | Policía

Estoy con Carmen tomando una cerveza en un bar de Calle Arroyo. Llueve. Al rato viene una patrulla de la Policía Nacional. Comienzan el control. Las caras hablan claro, hay que buscar lo que sea para que nos vayamos. Resulta que la presencia de un toldo transforma una terraza en un espacio cerrado.
Ha sido una constante durante estos días. Patrullaban la ciudad con la aptitud de un perro buscando presa. Miraban para ver si nos cogían en fallo y castigar cualquier salida de la norma, llegando a criticar o dar clases de moral si te paraban a pocos metros más de lo debido de tu casa. Vigilaban en lugar de cuidar. Muchos han llegado a percibirlos como enemigos.
La palabra policía nos llegó desde aquella Grecia Antigua que tanto me tiene enamorado. Politeia se refería a la condición de ciudadano y a los derechos que tal condición conllevaba, o bien al conjunto de la ciudadanía o a las instituciones políticas que la regían. El sentido originario de la palabra “policía” no es control, sino valores cívicos.

DOMINGO 17 DE MAYO

De mañana | Paisaje

Es una mañana tranquila y soleada, ausente de turistas y con pocos lugareños. Estoy sentado en un banco de Plaza Nueva. Una descripción del lugar sobra, hay centenares de plazas así por España y por el mundo, si no tienes una en tu pueblo la encontrarás en el de a lado o en la ciudad principal de tu comarca.
Estas plazas varían en forma, tamaño y estilo arquitectónico, pero tienen un punto en común. En el centro, u otro lugar especialmente destacado, campea un gran monumento con la estatua de un rey o de un capitán, que ensalza la retórica de la nación-ejercito y de la autoridad-como-alma-de-la-nación. Solo en raros casos se representa al Pueblo, pero como sujeto político, nunca como personas. En la Plaza Nueva de Sevilla hay una estatua del rey Fernando el Santo y de su caballo, del cual desconozco el nombre.
El paisaje, como la enseñanza de la historia en el colegio, se convierte en escenografía del poder, legitima la existencia de una jerarquía, chocando mucho con la idea de democracia, palabra que, al día de hoy, no representa un hecho, expresa un deseo. A menudo todo se reduce a reyes que pierden o ganan tierras, inclusive el Pueblo que la vive, la trabaja y la pelea. Olvidamos el camino hermoso de las comunidades a través del tiempo para celebrar la muerte a través de la guerra. No hay estatuas de cajeras del súper, albañiles, familias corrientes y gente común, mi gente, que sustenta al Estado y a las élites con su diaria labor, y a las que nunca se le levantan monumentos y no tienen lugar en los libros del colegio. Pero, como lo de las mascarillas, dicen que todo esto es por nosotros, y hasta nos convencen.

De noche | Cementerio histórico

Paseo por el casco antiguo. Pocas luces encendidas en los hogares, como fantasma errando algún paseante. Sevilla fue asesinada, por su propia gente y con la complicidad del ayuntamiento. El arma del delito fue la venta-alquiler indiscriminada de casas y pisos. El Pueblo abandonó el centro para hacer hueco a los turistas y se llevó el alma de la ciudad a la periferia. Luego la pandemia echó a los turistas. Hoy nadie queda. El vacío tiene sabor amargo. El casco antiguo es el cementerio de lo que fue una ciudad.

Poco después, volviendo a casa | Bajo control

No se acabó. Por el centro se cruza más Policía de lo normal, furgonetas en lugar de los más comunes coches. El Estado no me cuida, me vigila, atento a cada fallo y listo para sancionar: no soy un ciudadano, soy un posible criminal. Anoche detrás del Mercado de la Feria se tomaba cerveza con la sensación de hacer algo malo. No hay libertad, solo aprietan menos. Lo que está pasando dejará huellas.

LUNES 18 DE MAYO

Paseando alrededor del mediodía por la Alameda de Hércules | Resignación

Mediodía: el espíritu del Sur es blanco de luz, y negro, de sol violento. Densa, como líquida, la luz moja los copos de los Álamos, y cuela entre las hojas encharcando los adoquines de pozas brillantes. Doblo la esquina de un cerrado Bar Central y tropiezo con la cola de una conversación entre dos hombres. Los dos llevan mascarilla, hablan de sus hijos, … a ver los niños con lo que han pasado… Dadle gracias al destino, lo que ha pasado les enseña el sentido de la jaula, el valor de la libertad y la fragilidad de la condición humana cuando se busca una estabilidad que no sea nuestra propia alma.
Estoy picado con el mundo entero y tengo ganas de hablar. Llego a Calle Feria, la Bottega Italiana ha vuelto a abrir, la comida es casera, rica y barata. Miro el local, me parece estar de vuelta a Sevilla después de un larguísimo viaje. El camarero está en la puerta. Me saluda alegremente.
YO: ¿Te han puesto bozal o qué?
CAMARERO (riéndose): Tú ves. ¿Qué tal vamos?
YO: Bien, dentro de lo que cabe, pero a menudo enfadado.
CAMARERO: ¿Qué hay que hacer? Hay que acostumbrarse poco a poco.
YO: No quiero acostumbrarme a esto.
CAMARERO (riendo): ¡Hombre! … Bueno… A ver lo qué pasará.
YO: A ver lo que queremos que pase.

MARTES 19 DE MAYO

16:14 | Pasear

Paseo y miro para conocer, para entender algo de lo que ha pasado, de lo que está pasando. Rechazo dejarme arrastrar por los medios y busco respuesta en el paisaje, en la realidad fuera de la ficción mediática, ¡no te metas en mi cabeza a través de las pantallas! Soy persona y miro a las personas, quien me habla tiene que estar en frente de mí con su cuerpo y su vida, con su verdad: las palabras son ilusiones sin tu presencia. Pero escribo, escondido detrás de una hoja de papel, ilusionándome de que las palabras sean espadas.
Me meto por el Arenal. Paso al lado del Hotel Simón, desde aquí una mañana del ´36 Queipo de Llano salió de camino para la matanza. Tomo Calle Arfe hasta el cruce con García de Vinuesa. Aquí estaba la Puerta del Arenal, acceso al gran embarcadero del mundo, el Puerto de Sevilla. Vinuesa fue un banquero y alcalde de la ciudad, ordenó derribar la puerta en aras al progreso. Poco le importaba que fuese obra del mismo Hernán Ruiz que ennobleció la Giralda con gracia renacentista: progreso y lógica de la conveniencia vencieron a la memoria y al sentimiento de la belleza. Giro a la derecha por Calle Adriano y me paro en frente de la Cruz del Baratillo. Aquí abajo quedan los restos de otra matanza: la Gran Peste del 1648.
Paseo, miro, sueño con el pasado y pienso en mi tiempo. Una pareja llega a la terraza de un bar, se sientan, se quitan las mascarillas, piden algo al camarero. Estamos normalizándolo todo. Paseo, miro a los ojos de quienes cruzo, nadie me hace caso, no se habla con los desconocidos. Las caras esconden sentimientos y no revelan emociones, nuestros rostros son máscaras. Todavía no hemos salido del encierro, solo flotamos en un espacio más grande, mi cárcel ahora es la ciudad y mi propia alma. ¿Cómo interactúan los presos? Hablaría solo con los que quieren escapar, los como yo. ¿Es así que interactuamos? Hay los que abrazan y los que no. Otra vez hay bandos que no andan juntos.
Voy hacia el Guadalquivir. Al paseante que cruza el puente de Triana mirando hacia Sur, se le llenan los ojos de Río y del perfil hermoso de una ciudad de elegancia extrema. También se ve otro puente más moderno. Se levantó en el ´68, se le bautizó como Generalísimo Franco, hoy Puente de San Telmo, por encontrarse cerca del palacio que en sus pasillos vio alternarse marineros, estudiantes, un duque, seminaristas y presidentes.
El paisaje nos habla, es el presente material de la historia habitado por seres vivos, puedo escucharlo, tocarlo, vivirlo y aprender la realidad del hoy. Pero cierro los ojos a la vida para consolarme con un mundo de reflejos sin sustancia, pantallas donde no puedo tocar nada: la realidad es el único anclaje para no perderme en la soledad de mi mente.
A la mierda todo, quiero tocar, mojarme las manos, sentarme al suelo y oler a hierba, nadar en el Río de mi ciudad, gritar si me da la gana, y que no se me prohíba cantarle a la vida mi alegría porque son las 5 de la madrugada, vuelvo de una noche hermosa. Quiero hablarte, tocarte, escuchar tu voz, hacerte el amor, reírme y llorar contigo o mi existencia se reduce a un teatro virtual. Quiero realidad. Hay más cosas en el cielo y en la tierra que en nuestras pantallas. Estoy cansado de móviles y mascarillas.
Llego a Triana y tiro para calle Castilla. Aquí sobrevive uno de los muchos corrales de vecinos que tanto carácter daban a la ciudad. Vuelvo sobre mis pasos, cruzo el puente otra vez. Estoy un poco inapetente. Llego sin quererlo a la Avenida de la Constitución, gran arteria peatonal del centro, territorio de franquicias y vía de acceso preferencial a los monumentos más famosos de Sevilla.
Me siento y miro a los otros paseantes que pueblan mi ciudad. Hay solo cierta apatía, cierta atmósfera a cuartos cerrados, cierta tristeza en las sonrisas, una sensación de limbo, de temporada acabada, del tiempo que cierra la puerta a lo vivido. Balanceo, entre rabia y alegría sin razón aparente, con fiebre de escribirlo todo. De repente se abren vacíos por un sentimiento antes desconocido, un velo fino y pesado lo cubre todo, realidad sueños y sentidos.

Poco después en frente del Hotel Alfonso XIII | Derechos de sangre

Puerta de Jerez es un espacio abierto, lleno de gracia, lleno de agua y cielo. Lo sombrea un hermoso Jardín sembrado de homenajes a los poetas del ´27. Más que una plaza es un lugar mestizo, que nace por la confluencia armónica de diferentes hitos urbanos, como ríos juntándose en el agua tranquila de un lago. Debe también su esencia al ser un gran beso de bienvenida, una abertura improvisa, como un gran abrazo arquitectónico que une Sevilla a su caprichoso amante, el Río. Elegantes edificios históricos rodean la Plaza, entre los más destacados, por belleza y tamaño, está el Hotel Alfonso XIII, obra profundamente romántica de José Espiau.
Se inauguró en 1928, el día después del final de la Feria, con un gran banquete oficiado por el mismo rey y su esposa. Durante la Segunda República, en un intento de llevar la democracia al callejero, se le rebautizó Hotel Andalucía, pero, después de la Guerra, retomó su antiguo nombre aristocrático que permanece en la actualidad, a pesar que la democracia nominalmente ha vuelto. Las palabras construyen la realidad.
La fachada principal del Hotel, ahora vacío por la pandemia, se asoma a la avenida del rey san Fernando, que desemboja en avenida Carlos V, que se cruza con calle Felipe II. Hay también calle Alfonso XI y calle Alfonso XII, el Puente de Isabela II, el Parque de la Infanta Elena y otros cientos de sitios bautizados en honor a un rey o reina.
Me chirría el alma de que alguien ocupe un alto cargo institucional, con las responsabilidades y el bienestar económico que conlleva, solo por ser el hijo de alguien y no mi hijo o el tuyo, por un puro hecho de sangre. Se hace de la pureza racial una razón de Estado. Un nazi aprobaría esta filosofía de un linaje superior, y también lo haría un hombre Medieval por ser el mismo concepto de la servidumbre de la gleba: mi hija será cajera del Mercadona y tendrá un piso en calle Pégaso, la de Felipe será reina y contará con varios palacios, sin que merito y valor entren en la cuestión.
Es la vieja normalidad de nuestra democracia y no ha cambiado con la nueva.

Han pasado 2 minutos y 100 metros, en frente de la Real Fabrica | Ingenieria social

La Real Fabrica de Tabaco levanta su mole de gigante entre el fantasma de la muralla y el Río. Cesó su actividad en 1950, después de dos siglos, para dar cobijo a los estudiantes de la Universidad y producir conocimiento en lugar de cigarrillos, pero todos se acuerdan de las cigarreras. Eran un gremio insólito y combativo. Tenían sus canciones, sus lugares, su forma de hacer y de pensar la vida. Carreteros campesinos costureras, todos teníamos nuestras canciones y nuestra identidad.
Hoy no escucho las voces de cajeras, albañiles, obreros de fábrica o empleados de oficina. No creamos canciones ni intentamos crear vida. Escuchamos, leemos, llevamos ropa, habitamos, los que nos imponen desde el alto sin nuestra participación, mamando de una cultura ajena echa según patrones de empresa. A través de los medios de comunicación nos han robado la voz para meternos en la boca su acento y su cultura. Con un bisturí institucional han cortado la carne de los barrios, destruido corrales y formas de vivir: nos han colonizado.
Entran en nuestras casas y mentes por las pantallas, nos venden sus modelos, nos enseñan como hablar, como actuar, imponen una normalidad donde somos esclavos y esclavas de la compra de objetos y servicios, normalizan la existencia de un poder que se desarrolla en la relación de amo y sumiso.
Es difícil defenderse de quienes pueden manipular palabras, escuelas, economía. Es difícil defenderse cuando la agresión viene por medio de un engaño mediático disfrazado de normalidad. Es difícil defenderse si tienen leyes y policía en su bando, y pueden imponer mascarillas y realidades a golpes de multas y decretos.

MIÉRCOLES 20

Todo el día | Sosiego

Fui con unos amigos a la Sierra Norte de Sevilla, por alrededor de San Nicolás del Puerto. Todo fue tan sencillo que no sé escribirlo. La sierra y un río después de tanto tiempo, praderas, cielo, aire limpio y agua buena, árboles espacio silencio. Fue despertar de un sueño y volver al mundo. Hoy mi cuerpo ha florecido.

JUEVES 21 DE MAYO

De mañana, rabiando por las calles | Me niego a ser como tú

Cuando el contagio estaba en su clímax no hubo falta de obligar a las mascarillas, y ahora, que han cerrado el IFEMA, nos imponen hacer con mascarilla lo que durante casi dos meses hicimos sin. Rabia. Fue así desde el comienzo, fuimos sometidos a reglas absurdas, como no poder conducir el coche juntos a una pareja con la cual comparto cama cada noche. Aplicaron medidas policiales frente a una crisis sanitaria, y al fin y al cabo nos trataron como muñecas, objetos que se pueden ordenar en el cajón del Estado.
Tú Estado, me metes una mascarilla, me encierras, palabra de ganadería, me impones horarios y modo de hacer las cosas, me impones tu realidad donde no existe ética. No hay sentimientos en ti, a todo antepones salvar un ser humano-objeto hecho solo de cuerpo: llegas a prohibirme celebrar un funeral. Prohíbes mi tradición y mi cultura, dejas a nuestros queridos sin confortar, pronunciando nuestros nombres en la soledad y el miedo de una cama de hospital. Tu justicia es negarle consuelo a un moribundo, impedir que me despidas de un ser querido antes de que la muerte se lo lleve. ¿Cómo puedes pedirme eso?
Me deshumanizas, en nombre del pellejo quieres que abandone todo lo que hace de mí una persona. Admites abiertamente que los valores con los cuales cada uno se define, vive, actúa en el mundo y ama y odia, no valen nada, la amistad no vale nada, la familia no vale nada, el amor de hijos o pareja no vale nada: me reduces a una cosa, quitas sentido a la vida. Con tus medidas dejas el espíritu desamparado para proteger el pellejo.
Ahora me obligas al bozal, otra vez me impones como proteger mi vida y a mis queridos, me prohíbes elegir, me transformas en una marioneta y me dices que lo haces por mí, y ni sabes lo que quiero, ni te interesa. Si te preguntara ¿qué es para ti un ser humano? Probablemente sacarías un acta de nacimiento o una hoja del INE, apuntando con el dedo una curiosidad numérica como el porcentaje de parados. Quizás de allí sacarás una ley que yo tendré que tragarme, pase lo que pase, una ley pensada por quien tiene la ética de la conveniencia como único valor. Me niego a ser como tú.

15:30 en la cola para el pan | Hay de todo en la viña del señor

A ver, me dice la anciana, esto está muy claro. Si todo eso de la mascarilla y los guantes y el gel este asqueroso que te deja las manos como un papel de lija funciona no hay problema. Quien le tiene miedo a lo del virus que se meta lo que quiera, y a mí dejadme en paz que ya estoy harta de todo, tengo los años que tengo y morir me voy a morir como todo el mundo. Me contaba que es viuda y que sus hijos no la tocaron durante dos meses. Somos los únicos dos que no llevan mascarillas. Es otro punto de vista posible.

DOMINGO 24 DE MAYO

De mañana por el barrio | Sin título

Normalidad solo aparente. Todos llevan mascarillas. Me siento el único vivo. ¿Por qué?

LUNES 25 DE MAYO

08:00 | Fase II

Hoy el videojuego pasa a otro nivel. Se eliminan las franjas horarias para pasear y hacer deporte, el tiempo vuelve a fluir según el Sol y las necesidades de cada uno. La familia se alarga, se permite la reunión de hasta 15 personas. La cola para una mesa dejará de ser interminable calvario y origen de disputas infinitas, puesto que el aforo de los bares sube a un 50\% y puedes sentarte en el interior, pero olvídate de apoyar el codo en la barra, hay que tener mesa y todavía están prohibidos menús, servilleteros, botellitas de aceite y vinagre.
Para los amantes del mar se flexibiliza el uso de las playas, pero con prudencia. Reabren centros educativos, salas multiuso y demás, todo con su aforo y sus normas. Se puede cazar y pescar, curioso que fuese prohibido, quizás los jabalíes pasan el virus.
Queda obligatorio respetar distancia de seguridad con el prójimo o llevar mascarilla. Parece que abrirán bibliotecas y museos. Se delega a las comunidades, ayuntamientos y provincias ajustar los detalles a la situación local. El marco geográfico sigue siendo la provincia de pertenencia. ¿Cómo será el nuevo concepto de libertad?

Atardecer | Mascarillas

Atardecer embrujado. Nubes oscuras, cargadas de mal tiempo se tiñen de sangre, el sol se agarra al cielo para no morirse. Indiferencia de los paseantes. Hay algunas mascarillas menos. Parece que muchos la llevan solo para aparentar compromiso social o para no tener problemas, o, como me comentó un anciano, porque hay que llevarla. Tocan, se tocan, se quitan la mascarilla cuando encuentran a un vecino y lo abrazan, fuman cigarrillos con los guantes después de la compra, se pasan una lata de cerveza después de saludarse con el codo y respetar distancia. No entiendo.

LUNES 29 DE MAYO

13:15 | Nada

¿Establecer claridad? El mínimo de abertura concedido por el Estado hace posible los encuentros. Pero todo se desarrolla en una realidad alterada, divididos entre los hartos de todo y los que siguen aprensivos el desarrollo del virus. Me cruzo con transeúntes de una situación que nadie sabe como y cuándo acabará, tampoco tenemos claro si la mascarilla será un elemento más de nuestras prendas, un poco como las llaves del piso y la cartera, que no se te olvide.
Las experiencias marcan, sobre todo las violentas, y esto de la pandemia lo ha sido, una violenta agresión al alma, al espíritu, al cotidiano, al sistema. Todo ha temblado, algo se ha roto. El gran edificio humano sigue vibrando. Habrá otras caídas, otras rupturas. Quizás que parte del gran edificio España, o mundo, colapsará, quién quedará sepultado debajo de los escombros, quién verá la pared de su cárcel venirse abajo. Algunos apenas lo notarán.
De momento esta nueva normalidad asusta. Te cruzo en la calle, te paso al lado, no te miro, y tenemos todo esto alrededor. Me para un conocido, ¿qué tal? Me pregunta. No sé que contestarle. Estoy bloqueado, esperando que una fase pase, un día un año. Esperamos y no sabemos que. La consecuencia de la espera es la perdida de sentido del tiempo, y mientras tenemos que vivir dentro del marco y de las pautas de un Estado que nada me pregunta. Siento rabia, odio, consigo reírme a veces, pero no estoy bien, ¿quién puede estarlo con todo esto caerse, esto derribarse de cosas? La Vieja Europa sembrada por ruinas nos recuerda que el tiempo no perdona, no hay vuelta atrás, todo es olvido. La incertidumbre tiene como consolación grandes mausoleos que a cada día envejecen, a cada minuto el tiempo acaricia las piedras, y un día habrá borrado todo. Renacer luego, todo como el primer día, praderas llenas de seres, y mares, puros, antes que un barco. La muerte, gran renovadora, diosa que moldea mi cadáver en gusanos y flores. Es tan bonito ilusionarse, pero nunca encuentro por donde encontrar verdad, más allá de la Piel del Sol del Agua. Acabaré por enloquecer sin mar. Pues, ¿y qué? Nada.

15:00 | Paseando

Parque de Maria Luisa. Hace un siglo que un jardinero francés moldó el verde andaluz en su sueño del Sur, el oasis, el paraíso perdido donde brota agua y la sombra nos protege de la violencia del sol. El lugar donde quedarse, temblando de sudor, buscando agua, buscando sosiego.

SÁBADO 06 DE JUNIO

El sol se va poniendo | Nuestra Señora de la Hipocresía

Vivo un estado de conflicto constante. Tengo ganas de violencia de desahogo, siento odio por mí por todo. A tener una visión más sencilla y decidida del mundo tomaría un palo y me pondría a dar porrazos. Estoy asustado, ahora entiendo la facilidad con la cual puede estallar la violencia. Lo sabemos, lo estudiamos en el colegio, la historia lo pone evidente y la pandemia no permite no verlo: somos bandos que se matan por el oro y el trozo de pan. Luego escribimos libros y levantamos monumentos, ennobleciendo lo que es pura razón de la fuerza. Somos animales agresivos, estúpidos, que tiran bombas por política, por orgullo, hasta a veces por necesidad. Somos bestias que en lugar de colmillos tienen bombas nucleares. Si nos salta de pillarnos a mordiscos tenemos colmillos bastantes como para quemarlo todo. Si allí no se llega será el veneno que nos preocupamos de destilar cada día a matarnos todos.
Paro de escribir, enciendo un cigarro, me quedo un rato mirando la calle y la gente que pasa. El sol se ha puesto, clic, enciendo la luz. Es todo tan cómodo, también este ordenador donde escribo pensando poco porque puedo borrar fácil. Estoy vendido a lo que odio. Vuelvo al escritorio.
Historia: érase una vez una mar de sangre, derramada cantando canciones de cuna y gritos de guerra, el mundo humano flotaba a la deriva de esta gran masacre… la catedral de León como una nube blanca, Salamanca manchada de nieve por la mañana temprano, la vista nocturna de Santiago desde Almáciga, el Faro de Camarinal mirando África tranquilo: nuestra belleza está hecha a piedra y sangre. Con la misma gran masacre se construyen las naciones. Mírate las manos, son ellas que lo hicieron. Debería derribarlo todo, todo esto que amo y admiro, ¿cómo puedo conmoverme por nuestra obra si huele a muerte?, ¿cómo puedo amarnos?
La Historia humana es el gran teatro donde la muerte por estupidez se disfraza de civilización, nos gusta jugar con los nombres, como con esta nueva normalidad, como todo este hablar de salvar vidas mientras que matamos al mundo entero.
¿Cómo puedo reírme tomar un trago hasta a veces ser feliz viviendo todo esto? Puedo porque ella viene a salvarme, la gran diosa a la que nunca olvido rezar: Nuestra Señora de la Hipocresía.
Es tan grande que no cabe en ningún templo, es más alta que el cielo, alta como los satélites, orgullo de un mamífero que nace tragando leche. Por Ella tenemos cara de sentarnos a una mesa, ver una película en netflix, escribir libros, pintar cuadros, darnos un paseo comentando una portada barroca no obstante todo. Hacemos fotos, un mar de fotos mientras que el mundo muere.
Estoy al escritorio con un café, tú quizás con un trago de vino, el agua ya escasea, crecen los desiertos, animales y personas mueren envenenados. Tomamos algo, caña o copa según el bolsillo, compramos móviles, y le damos fuego al mundo. Imagínate tu casa ahora, llena de flamas, tu vida rodeada de tus queridos muertos. Esta es la realidad, es lo que hacemos. El riesgo que el odio estalle es alto.
El café está bueno, ¿lo que estás tomando tú también? Aquí es de noche, clara, atardeció hace poco, el cielo se ha teñido de un azul brillante y de blancura extensa. Cocinaré algo, quizás daré un paseo por el Mercado de Puerta de la Carne y tomaré una, mientras tanto mi mundo, con todos mis queridos, se va completamente a la mierda. Pero Hipocresía me cierra los ojos, me sopla en la mente, dice que todo va bien, dice de no preocuparme… así puedo actuar… decirme y decirte que no sé, que no pasa nada… Pero llega, esta pandemia, y saca el espejo, y la hipocresía huye, y veo mi reflejo claramente, y me odio y te odio por lo que veo, por lo que hacemos. No se trata de llevar mascarilla para el covid, sino quitarnos el disfraz del pensamiento, levantar las manos, pararlo todo e intentar no llegar al suicidio colectivo. La tierra no lloraría por nosotros.

DOMINGO 07 JUNIO

Después del almuerzo | Amistades

Tardo mucho en salir, me cuesta un poco sacudir la apatía y abrir la puerta. Fuera espera un mundo hostil, extraño, una realidad alterada e inestable. Entra ganas de penumbra, de esconderse y guardar silencio. La vida social se desarrolla en círculos cada vez más estrechos, hasta acurrucarse en la soledad del individuo.
Es domingo, soleado, hay pocos coches, me tomo el placer de andar por las grandes avenidas que bordean el casco antiguo, y que desde mi casa me llevarán a San Bernardo y luego a Nervión.
Generamos soledades. Después de la sacudida las relaciones personales buscan un reajuste, pero el terremoto dañó los cimientos de la arquitectura social, que tiembla todavía. El edificio está lleno de escombros, hay que andar con cuidado, los ojos miran a los pies para encontrar un lugar firme donde pisar, la preocupación de no caerse impide tender las manos a los otros. La necesidad de encontrar un nuevo equilibrio nos empuja hacia el interior dificultando más las relaciones. No tenemos nada sólido donde apoyarnos, más muchos hemos cambiado, replanteándonos las que eran certidumbres. Es normal que nada quede igual, está en la naturaleza de las cosas, solo fue demasiado rápido, el futuro llegó de golpe, todavía buscamos un sentido.
La gracia neo barroca del Puente de los Bomberos salva un obstáculo hoy desaparecido y parece un sin sentido, pero, hasta el 1991, aquí pasaban las vías del ferrocarril. El puente es el único superviviente de los tres que en 1915 tuvieron la tarea de suturar el corte violento del progreso. El hormigón armado era una gran novedad aquel entonces. Cruzo el puente, paso la Real Fábrica de Artillería y punto decidido hacia Nervión.
Las alineaciones de las amistades, así como su relación de cercanía se vio alterada. La geometría de nuestra vida social se va recomponiendo en este extraño mundo que nadie entiende. Amistades cercanas se alejan hasta perderse o toman roles diferentes, compañeros de cervezas se convierten en confidentes. La tendencia general es disminuir el número de los puntos geométricos y crear figuras más sencillas. Hay deseo de aislarse. El cambio repentino de atmósfera y clientes nos guía hacia bares o lugares de encuentros diferentes de lo habitual. Hemos perdido viejas acostumbres y tardamos en encontrar nuevas.
Callejeando llego al Real Patronato de Casas Baratas. Fue una idea más del excéntrico marques de la Vega-Inclán. Han sido las primeras «viviendas de protección oficial» de España. El bello edificio, del 1915, fue obra de un Valenciano. Casa tenía en latín el sentido de choza, remite al acto básico de cubrir una porción de mundo con ramas y tejas para crear un espacio sencillo y protegido frente a los peligros y la inclemencia del ambiente. Me encanta pasear y saborear el mundo con mis sentidos, pero me cuesta un poco sacudir la apatía y abrir la puerta de mi choza. Tengo ganas de nadie. Cada día estoy más solo.

LUNES 08 DE JUNIO

De mañana | Fase III

Continúa el progresivo ensanche de la semilibertad. Aumentan los aforos de locales públicos, conciertos y reuniones. Más gente tendrá que levantarse para ir al trabajo. En Andalucía se permite el movimiento entre provincias. La nueva normalidad toma forma: la mascarilla será parte de nuestro vestuario. Tendremos que vivir con pensamientos de contagio sospechas miedo: distancia.

18:45 | Lucha

Lo mando sonoramente a la mierda, y poco me importa. Otro amigo se ha ido al carajo, otra geometría de vida se ha roto. Estoy haciendo tierra quemada, cada día estoy más solo y violentamente feliz.
Todas las situaciones extremas empujan hacia los extremos del alma. Impera la división. Vivo un estado de guerra emocional conmigo y con todos. Los compromisos que aceptaba sin casi darle peso se me han hecho insoportables. La pandemia ha sacado el espejo, odio lo que veo, al reflejo mío y tuyo. Estoy luchando para cambiarme y no aguanto más lo que mi yo de ayer aceptaba sonriendo.

JUEVES 11 DE JUNIO

20:30 paseando | Agua estancada

El puente del calendario ha funcionado como un puente verdadero, tendido entre Sevilla y la Costa Atlántica. La ciudad está vacía. Han abierto las fronteras entre las provincias y la población se ha ido corriendo hacia la playa. Quizás como fue. Estuve a punto de ir, pero al final me he quedado viviendo el revés del éxodo, una Sevilla vacía y soleada. Un poco fue esta ligera apatía, un poco la conciencia de que cuando iré no habrá vuelta atrás, y hoy es demasiado pronto para terminar 10 años de vivencias.
Llego al Río por el Postigo del Aceite, en sentido contrario al flujo del oro americano que inundó la ciudad hace unos siglos. Hay una tranquilidad parecida al abandono. La Torre del Oro se adormece bajo el sol tierno de la tarde. La ciudad sigue un compás lento, cuando se camina sin ninguna meta es imposible tener prisa. Es todo así, lento, pausado, con amplios vacíos entre personas y lugares. Los paseantes parecen algo postizo añadido al paisaje. Me recuerda la tranquilidad de los cementerios Alemanes. Cuando vivía en Berlín me encantaba leer a Novalis sentado en un banco cerca de una tumba. Allí por el Norte los cementerios están hechos por césped, tienen muchos árboles, se parecen a un parque sembrado de paz y silencio.
A falta de objetivos todo se mueve por inercia. Miro la ciudad reflejada por el agua del Río, preguntándome si todo esto es un reflejo irreal, una calma aparente en estos días de fin del mundo. Distancia, aislamiento, falta de contacto, cortan los lazos con el entorno y los otros seres. Hoy es fácil pensar que la vida es sueño.
La nueva normalidad será la aceptación de un estado de prohibición constante y de la espera infinita de que todo se vuelva normal. Pero el tiempo nunca regresa y la consecuencia de la espera es una aptitud pasiva, un progresivo acostumbrarse a una situación de semilibertad hasta placentera, ahora que la cola para sentarse en un bar es más corta debido al mayor aforo permitido.
Cruzo el puente de San Telmo y me paro en el Millo 0. El monumento marca el lugar desde donde Magallanes zarpó para la gran empresa. Circunnavegó el mundo, demostró que la tierra no era plana más allá de cualquier duda, reveló que el agua es el elemento principal de nuestro mundo, el planeta azul. Murió en el camino de regreso. Fue un bilbaíno a completar la tarea, regresando a Sevilla juntos con 18 supervivientes de los 245 que partieron. Fue el comienzo de un mundo único, interconectado, global. El renacimiento estaba en su plenitud, el hombre libre, creador, artífice de su destino, cambió la voluntad de dios por la suya propia. Quizás como imaginaban el futuro.
Sigo el paseo y llego al hoy desaparecido Convento de la Victoria. Para contar estos días de la fase III, preludio a la nueva normalidad, debería dejar la página blanca, plana, o vaciar las palabras de sus sentidos y preguntarte de llenarla dentro de un mes o un año, cuando todo eso espero será más claro. Mi cuerpo no tiene peso, mi alma es agua estancada.

VIERNES 12 DE JUNIO

18:00 | Tensión

Cojo la bicicleta y atravieso la ciudad de punta a punta, de Barqueta al Cerro del Águila, del Cementerio a los Bermejales, cruzando centro y periferia. Muchos bares y tiendas cerradas, carteles de venta o alquiler. El silencio es algo insólito en una ciudad donde la gente suele chillar de ventana a ventana. Hay una calma áspera, una tranquilidad solo aparente que transmite tensión, como de algo escondido pronto a estallar.

SÁBADO 13 DE JUNIO

De tarde | Haciendo cajas

Hace unos días estoy absorto en la tarea de tirar cosas: pronto dejaré Sevilla después de una década de vida.
Los años sembraron la casa de recuerdos y de un cúmulo curioso de objetos que han perdido su historia. En un cajón me encontré un juego de llaves que abren puertas que ya no recuerdo, que quizás ya no existen. También aparecieron algunas cartas, por fin me las quito de encima, las llaves las dejaré en un banco o en la mesa de un bar, alguien quizás encontrará las puertas perdidas. Billetes de conciertos trenes aviones, un viejo currículum salvado dios sabe por qué, un papelito que ella me dejó en cima de la mesa, una foto de cuando mi sobrina vino de visita, algunas conchas y muchos otros pequeños recuerdos. Duele un poco, pero guardo solo mis diarios y un mapa de carretera de Europa que me sigue desde el 2006, está lleno de rutas trazadas.
Con la ropa ha sido fácil, tengo poca y barata, siempre vi la elegancia en la forma de ser, palabras acciones y pensamientos, de un traje solo me espero que sea cómodo y funcional. Tiro todo con una sola excepción, una sudadera hecha polvo que unos amigos me regalaron el día que me fui de Cork.
Difícil pero placentero es elegir a que libro salvar y cual abandonar a su destino. Con la excusa he vuelto a ojear poetas de los que solo recordaba el nombre. Me paro mirando un curioso “Coplas satíricas y dramáticas de la Edad Media”, pienso que de estos libros muchos no volveré a leerlos, algunos otros nunca lo leeré o puedo encontrarlos en cualquier biblioteca de España, mejor que otros lectores vuelvan a darle vida.
El resultado final de la limpieza es una casa semi-vacía con dos cajas de cartón de 60/60/40 más los instrumentos musicales. Los muebles son de la casera, lo mío se quedará en casa de un amigo hasta que no vuelva a tener un sitio donde enviarlo. Me iré de viaje con una mochila de unos 9 kilos más agua, comida y una flauta de caña.
Me siento en el salón con un café. Miro a las cajas y a la casa desnuda. Guardar cosas es solo una cuestión de apego y de miedo al tiempo, para vivir no necesito de todo esto. ¿Entonces porque salvar dos cajas y no comenzar de 0?

DOMINGO 14 DE JUNIO

De tarde por el parque del Alamillo | Infancia perpetua

¡Miradme! ¡Estoy aquí! ¡Existo! ¡Soy guapo, soy inteligente, soy una persona maravillosa que hace cosas maravillosas! ¡Mirad cuantos amigos tengo! ¡Mirad los likes! ¡Amadme! Os lo ruego… El paseo por el Parque del Alamillo es un tanto extraño. Hay unos mamíferos de postura erecta que, a través de un objeto rectangular con muchos colorines por un lado, buscan atención como una criatura de 5 años. ¿Y yo? Confieso que en mi cuenta de facebook abundan fotos de sierras y picos salvajes, videos míos en los que toco música y algunas citaciones bonitas como la de Elias Canetti sobre la Libertad, para que no falte mi faceta cultureta.
La post-modernidad, nombre poco poético y nada sugerente, es la antítesis de la evolución. Nos viene bien taparnos la cara con la mascarilla: somos ridículos

MARTES 16 DE JUNIO

De mañana | Los Españoles somos inferiores

La conversación es común y corriente. Estamos sentados en la terraza de un bar en San Julián. La plazoleta queda en la ribera norte del casco antiguo, la domina una alta cruz de hierro forjado clavada a un pedestal de mármol. Tiene dos lados abiertos y dos cerrados por una fila de viejas casas y por el lateral de la iglesia del santo que da nombre al barrio y a la plaza. Antes de la pandemia la plaza solía estar llena de una mezcla curiosa de gente de todas las edades, tan hermosamente común en la península, que abría una larguísima brecha en la barrera generacional. Hoy, si quitas a los clientes del bar, está desierta.
Hablo de la pandemia con un conocido que me he cruzado hace 10 minutos y que me invitó a sentarme con él.
YO: ¿No te cuestiono las medidas en sí vale? Pongamos que estoy de acuerdo. Fue la forma que me volvió loco. Nos han tratado como niños tontos o peor, el Estado se ha portado con nosotros como un amo con una panda de criados idiotas.
ÉL: Es que si no se hace así la gente no cumple, hay que obligarla, sabes como somos los Españoles.
YO: Otra vez con lo mismo… Mira, me parece bien lo que dices, pero esto significa que todos los que pensáis así tenéis que aceptar que los Españoles, vosotros incluidos, no valemos nada, que somos inferiores a los Noruegos y a los Suizos, que a ellos se les puede hablar como a adultos inteligentes, que se merecen su libertad y que nosotros somos un pueblo de tontos, que no merecemos derechos, que solo pueden gobernarnos con palo de 500 pavos de multa y zanahoria, que no estamos a la altura de nada, que somos incapaces, que no tenemos el mínimo sentido de ser una colectividad, en fin, que somos un pueblo inferior. Al final les dais la razón a los turistas, ¿España? Toros, sangría y jamón.
ÉL: ¿Pero qué dices?
YO: Digo lo que dijiste tú, solo más claro.
ÉL: ¡Yo no dije esto!
YO: No solo lo dijiste, tú como muchos, y en compañía del Estado, colgáis banderas pero la verdad es que no tenéis fe en nuestra gente.

21 DE JUNIO, SOLSTICIO DE VERANO

Tarifa, a orilla de la última orilla | Respiro

El sol alcanza la cumbre del año y del cielo. La geometría pura de los cuerpos celestes compone simetrías de la perfección en la vasta, realidad del espacio. Cada temporada el latido del tiempo se repite con exactitud inexorable: las vicisitudes humanas no perturban el equilibrio, hoy es solsticio.
El estado de alarma acabó esta madrugada a las 00:00, nos tranquiliza encerrar la eternidad en el hogar seguro de las horas y del pensamiento. Carmen me recogió en coche antes del alba. Hicimos juntos el camino desde Sevilla al Estrecho. La luz aumentaba a medida que nos acercábamos al Océano. Vimos el oleaje a primeras horas de la mañana. La playa de Tarifa estaba desierta y como más joven. Los largos meses de encierro urbano se abrían de repente en el horizonte ancho del Océano devolviéndonos a una belleza clara y sencilla. Estábamos a orilla de un momento nuevo. Nos quitamos la ropa corriendo hacia el agua. Recuerdo imágenes nítidas, perfectamente cumplidas, aisladas como fotogramas… Salto:

impacto sonoro. Frío súbito.

……… b u r b u j a s ………..

….. hundirse…. envuelto. Sonidos como de cueva..

suspendido….. silencio….. inmovilidad …

agua

Floto, lentitud………………………………… hacia lo alto

De golpe aire. Luz. Grito. El sol brilla:

respiro

Carmen se acerca gritando. Nos chocamos meneando los brazos, caen chorros por todas partes. Algo duro, pesado, puntiagudo, se ha roto, ha resbalado por el estómago como una perla cayendo de la boca al agua: no paramos de reírnos. Todo es ligero, solo se trata de olas, luz, flotar o nadar juntos como peces, perderse un poco en el horizonte… respiro…
Después, el sol ya alto, nos tendimos en la arena escuchando la cadencia tranquila del las olas. Me serena pensar el canto de la sirena, espejo sonoro de la mar, voz que llama por el regreso al origen, al recuerdo de un primer día que perdura inalterado en un vientre preñado de vida. Lagrimas, sudor, orgasmo, líquido amniótico, a menudo sueño con que todos los misterios de nuestra vida están hechos de agua.
Pasamos largas horas tendidos entre la mar y el cielo, libres otra vez de acariciar el mundo con la piel. El sol nos mordía el cuello con fuerza progresiva, cuando la calor venció al cuerpo nos pusimos en camino hacia el pueblo.
La playa corría libre entre el Océano y una llanura reseca y desnuda que pronto, tierra adentro, se estrellaba con fuerza contra la falda de los montes. Al extremo Sur la arena acababa en la línea dura de un dique transitable que conectaba el pueblo, amontonado a la izquierda, retraído casi que el agua lo asustara, con la Isla de las Palomas, que flotaba a la derecha pocos brazos mar adentro. Estábamos de camino hacia un lugar de intensa unidad geográfica, punto de convergencia y encuentros, cruce natural de aguas y tierras. La luz violenta del Sur lo dominaba todo.
Vivía la ilusión de que el eje u origen del paisaje fuesen nuestros pasos, de que su existencia se debía a nuestra mirada. Frente a la realidad sensible, a la muerte, a las leyes naturales, el ser humano es parecido a todas creaturas, nunca será el centro del mundo, pero lo es de su propia historia y de su experiencia individual. El destino, como sociedad y como personas, descansa en nuestra voluntad, la medida de mi valor como hombre no puede ser que otro hombre.
Subimos de la playa ganando el dique. Habíamos llegado a la última frontera, al límite extremo de nuestro mundo, al lugar donde Europa entrega a la mar su último beso y el horizonte es deseo de África. Debatiéndose en el espacio tensado por el choque de los continentes el Mediterráneo de mi infancia se unía con el Atlántico de mi madurez. En un mismo punto, mismo tiempo-lugar, dos mares y dos continentes eran un solo paisaje de unidad, una sola armonía, el Estrecho, cruce clavado en el corazón del mundo.
Carmen me miraba emocionada, se crio en Sevilla pero nunca había llegado a ver Tarifa. Para mí la emoción era el retorno hacia algo ya vivido, como si el margen del tiempo se hubiese roto, derramando el agua de los años en un fluir de unidad: no nací aquí, pero aquí reconocí mi alma por primera vez, quizás conseguí aceptarme. Aquel día, como hoy, nadé en el Océano, las corrientes eran como cielos deslizándose sobre la vertical de un sueño, me dejaba flotar y no paraba de reírme. Difícil distinguir la realidad de las sugerencias del alma, la verdad es un acto de fe.
Comimos un bocata crujiente de arena y después de otro baño cogimos el coche en dirección a la Playa de Bolonia.
Llegamos en la plenitud de la tarde, el arco blanco de la arena se tendía generoso entre la sierra y el Océano. El cielo descansaba en el viento, una luz densa brillaba sobre al agua.
Hicimos el amor en los pinares. Fue nuestra primera vez. No fue elegido, la piel lo quiso. Sin saber, sin prever, la amistad pasó del alma al cuerpo, la mente calló liberando la voluntad de la carne: fuimos poseídos por la sangre. Sentía los granos de arena mojarse de sudor entre mi cuerpo y el suyo. Nuestros jadeos, el sonido de las olas y del viento, la voz de la gente en la lejanía, todo se confundía en una sola belleza, un solo latido de perfecta simetría revelada en el relámpago de un orgasmo. Nuestra inconsciencia abrió un camino hacia la pureza, hacia una verdad esencial y simple: la vida debe mantener vivo el mensaje guardado por el ADN, para que el juego no pare todos debemos morir. Podría ser un buen comienzo para volver a la pregunta de siempre, ¿por qué he venido a este mundo?
El estado de alarma acabó esta madrugada a las 00:00… ahora serán las 18:00 o por ahí, Carmen se ha quedado dormida. Me lío un cigarrillo. Al final la gran duda existencial se traslada a dos preguntas más sencillas, ¿qué comeré hoy?, ¿cómo pagaré el alquiler este mes?
La existencia de los seres humanos no es una excepción, se basa en la supervivencia. Estamos obligados a cumplir las órdenes que tenemos grabada en las células, por eso admiro a los suicidas, hay que ser valiente y tener una voluntad parecida a la de un dios, hay que tener una conciencia plena y perfectamente cumplida de Libertad, hay que amar la vida hasta el extremo para llegar a quitártela.
Trabajo y casa responden a la necesidad básica de sobrevivir de todos los animales, pero con menos elegancia y más rodeos: cambio el cielo por un muro, pongo un despertador y le doy un precio a mi tiempo, cuantifico el misterio de las horas en un número, acabo para evaluar mi vida sobre cantidades de dinero y con este dinero doy satisfacción a mi deseo instintivo de supervivencia. Lo que sobra es para matar al tiempo y hacer los días más placenteros.
Es evidente que todo eso queda corto, hay que admitir que el simple hecho de vivir o sobrevivir no hace a los humanos más felices que a los pájaros, o estaríamos todavía durmiendo en cuevas y hablando un lenguaje más sencillo, casi mágico. Podemos estar infelices teniéndolo todo, en general muchos en occidente tenemos de sobra, una sobra que a menudo se convierte en esclavitud. Quizás el problema sea la forma, el modo en que hemos montado todo, quizás deberíamos replanteárnoslo todo.
Carmen se ha despertado. Salimos del pinar para otro baño, luego nos ponemos a buscar piedras y conchas, llenos de maravilla infantil frente a las infinitas variedades de la naturaleza. Estoy feliz de no estar solo hoy, mi emoción encuentra eco en sus ojos, la belleza del mundo se entristece sin otro símil que me entienda y pueda compartir las emociones de mi alma. Pero tampoco eso es bastante, el alma a menudo enmudece, nacen ansias desconocidas, deseo de cambiar. El ser humano nunca quedó satisfecho, siempre buscó un más allá, un límite que romper empujado por algo sin nombre. Fuimos muy hábiles, ahora no dependemos tantos de los caprichos del cielo para una buena cosecha. La satisfacción de lo primario en lugar de alegrarnos despertó deseos cada vez más grandes, hasta que la tierra se quedó pequeña y fuimos rebuscando caminos entre las estrellas, soñando un día alcanzar mundos nuevos. ¿Qué nos falta?, ¿ quiénes somos y qué queremos? ¿cómo puedo plantearme la vida?
El atardecer se acerca. Remontamos la gran duna de arena blanca que se extiende hacia Norte. La masa pura de los granos penetra en el pinar sumergiendo los arboles. Parece una criatura viva y en movimiento. Nos sentamos en cima mirando el atardecer. La luz es progresivamente más débil, el brillo neto torna en un delicado difuminar. El sol desaparece, las primeras estrellas se asoman arriba del mar, Poniente sopla ligero. Nos levantamos. Para Carmen es tiempo de volver a Sevilla, para mí de ponerme en camino hacia Cabo de Gracia. La despedida es sencilla. La veo alejarse, apareciendo y desapareciendo entre delicados pliegues de arena, hasta ser solo una silueta oscura que desvanece en la bruma.
Bajo al lado opuesto de la duna y entro en el bosque, alejándome un poco de la costa. Poco después alcanzo un carril ancho y bien trazado que gana altura apoyándose en la falda de la Sierra de la Plata. Abajo se extiende la mancha negra del bosque, más allá sobresale la claridad de la playa y de la duna. El Océano se despereza tranquilo, el cielo se llena poco a poco de estrellas. Hay sonido de viento y cantar de grillos. Andar de noche tiene un encanto especial.
Cuando era más joven abandoné casa y un buen trabajo sin otro objetivo que andar. En una elección repentina, que sorprendió amistades y familiares, tuvieron peso un deseo ardiente de Libertad y la necesidad de medirme con el mundo sin más apoyo que mi espíritu. Pero la razón primera de esta ruptura fue otra. Lo tenía todo, hubiera tenido que ser feliz pero no lo era, la plenitud siempre quedaba lejos de mi alcance. Faltaba algo en mí, decidí buscarlo en el viaje.
La vida volvió a las tareas básica de buscar agua, comida, un camino y un lugar donde dormir, sin el filtro y las complejidades de una sociedad que me impone horarios y formas. La sencillez de la tarea limpiaba la mente del ruido social, me devolvía la claridad necesaria para verme con más exactitud. Fue durante una de aquellas andanzas que descubrí Tarifa.
El andar constantemente corto de dinero despertaba mente y cuerpo, cada vez se trataba de ir a lo esencial sin el filtro lógico del pagar. Aprendí a prescindir en parte del dinero y de todo lo superfluo. Me había salido de aquella dinámica donde quien soy, y lo que puedo, no está relacionado con valores absolutos, sino con la capacidad de producir y ejecutar tareas juzgadas útiles, en función de un sistema que vive para enriquecer una casta muy restringida de nuevos nobles. La Edad Media ha sobrevivido.
La falta de un hogar y de un trabajo fijo impedía la rutina, mi vida se resolvía escuchando las necesidades del cuerpo y los deseos del alma. Cada día me despertaba libre de elegir.
Pasaron años de belleza extrema que en los mejores momentos llegaba a la intensidad del dolor, pero seguía no encontrando respuesta, solo ganaba destellos de conciencia y plenitud que pronto se desvanecían con la duda de que fuesen ilusiones dictadas por un sueño.
Abandoné el viaje y la búsqueda amoldándome otra vez a los ritmos de una sociedad que nada tenía a que ver conmigo. Había intentado un camino para volver al comienzo rico de experiencias pero sin haber encontrado lo que buscaba.
Decidí entonces afincarme en Sevilla, dedicándome a la satisfacción momentánea de deseos groseros o refinados, utilizando cuerpo o mente, yo o los demás, según caso o capricho. Viajar se adaptó a este marco nuevo convirtiéndose en un goce de intelecto y sentidos. Fue divertido, pero sirvió solo para matar la espera. Luego llegó la pandemia, y sacó el espejo.
Al final de su camino nocturno el carril vira decidido hacia la mar, recorre rápido la cresta de un acantilado parándose de golpe en frente del Faro. Mudo, tenaz, asentado en el extremo rocoso de Cabo de Gracia, el faro ilumina la noche repitiendo su señal idéntica. Más allá la roca se cae en la espuma de un intenso oleaje. El cabo se enclava entre dos hermosas playas de arena blanca, vacías por la tarda hora. Alrededor hay quietud de montañas, arboles, la extensa belleza del Atlántico, el misterio de África, y esta soledad tierna, llena de deseos. Me siento en un pequeño espacio detrás del faro, las piernas colgando al vacío.
De repente el 14 de marzo me quitaron la libertad con facilidad extrema. Tuve que asumir que no existen derechos inalienables, que el Estado sabe encontrar formas de imponer sus realidades: el individuo no tiene defensa. La separación forzosa de amigos y familia me puso en la condición de traicionar la promesa: cuente conmigo pase lo que pase. Saboreé el pánico, mi sociedad me enseñó el valor de la cobardía, la debilidad, la incapacidad, el vacío de la ética que no sea un disfraz social. El materialismo más agresivo se reveló en toda su audacia: solo lo que se toca o tiene visibilidad inmediata tiene valor. Asistía a la caída repentina de la sociedad. Perdí el trabajo sin poder buscar otra forma de sustento, a problemas de orden ética y emocional se añadió el plano material, a la profunda incertidumbre un estado de completa impotencia. De repente mi vida se puso patas arriba junto con el mundo que me rodeaba.
El sonido del mar sube hacia el acantilado y se pierde en la vasta llanura del Océano. Acunado por las estrellas el Estrecho sueña en la mórbida claridad de la noche. África se asoma curiosa al horizonte.
Mi cuerpo estaba encerrado, pero la mente quedaba libre. Me sometí a una crítica despiadada a mí mismo y los demás, derribé mis certidumbres intentando crear un vacío completo, la página blanca del alma y de la vida, preludio de un cambio posible. Sentía que habíamos llegado a un punto 0 de la historia, un momento de debilidad de la estructura que permite derribarla dándonos la posibilidad de un comienzo nuevo: pensar una sociedad y el ser humano más allá de un sistema productivo, devolver a la ética su centralidad, encontrar el lugar de Libertad en la relación con los demás.
Pero nos vi desenfocar la atención. Fue fácil volcarnos en la pandemia, replantearse el mundo resulta más complicado. Estamos salvando unos miles olvidando los cien miles de más que matamos a diario, olvidando que estamos perdiendo todo lo que hace de nosotros seres emocionales, seres humanos, en nombre de leyes de mercado. No es cinismo, mi crítica viene del amor hacia la vida. Nuestro destino es morir, el valor de nuestra vida no es negar la muerte sino vivir con plenitud a pesar del miedo, renunciar a quien soy para salvar el pellejo solo pospone el fin, equivale a perderlo todo para ganar unos años de castración y servidumbre. Si la nueva normalidad es renunciar a tocarte, amarte, vivir contigo, lucharé para cambiarla o por lo menos intentaré no doblegarme a quien me impone salvar el cuerpo renunciando al alma.
Las luces de los cargos son velas humanas suspendidas en la inmensidad de la noche. Cada día un flujo interminable de barcos navega por el Estrecho perdiéndose en las entrañas de los mares. Aquí puedo sentir la substancia material de la distancia como un profundo y elegante movimiento creciendo desde dentro el paisaje, y mi alma apunta fuera, hacia el horizonte que no veo, aquí, como en ningún otro lugar, viajar es un elemento físico del paisaje, una presencia cercana como el viento. Es el dulce embrujo del Estrecho.
Mi vida también había vuelto a un punto 0. La pandemia había derribado mis certidumbres materiales y la experiencia del encierro revelado el límite de mi pensamiento: cualquier búsqueda que se reduce al individuo nunca dejará de ser una ilusión, o una soledad forzosa esperando que la sociedad no venga a turbarla. Ninguna verdad me sirve si el mundo alrededor construye su negación y me impide vivirla. Mi fallo fue pensar en términos del yo, olvidando que un ser humano solo puede encontrarse en el nosotros.
Estamos en un punto 0, tenemos la posibilidad de reinventar todo. Si ni siquiera con el fantasma de la muerte al cuello tenemos la fuerza de cambiar, esta nueva normalidad, planteada por el Estado y aceptada por el Pueblo, será un paso más en el camino trazado hasta ahora por la historia, que llevará a nuestra especie al suicidio colectivo: la pandemia no es nuestro mayor problema, es el síntoma y no la enfermedad.
Nadie por si solo custodia verdades absolutas, quizás es ahora, una ocasión, un momento nuevo para no esperar a nuevos profetas, para rechazar la existencia de líderes y quitar a las élites sus privilegios ganados sobre la carne del Pueblo. Quizás es el momento de que todos tomemos conciencia de nuestro valor asumiéndonos la responsabilidad del mundo, para crear juntos una realidad nueva, lejos de la vieja y de la nueva normalidad.
Hoy salgo de viaje hacia lo humano, hacia ti, buscando el otro como el eslabón perdido de mi yo, uniendo experiencias, encontrando un camino para invertir juntos el curso de la historia.
La noche está acabando, una claridad fina y delicada anuncia el alba

Alejandro Sidonia

Sediento siempre de novedades, y tan sobrado de imaginaciones extrañas y maliciosas, como falto de juicio y compostura. Con los nervios siempre tensos, el alma continuamente... - Autobiografía -

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