Foto de una estatua del cementerio de Aberdeen, representa una mujer con los ojos cerrados, metáfora de la Quimera
(theslaincastle)

La Quimera (Dino Campana)

Presentamos a nuestros “queridos” lectores el texto completo en castellano de “La Quimera”, poema de apertura de la sección “Nocturnos” de «Cantos Órficos», la majestuosa, extraña obra del poeta italiano Dino Campana, en la bella traducción de Gabriele Burchielli, acompañada por una breve nota del traductor. Buena lectura.

LA QUIMERA

No sé si entre rocas tu pálido
Rostro se me apareció, o sonrisa
De ignotas lejanías
Fuiste, la inclinada ebúrnea
Frente fulgente o joven
Hermana de la Gioconda:
O de las primaveras
Apagadas, por tus míticas palideces
O Reina o Reina adolescente:
Mas por tu ignoto poema
de voluptuosidad y dolor
Música doncella exangüe,
Marcado por una línea de sangre
en el círculo de los labios sinuosos,
Reina de la melodía:
Mas por la virgin cabeza
Reclinada, yo, poeta nocturno
Velé las vividas estrellas en los mares del cielo,
Yo por tu dulce misterio
Yo por tu mudar silencioso.
No sé si la pálida llama
Fue de la melena el viviente
Signo de su palidez,
No sé si fue un dulce vapor,
Dulce sobre mi dolor,
Sonrisa de un rostro nocturno:
Miro las blancas rocas las fuentes mudas de los vientos
Y la inmovilidad de los firmamentos
Y los amplios ríos que fluyen llorando
Y las sombras del trabajo humano allí encorvadas en las colinas heladas
Y aún por tiernos cielos lejanas claras fluidas sombras
Y aún te llamo te llamo Quimera.

Non so se tra roccie il tuo pallido
Viso m’apparve, o sorriso
Di lontananze ignote
Fosti, la china eburnea
Fronte fulgente o giovine
Suora de la Gioconda:
O delle primavere
Spente, per i tuoi mitici pallori
O Regina o Regina adolescente:
Ma per il tuo ignoto poema
Di voluttà e di dolore
Musica fanciulla esangue,
Segnato di linea di sangue
Nel cerchio delle labbra sinuose,
Regina de la melodia:
Ma per il vergine capo
Reclino, io poeta notturno
Vegliai le stelle vivide nei pelaghi del cielo,
Io per il tuo dolce mistero
Io per il tuo divenir taciturno.
Non so se la fiamma pallida
Fu dei capelli il vivente
Segno del suo pallore,
Non so se fu un dolce vapore,
Dolce sul mio dolore,
Sorriso di un volto notturno:
Guardo le bianche rocce le mute fonti dei venti
E l’immobilità dei firmamenti
E i gonfii rivi che vanno piangenti
E l’ombre del lavoro umano curve là sui poggi algenti
E ancora per teneri cieli lontane chiare ombre correnti
E ancora ti chiamo ti chiamo Chimera.

Un breve comentario a la Químera

Era la Quimera de origen divino,
león la cabeza, el pecho cabra,
y dragón la cola; de su boca
vomitaba llamas horrendas.

Canto VI, Iliada, Homero, traducción de mi vecino del tercero izquierda, buena gente

Es un monstruo la Quimera, una fantasía, brotada de la férvida imaginación de quienes navegaban el Mediterráneo, en un tiempo en que vida y mundo estaban llenos de portentos, y la frontera entre realidad, mito y visión no estaba todavía establecida. El recuerdo del antiguo monstruo quedó tan vivo que Quimera entró, con un sentido parecido, en el vocabulario Italiano y Castellano. La Treccani nos dice: “Quimera, idea sin fundamento, sueño vano, fantasía extraña, utopía”; mientras la RAE recoge otro hermoso matiz: “Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo.” Quimera es el desbordar de la mente y de la percepción que crean, a partir de la realidad, un sueño tan verdadero que labra la conciencia y la percepción del mundo.

Se ha querido ver en la Quimera, una referencia directa de Dino Campana a la Poesía, y no faltan elementos que pueden llevar al lector a esta interpretación. Pero es una frase de “El Ruso”, una de las páginas más inquietantes de “Cantos Órficos”, a darnos quizás la clave para interpretar el profundo simbolismo de “La Quimera”. Dino Campana encontró a El Ruso en el manicomio de Tournay, en Amberes, donde escribió probablemente las líneas que siguen:

“Cerré los párpados, me quedé largamente sin pensar: esa noche no pedí nada más. Vi que alrededor se había oscurecido. En la celda solo había el hedor y el sordo aliento de los locos dormidos detrás de sus quimeras.”

Una Quimera es “aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo; fantasía extraña, utopía”… Campana la conecta directamente con aquel estado de alteración mental y perceptiva que llamamos locura. ¿Pero quién puede distinguir con certidumbre absoluta la realidad de los fantasmas de la mente?, ¿quién puede marcar con exactitud la frontera entre normalidad y locura?

Quizás la Quimera, con la cual Dino Campana abre los “Nocturnos”, las ensoñaciones que nos agarran con más fuerza al calar del sol, es la inexplicable fascinación del mundo sobre el alma, la intuición de otra realidad que bien podría ser la verdadera, es la dramática incertidumbre del poeta que nunca sabrá si lo que siente, ve, y piensa es real o fruto de su propia fantasía; cuanto de su drama es locura o percepción de algo real que queda fuera de su alcance.

Durante toda su vida el poeta buscó una respuesta, una iluminación casi; la busco a través de la poesía, a través de la vida, y a través del viaje, o de la poesía y de la vida vivida como un viaje.

Es muy llamativo como, después de unos versos profundamente sugestivos, delicados, donde la incertidumbre del “no sé” es reiterada una y otra vez, la Quimera acaba con una serie de versos de profunda musicalidad, que retratan paisajes, como fotogramas de un viaje, y quel «aun, aun te llamo» que transforma el cierre en un tiempo indeterminado, en el eco de un misterio sin fin.

Espacio Narrativo

pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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