Retrato de hombre joven de Annibale Carracci, esplendido ejemplo de realismo barrocco que no recuerda a nuestro Juanillo el Oso
Retrato de joven, Annibale Carracci (Royal Collection Trust)

Estamos otra vez en la bella y cálida Sevilla, para traeros el texto completo del cuento popular “Juanillo el Oso”, acompañado por una breve introducción. Que disfruten queridos.

Breve introducción

Los aficionados de cuentos populares en seguida se darán cuenta de que Juanillo el Oso, recogido en la bella y sureña provincia de Sevilla, es una versión muy especial de un cuento común a muchas tradiciones Europeas. En Badajoz se les conoce como “Juan de la cachiporra y la cueva encantada”, en Aragón como “Juan el Oso” o “El fortachón y sus compañeros”, mientras que en el mundo anglosajón nos encontraríamos con “The three Stolen Princesses”, “The Rescued Princesses”, “The strong Man and his companions”, “Strong Jhon”.

De esta versión sorprende la depuración de muchos elementos sustanciales, que acaba para cambiar profundamente el mensaje que el narrador nos transmite. Falta la narración del nacimiento animal del Héroe, que deja rastro solo en el nombre y en la descomunal fuerza del protagonista; falta la caracterización de uno de los coprotagonistas y de los otros se habla poco; y, sobre todo, desaparecen las tres princesas raptadas por el monstruo que son sustituida por un tesoro.

Tenemos la impresión que el cuento se ha progresivamente despojado de elementos “accesorios” en función de sintetizar la narración y enfocarla al hecho principal, como reflejo de una sociedad más pragmática y moderna. Esta impresión es reforzada por la remoción de la princesa, cambio que tiene dos consecuencias enormes. La primera es que la segunda parte del cuento, donde se debería relatar el reconocimiento del Héroe y la boda con la princesa desaparece, o sea que el cuento se ha recortado de la mitad. La segunda es que el ascenso social de un plebeyo, el Héroe, por medio de un matrimonio con una noble, la princesa, se cambia por el ascenso social que conlleva la riqueza económica, con la boda relegada a un segundo, para no decir tercer plano, consideración típica de sociedades más industriales o mercantiles, donde las clases sociales están marcada por el dinero, sin que importe la alcurnia. También, la perdida de muchos elementos narrativo, podría verse como un progresivo deterioro del cuento dentro de una sociedad que está olvidadando el arte de la narración popular.

Pues, es timpo de dejar que el cuento de Juanillo el Oso hable por si mismo. Que desfruten.

Juanillo el oso, texto completo

Éste era una vez Juanillo, que estaba en el colegio y todos los muchachos le decían Juanillo el Oso». Claro, pues Juanillo el Oso, Juanillo el Oso… Y le decía a su padre:

-Opá, yo no me puedo quedar en el colegio, porque todos los muchachos me dicen Juanillo el Oso, y voy a coger a uno y voy a hacer una cosa mala, ¡bueno!, pues… Yo me voy a ir por ahí a hacer ventura.

Y entonces fue, porque tenía mucha fuerza, y fue a casa de un herrero y le dice, dice:

-¡Maestro!
Dice:
-¿Qué quieres Juan?
Dice:
– Aquí venía a que me hiciera una cachiporra de mil quintales.
Dice:
– ¡Vale!

Echó, venga allí todos los herreros machacando hierro, y venga y venga. Y para darle la vuelta a la cachiporra, pues ya ves, los herreros, pues lo tenían que hacer con una grúa. Y todos se reían, dice, dice:
-¡Éste va a poder con la cachiporra esta, ofú!
Cuando llega el otro, dice:
-¡Maestro!, ¿y la cachiporra?
Dice:
-¡Ya está hecha!
¡Hale!
-¿Cuánto es?
-¡Tanto!

Le dio el dinero. Y hace así con una mano Juanillo, y se la echó al hombro. Bueno, y entonces va caminando adelante y se tropieza con uno que estaba arrancando pinos con las manos, y le dice:

-Amigo, ¿qué hace usted ahí?
Dice:
-¡Aquí estamos arrancando pinos con la mano!
Dice:
-¿Cuánto, cuánto gana ahí?
Dice:
-Yo gano aquí tres chicas.
Dice:
-Bueno. Pues le doy, le doy el doble… ¿y se viene usted conmigo?
Dice:
-¡Vale!
¡Bueno! Fue caminando…Más adelante se tropieza a otro, uno que estaba haciendo comida; estaba haciendo comida, y entonces le dijo….
-¿Cuánto gana usted aquí?
Dice:
-Yo gano aquí tres chicas.

Dice:
-Bueno, pues yo le doy el doble: se viene conmigo, ¿no?
Dice:
-¡Venga!

Le dio el doble, siguieron adelante. Y entonces vieron una luz, y era una casilla que estaba abandonada.

Dice:
-Allí vamos a ir a parar.
-Bueno, nosotros vamos a ir a trabajar, y se va a quedar aquí el que va a hacer la comida.

Y entonces agarra y dice, dice:
Pues estando de noche haciendo el guiso, llegaba uno por una chimenea y
decía:
-¡Caigo o no caigo!
Y claro -como él estaba cagaíto de miedo, decía:
-¡Cae!
Y hacía…. y echaba una saliva por la chimenea y caía en el guiso. Bueno. Entonces, cuando llegaron los otros…
-¡Qué! ¿Cómo está el guiso?
-El guiso está muy bueno.

Como, claro, él había visto que había echado el otro una saliva, pues él no quería comer. Y entre los dos se comieron todo el guiso, Bueno. Dice:

-Pues mañana se va a quedar aquí el que arranca los pinos. Bueno, pues se fueron ellos a trabajar y se quedó el de los pinos. Y le pasó igualmente. Llega por la chimenea, dice:
-¡Caigo o no caigo!
Dice:
-¡Cae!
Y él echó la saliva. Y el otro pues lo sabía; ya no quería guiso, ni ése ni el otro. Y entonces, dice Juanillo:
-¿Por qué no queréis comer?
Dice:
-No tengo gana.
Dice:
Bueno, pues mañana me voy a quedar yo aquí, hombre, a ver lo que pasa. Y se queda Juanillo. Fueron ellos al trabajo. Y llega y le dice, como estaba el Juanillo, el que tenía el guiso puesto en la candela, llega y dice:

-¡Caigo o no caigo!
Dice:
-Espérate, hombre, cáete en el perol.

Y apartó el perol y se tiró el demonio por la chimenea. Y agarró Juanillo, cogió la cachiporra de mil quintales, y le pegó un cachiporrazo en la cabeza y le arrancó una oreja, ¡nada más! Y se guardó el Juanillo la oreja en el bolsillo, y dice:

-Hombre, ya sé por qué no querían ustedes comer. Llegaba uno aquí por la chimenea y decía: ¡Caigo o no caigo. Y echaba una saliva en el guiso, ¿verdad? ¡Ea! Comer tranquilos que después se lo voy a enseñar yo a ustedes dónde está.

Y Juanillo lo había metido en un arca. Bueno, pero como no lo había matado, atagarró y se salió de lo alto. Cuando terminaron de comer, fue a enseñárselo, y había…, Como llevaba la oreja arrancada, que la había arrancado Juanillo, pues el chorreo de sangre iba y caía en un pozo. Pues el pozo tenía un montón de metros para abajo. El tío dice:

-Pues, aquí cae metido.
Entonces, agarra y se entró…, dice:
– Aquí vamos a entrar nosotros en el pozo – dice – ¡Tú!, ¡venga!, haz tomiza ahí bastante, soga bastante.

Se lio, venga a hacer soga, venga a hacer soga. Y le dice el de los pinos:
-Para arriba!

Bueno. Le sacaron de seguida para arriba. -Bueno-dice-, pues ahora, ahora el de la comida.
Cuando iba por la mitad del pozo, dice:

-¡Venga, para arriba!
Lo sacaron también para arriba. Dice Juanillo:
-Yo, cuanto más, cuanto más diga, más abajo -y decía Juanillo-, venga al fondo de, de eso.

Entonces dice Juanillo: «Esta gente me van a dejar a mí aquí. Bueno, pues cuando salió para arriba, dice:
-Ahí va… -porque había un tesoro, dice, ahí va el tesoro para arriba.

Bueno, entonces agarró y mandó nada más un poco del tesoro que tenía. Y entonces, mandó nada más un poco de tesoro. Y entonces, le hace para arriba; amarró la cachiporra él, Juanillo, para arriba. Y cuando iba por la mitad del pozo, le cortaron la cuerda y cayó el cachiporro abajo. Dice Juanillo: -¡Cómo lo sabía, cómo lo sabía yo que esta gente no me sacaba!

Bueno, y como Juanillo se acordó que tenía la oreja del demonio metida en el bolsillo, le pegó un bocado a la oreja. El demonio dice:

-¡Qué me pides, qué me mandas!
Dice:
-Que me saques el tesoro del pozo.
Y le sacó el tesoro del pozo. Después le pegó otro bocado, dice:
-¡Qué me pides, qué me mandas!
Dice:
-Que me saques a mí del pozo.
Le sacaron del pozo. Bueno y, entonces, agarró el Juanillo, y cuando salió del pozo, le pegó otro bocado en la oreja, dice:
¡Qué me pides, qué me mandas!
Dice:
-Que me pongas a los Pirineos de Francia.

Y entonces, allí en los Pirineos de Francia, se casó con la princesa.


Relatado por Jaime Aniceno Álamo vicino de Arahal (Sevilla). Recogido por José Luis Agúndez García en 1991, públicado por la Fundación Machado.

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pateando entre escombros, paredes levantadas a medias, escaleras que acaban en la nada, los suelos llenos de trozos de sueños, historias sin acabar, versos que buscan poemas, y personajes que piden a - Presentación -

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