Retrato de un hombre que creemos sea nuestro querido Paco
(2H10 Photography)

¡Bienvenido Paco!

Eso es de un instante, como una chispa de frío, o un clic del revés. Estaba sentado en el sofá y se ha muerto. Me sorprende, en serio, no he sentido nada, pero nada, ni recuerdo lo que estaba pasando la tele. Se mira alrededor curioso. Es una sala de espera como hay muchas, tiene una sola puerta y una silla, la toma como una invitación y se sienta. Después de pocos minutos la puerta se abre. Paco se levanta y se ajusta el traje. El Hombre que ha abierto la puerta lleva gafas y un traje de corbata parecido al de su jefe, tiene unas hojas en la mano. Se sonríen amablemente. Pase usted por favor. Voy. Detrás de la puerta está una sencilla oficina; desde los grandes ventanales que ocupan las paredes se divisa un curioso paisaje de lagos, cascadas de agua, criaturas fantásticas revoloteando y arquitecturas extrañas y delicadas como mariposas. Qué bonito piensa Paco. El Hombre le indica a Paco una silla. Siéntese usted. Gracias.

Los dos se sientan a los lados opuestos del escritorio y se miran. Pues, ¿he muerto verdad? Sí Paco, te ha tocado, un poco joven quizás. Joder, ni 40 he cumplido y tengo una hija. El hombre no contesta, solo lo mira. Pues, ¿me lo imaginaba distinto sabes? Si quita esto que se ve de las ventanas parece una oficina cualquiera. Eres tú que lo imagina así Paco, si hubieses pensado en una pirámide ahora yo tendría cabeza de perro y hablaría un idioma incomprensible; la verdad es que prefiero esta sobriedad, todo resulta más agradable y cercano. ¿Pero qué hacemos aquí? Quiero decir, ¿esto es el más allá no? Claro, pero conceptualmente hablando tómalo como una antecámara, de aquí pues, ya veremos por donde te metes. Un miedo repentino se apodera de su garganta. ¿No será un juicio no?, ¿Quiero decir…? Tranquilízate Paco, nadie te va a joder por joderte, de veras aquí sois iguales, todos. El calor le sube por la sangre y le seca la boca, se toca el nudo de la corbata. Ya, sí.. Pero… ¿Sabes que ahí está todo revuelto no? Nunca uno sabe lo que hacer, y esto y el otro, y muchas cosas que no encajan, y yo… Esto de Dios por ejemplo, o Jesús, yo qué sé, nunca he ido a misa, es verdad, pero… Tampoco… Es que, no sé Hombre, de veras las cosas están complicadas, el trabajo también, a veces tienes que hacer cosa que… Puedes rechazarte claro, ¿pero qué le haces guerra al mundo? Y comer hay que comer, ¿yo tengo una hija sabes? Tenías. ¿Perdón? Tenías, estás muerto Paco, no tienes nada, solo tu alma, luego, lo de los católicos, ¿no se trata de eso me entiendes? Por lo menos no como te lo planteas. Hombre, la verdad es que no, no entiendo mucho. A ver… Golpean a la puerta. ¿Me permite Paco? Claro Hombre, claro.

El Hombre abre la puerta. Paco escucha una voz desconocida saludar al Hombre, luego una breve conversación en voz baja que escapa de su oído. Otros saludos, el Hombre vuelve al escritorio. Mira un momento unos papeles, a Paco le parece un informe, cree que se lo pasó el otro en la puerta.

Disculpa Paco, ¿dónde habíamos quedado? No sé Hombre, estábamos charlando de, bueno, nada en concreto es que yo… Paco se queda en silencio. El Hombre lo mira. Yo no, a ver Hombre, usted tiene que saberlo por Dios, no es nada fácil, para nadie y yo… La voz se le ha hecho aguda, intenta controlarla, pero no puede, un lloriqueo como de niño le sale de la garganta. Es que, te lo juro que lo intenté y luego, eso de Marcos por ejemplo, yo hubiese sido, para mi yo no… ¿A mí también me han jodido que te crees? Son cosas que pasan, luego, uno tira adelante y se olvida, y… ¿No pasa nada no? Y mi hija… ¡Joder! Después del trabajo, ¿ni un momento sabes? Hasta aparcar un coche es un puto problema, y todo el mundo que se te echa encima por cualquier cosa. Paco se levanta, recorre el cuarto a largas zancadas, casi grita, está enfadado, mucho. Se fue todo, ¡todo! Así, ni me di cuenta, ¿Cuánto ha pasado? Dime tú, ¿cuánto? El bachiller, el técnico superior, que luego yo hubiese… Pues mi mujer, ¡tres años y nos casamos! Que yo digo… Ella tampoco… Bueno, cada cual con su historia, pero… ¿Y luego qué? ¡Nada! la puta televisión esta tarde y ahora, ahora, muerto, ¡muerto! Que ni me he dado cuenta, ¡muerto! Y atrás no se va, el tiempo no vuelve, mi padre lo decía siempre, pero te lo juro que yo… El hombre lo mira sin aparentar ninguna emoción, Paco ni lo mira, grita y gesticula y camina, adelante y atrás. Se para de golpe y mira al Hombre. ¿Y los demás qué? ¡Nadie!, ¡nadie! Más solo que un perro, que los amigos… ¡Qué se vayan a la mierda joder! Hice bien, ¿y tú?, ¿tú que hubieses hecho eh? ¡Dímelo por Dios! ¿Que coño hubieses hecho eh?, ¿que te crees tú? Haz esto, y lo otro, y esto y lo otro ¡Sí Señor! Esto y lo otro, que sino… Tú sabes… ¡Una mierda! ¡Que ni un esclavo… ¡Claro! Una mierda ¡Una puta mierda! Da dos puñetazos al escritorio y grita desde la barriga, un sonido desarticulado, fuerte, largo: animal. Se para de golpe. Está sudando. Oh… Por Dios… De veras, disculpa es que no creía… No quisiera… Lo sé que no eres tú, ¿no? Al final estás haciendo tu trabajo… Es que yo no, yo no quería. Comienza a llorar, llora abundante, sin gritos, sin moverse, los brazos rendidos al lado del cuerpo, llora bien, llora como quien ya no se espera nada en concreto, llora puro. El hombre sigue esperando tranquilo, mirándolo. Paco se seca las lágrimas con las mangas. Lo siento hombre, lo siento, no sé lo que me ha pillado. No te preocupes, le pasa a muchos. Paco solloza un poco más, se ajusta el traje, hace como para sentarse. No hace falta Paco, hemos acabado. ¿Eh? Paco se mira alrededor sorprendido. ¿Acabado qué? Nada, esto está acabado, puedes irte. ¿Irme?, ¿y dónde? Por ahí. Indica la misma puerta de donde ha entrado. ¿De ahí? Vengo de ahí, Paco indica la puerta sin comprender. Y de ahí tienes que salir Paco. Paco lo mira agresivo. Me estás engañando, ¿qué hay detrás eh?, ¿qué coño hay detrás? Nada Paco, lo que te imaginas, lo que tú sabes que te mereces.

Desdemenia

Si has llegado aquí es porque te encanta meter la nariz bien a fondo en la vida de los demás, un poco como los perros, quieres oler mis excrementos para asegurarte que no eres el único, o la única, a soltar tanta peste...
- Autobiografía -

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