Portada del cuento el Puente_Un Puente en Berlín
Nonora, de Espacio Narrativo

El puente

Es abril, es de tarde, poca gente anda por las calles. Hay luna creciente. Sentado en un bar leo un libro como silbando: sin ninguna pretensión. Un vientecito tibio y caprichoso se cuela debajo de la camiseta, hace tremolar las copas de los árboles, mueve la ropa colgada en las ventanas. Una paz profunda y perfecta me sobrecoge y parece tomar posesión de la ciudad entera. Estoy bien, feliz, tranquilo, ligero como en viaje, todo tiene el brillo hermoso de la adolescencia. El año pasado estaba sentado aquí, humillado, débil. Me miro las manos, las cierro, ahora no, ahora estoy fuerte, duro, decidido: definitivo. Solo me gustaría que el tiempo anduviese más despacio, o algo aún más sencillo, recordar hoy, así como es, para siempre. Cierro el libro, lo dejo en la mesa y me levanto, tengo ganas de andar. Tiro hacia la estación del tren.
Camino, mientras que mi alma se estira tranquila como un gato la cabeza se sienta en un columpio que balancea alegre entre el presente y los recuerdos. El sol ha bajado detrás de los techos, el cielo se tiñe de rojo: es todo tan común, tan cotidiano, pero tan hermoso, siempre. Me paro y cierro los ojos para respirar sin otras distracciones del cuerpo, para sentir el aire entrarme por dentro, para sentir la vida llenarme el pecho. Abro los ojos, miro a una polilla alrededor de una farola, luego la forma extraña de una hoja seca, los muros de unas casas viejas, la ciudad y los pocos paseantes que me cruzo. A veces pasamos años diciéndonos que hemos cambiado, solo para caer en la misma trampa de siempre, en el mismo círculo, viviendo de pequeñas ilusiones que se suman en la gran mentira de una vida. Pero a veces de veras entendemos, de veras nos damos cuenta, nos enfrentamos a la verdad, a los recuerdos, a los fallos, a los miedos, a las renuncias inútiles.
He llegado al puente, al otro lado se entrevé la estación. Es bonita la estación, todo aquel hierro y vidrio, su aire de otros tiempos, como si de ahí pudiese coger un tren hacia el pasado. También el puente que cruza la vía es bonito, subo su escalerilla para pisarle el lomo. Me paro justo en medio, luego sonrío, puede ser que esté buscando simetría, el punto exacto, el momento exacto, quizás es lo que hacemos siempre, buscar la respuesta única, el lugar perfecto, lo que tenemos que hacer hoy, ahora, el ademán que nos lleva hacia nuestro verdadero destino. Un tren se entrevé al horizonte, quizás de donde vienes trenecito, canturreo, quizás hacia donde vas, me encantaría conocer a tus pasajeros, a las historias que se llevan consigo. La mía es sencilla: siempre me he echado atrás, siempre, nunca he entendido por miedo a que, pero en el momento de agarrar fuerte la ocasión cerraba los ojos y abría las manos. Luego me arrepentía y cada vez me decía que no pasaría nunca más, he cambiado me decía. Pero era una mentira, hasta hoy, hoy de verdad es diferente, hoy he cambiado. No perderé ninguna ocasión, esta vez no me quedaré pensando en lo que hubiese tenido que hacer, esta vez no seré víctima del miedo, no me someteré a ninguna persona, a ningún acontecimiento: esta vez haré lo que tengo que hacer.
Cruzo el puente y lo veo sonreír, feliz, me mira un momento, me saluda, pasa por encima del pasamano y se deja caer como una gota. No grita y no se da cuenta del tren que le destroza el cuerpo.

Desdemenia

Si has llegado aquí es porque te encanta meter la nariz bien a fondo en la vida de los demás, un poco como los perros, quieres oler mis excrementos para asegurarte que no eres el único, o la única, a soltar tanta peste...
- Autobiografía -

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